En una charla profunda con Código Naranja (Sport 890), Marcel "Velita" Yern recorrió su historia personal con absoluta honestidad. Desde las anécdotas de una infancia rodeada de leyendas hasta el doloroso momento que cambió el rumbo de su carrera deportiva, los días de su padre en la cárcel y su amor al Carnaval, se mostró auténtico al hablar de su presente y del peso de su apellido.
Hoy, Marcel asume el desafío de continuar el legado de su padre, Edward "Vela" Yern, al frente de parodistas Los Muchachos. Tras el fallecimiento del histórico director, el "Velita" decidió ponerse el conjunto al hombro para honrar una historia que combina la pasión por el Carnaval y una entrega total, inspirado también por la figura de Ariel "Pinocho" Sosa.
La vida de Marcel estuvo marcada por nombres que para el resto del mundo son leyendas, pero para él eran familia. Con Horacio "Tato" López como padrino y Enzo Francescoli como tío político —casado con la hermana de su padre—, su normalidad incluía ver a decenas de personas esperando un autógrafo en la puerta de su casa durante las fiestas.
“Con mi primo nos avivamos de grandes; le decíamos ‘tío, firmame 100’ y los vendíamos a cinco pesos”, recordó entre risas. Incluso rememoró cenas con Diego Maradona, fruto de la cercanía de su padre con Paco Casal: "Cuando abrieron Tenfield, en un