Las despedidas le saben amargas al elenco de Rescatate. Cada vez que dijeron que hacían la última temporada, algo los hizo regresar. O la insistencia del público, que agotó funciones durante 15 años, o la necesidad de seguir expandiendo su mensaje social. Ahora es tiempo de celebrar sus 20 años. Mucho se ha dicho ya de esta obra escrita por Gustavo Bouzas que puso la temática “plancha” en la agenda e hizo historia: convocó a más de 130 mil espectadores —entre ellos Luis Suárez de incógnito— en más de 120 mil funciones. Esta vez, sus creadores hablan de lo que significó tener a las talentosas Mary Da Cuña y su hija Julieta Denevi en el elenco y recuerdan anécdotas de aquellos tiempos memorables.
La función del 23 de setiembre de 2016 dejó una huella imborrable en el elenco de Rescatate. Esa noche, cinco minutos antes de salir a escena, les llegó la triste noticia del fallecimiento de Mary Da Cuña. La sala de La Candela estaba repleta y decidieron continuar con el show.
Fue un golpazo. No lo esperaban, a pesar de que sus entradas y salidas del hospital por la vasculitis que la afectaba desde hacía años eran cada vez más frecuentes y llevaba meses sin poder encarnar a Gladys, la madre de uno de “ñeris”que perpetraba el asalto del local de pagos de su barrio.
La suplía Mercedes Martínez, que interpreta ese rol hasta hoy, y salió, como todos los demás, a poner el cuerpo con el corazón hecho trizas. Es que todos querían creer que sería una internación más. Pero no.
“Siempre salía y uno finge demencia de que siempre va a salir”, dice Gustavo Bouzas, autor y actor de esta multipremiada obra, que ganó, entre otros galardones, el Iris a Mejor Espectáculo 2008 por voto popular.
El desafío fue, entonces, enfrentar la función. Bouzas asegura que logró mantenerse en pie gracias a las enseñanzas que le había regalado Mary, tanto arriba como abajo del escenario: desde marcarle el timing del humor hasta demostrarles una fortaleza única al llegar en silla de ruedas o con agujas en las venas para recibir medicación.
Suspender no era opción. “Lloraba entre patas, salía, y cuando decía los chistes, y se me caían las lágrimas en escena, pero la gente moría de risa con la técnica que me había enseñado Mary para hacer humor. Y era un premio para ella”, resume Bouzas.
Horacio Nieves, actor desde el origen y asistente de dirección de Rescatate, está convencido de que entraron en un trance colectivo que les permitió seguir adelante y hacer una de las funciones más mágicas y emotivas de estos 20 años. “Realmente estaba Mary ahí”, dice.
En seis días se cumple una década de la partida de Mary y, además, este año hubo otro golpe para el elenco: el 3 de junio falleció Julieta Denevi, a los 48 años. Recibieron la dolorosa noticia mientras intentaban contactar a todos los que alguna vez formaron parte de Rescatate para convocarlos al estreno de esta última temporada, que decidieron bautizar en su honor.
“Es algo humilde ponerle Julieta Denevi. Se merecía mucho más, pero lo hacemos con mucho amor y acordándonos de los hermosos momentos compartidos”, expresa Bouzas.
Se estrenó el jueves 10 de setiembre en el Teatro del Anglo y quedan tres últimas chances —hoy, el 24 de este mes y el 1° de octubre— para ver esta obra que durante sus dos primeros años tuvo a madre e hija en el elenco y que, además, fue la última pieza que Mary Da Cuña interpretó.
La noche del debut subieron todos los actores que participaron en estos 20 años a recibir los aplausos y se dedicó la función a Mary y Julieta.
Las entradas se compran en RedTickets y en la boletería de la sala.
La pregunta que todos nos hacemos es si es realmente una despedida, pero ambos actores afirman que sí. Nieves dice que él soltó hace rato y que intenta divertirse con el rol del periodista Marionet, devolviéndole la esencia que ideó el director Rubén Coletto en 2006.
“Podrá hacerse otra versión, pero con Baco queremos cerrar un ciclo”, dice. Y no sería algo nuevo para Rescatate: en el under porteño se estrenaron tres versiones diferentes y en la última tuvo a Tamara Paganini en el rol de Gladys.
A Bouzas, en cambio, le costó más desprenderse, pero este año tomó la decisión: “Ninguno de los dos hacemos el personaje que estrenamos. Tato (Nieves) no hace al ñeri y yo pasé a hacer el de Tato. Estoy pasado de edad, tengo 51”, se ríe.
Está convencido de que es hora de “cerrar esta etapa mental” y enfocarse en nuevos proyectos, aunque sin dejar de agradecer por tantas alegrías.
“Llegamos a hacer siete funciones por semana durante 15 años. Mary nos decía: ‘Miren, gurises, que esto no se da nunca’. Fue nuestra forma de vida. Nos ha dado mucho. Es irrepetible y pocos actores han vivido algo así en el mundo”, resume orgulloso.
Esta despedida, además, viene acompañado de un libro que documenta toda la historia de la obra, a cargo de Leo Flamia, que está próximo a editarse.
Historias de Mary da Cuña y Julieta Denevi en "Rescatate"
Tener a Mary Da Cuña y Julieta Denevi en el elenco original fue uno de los grandes lujos que se dieron con Rescatate y les permitió entrar al circuito teatral con un prestigio ya ganado. “La gente veía un espectáculo sólido y en eso tenían mucho que ver ellas”, opina Nieves.
Le deben un gracias enorme al director Rubén Coletto, que propuso a ambas para los papeles de Gladys y Catalina, la “cheta” que atendía el local de cobranzas e hija del dueño.
“Él estaba en su momento más alto y aceptó el proyecto. Dependía del director que las actrices agarraran”, reconocen.
Sin embargo, los nombres de ambas no fueron los primeros que se manejaron. Cuando Nieves y Bouzas buscaron a Coletto, le dijeron que el paquete actoral los incluía a ellos y a Alicia Vignale -mamá de Cata Ferrand- para hacer de Gladys. Pero Vignale se bajó y Coletto propuso a Mary, ya que venían de trabajar juntos en Raspando la cruz, espectáculo que le valió el Florencio a Mejor Actriz.
“Cuando lo dijo, se me salía el corazón de la boca. Era un monumento del teatro e híperfamosa”, elogia Bouzas.
Para el rol de “la cheta” también se barajaron otras opciones. Hubo un casting del que participaron Lorena Bomio, Andrea Martínez y Lucía Rodríguez, que hizo el papel de 2009 a 2015. Aun así, Bouzas y Nieves están convencidos de que Coletto ya tenía claro que Julieta era la indicada.
Madre e hija convocaban por su nombre: habían sido estrellas televisivas y tenerlas en sus filas, además, era garantía de estar ante un espectáculo de calidad.
Las dos sabían muy bien manejar el arte y lo comercial a la vez, y a estos jóvenes del teatro independiente les venía bárbaro: “En ellas existía talento y cabeza para vender el espectáculo, y vivir de eso”, reconocen.
Fue entonces una salvación mutua o un ganar-ganar. Es que Rescatate llegó a la vida de Mary y Julieta cuando estaban desempleadas. Venían de romperla en Plop!, pero ya no tenían pantalla y la obra fue un salvavidas.
“Estaban pasándola mal. A Mary la rescatamos y siguió con nosotros; a Julieta también durante dos años”, comenta Bouzas.
Julieta tenía clarísimo el oficio y era súper profesional. Si bien aprendieron mucho al observarla, duró poco en la obra.
Su espíritu inquieto e impulsivo la llevó a que, un buen día, les dijera: “Estoy cansada de hacer lo mismo”. Y se bajó con miras a retomar su “estilo de vida más avasallante”, que incluía shows, televisión, presentaciones y trabajos como modelo.
A Julieta, aseguran, le costó más desaparecer y quedarse sin pantalla de un día para el otro, porque había nacido con sus padres -Mary y Jorge Denevi- en la cresta de la ola, ambos empleados de Canal 12, con grandes sueldos, y ella con un contrato firmado a los 14 años.
“De golpe pasó a tomarse el bondi, a vivir en un apartamento chiquito en Ciudad Vieja y tener para la diaria. Cuando se apagan los flashes, a veces no es fácil”, explica Bouzas.
Mary, a diferencia de su hija, sí pudo entender y asimilar ese cambio porque “conocía otra vida antes del estrellato”.
Con ambas compartieron momentos inolvidables durante esa etapa fermental, cuando la obra explotó, y “quedaron marcadas en el elenco”.
Fueron años llenos de disfrute: “Nos divertíamos muchísimo con las dos. Y más cuando acompaña el éxito: la sala llena, agotado tres días antes”, recuerda Bouzas.
Las enseñanzas que dejó la maestra Mary da Cuña en "Rescatate"
La dupla recuerda aquel primer encuentro con Mary da Cuña con enorme cariño y gratitud. “Se bajó del caballo y dijo: ‘Soy una más del elenco, conozco las trayectorias de ustedes. Nos había visto actuar’, a pesar de que trabajábamos hacía poco”, comenta Nieves, aún maravillado por esa horizontalidad que caracterizó al vínculo.
Era una verdadera estrella y los trataba como pares arriba del escenario. “Estaba fanatizada con el texto y eso a mí ya me derretía”, confiesa el autor.
Además, él siempre le robaba sonrisas en el camarín cuando le repetía de memoria el parlamento de la publicidad del Gallito Luis que por entonces Mary protagonizaba.
Era simple y sencilla, pero daba cátedra sin proponérselo. Respetaba al director, pero no podía evitar corregir técnicas actorales. Estaba en su esencia.
Era una máquina de regalar “piques de oficio” que sus compañeros adoptaron para toda la vida.
A Bouzas, por ejemplo, le enseñó el timing del humor y a entenderlo como música: “Tiene una técnica precisa, exacta y concreta, es casi científico”, dice.
Nieves le debe mucho a nivel vocal. Él sufría tanto de la garganta que le costaba terminar las funciones. Con un par de consejos sobre las tomas de aire, le solucionó la vida. “No volví a quedar disfónico nunca más”, dice.
Bouzas la define como la “pachamama” porque era “sabiduría, tierra y contención”. Gladys, su personaje, marca el ritmo de toda la obra. Y ella vibraba tan arriba que todos se sentían seguros y contenidos sobre las tablas.
La vocación de Mary da Cuña y la última obra donde actuó
Lo de Mary era una lección atrás de la otra y no solo arriba del escenario. Fue mucho más lo que les dejó a nivel humano y los aprendizajes que absorbieron de ver su fortaleza y su amor al arte que cualquier clase que les pudo dar.
Empezó los ensayos enferma y jamás se achacó. Le había dicho al médico que si no hacía teatro se moría y que iba a seguir hasta el final. Y así fue. Dejó de actuar en febrero de 2016 y en setiembre falleció.
Antes de eso, nunca paró. Se las ingenió incluso cuando tuvo internaciones domiciliarias. Bouzas cuenta que se sacaba “los tubitos” que tenía conectados a la vía e iba al teatro con la aguja en la vena. “Usaba manga larga para que no se le viera, hacía la función, volvía a la casa y se enchufaba de nuevo”, recrea.
Les repetía que el teatro curaba y era la prueba viviente de que el escenario era más efectivo que cualquier medicamento. Llegaba con la energía bajísima y se iba renovada. “La veías aparecer y decías: ‘No sé cómo va a poder’. Pero lo hacía excelente”, aseguran.
Llegó a hacer la obra en silla de ruedas y modificaron la escenografía. Un buen día, y contra todo pronóstico, dejó la silla y volvió a las alturas que exigía su personaje. “Eran lecciones de vida constante”, dice Nieves.
Por entonces, Mary tenía 60 y pico y era una “diva deteriorada”. Había perdido una vista, se hinchaba por la medicación y tenía problemas para caminar. “No le daban trabajo porque su imagen no era presentable”, revela Bouzas.
Recuerda que la llevaron en silla de ruedas a recibir el Premio Iris porque ella estaba feliz y, en la ceremonia, muchos les comentaban por lo bajo: “¿Para qué la trajeron? ¿Para qué mostrarla?”
Mary, sin embargo, pasaba por alto esas habladurías y solo le importaba estar fuerte para poder subirse al escenario a ser feliz. Esta despedida de Rescatate pretende honrar su legado y traerla un ratito a las tablas, el lugar que le regaló años de vida y donde se la extraña, aunque su huella sea imborrable.
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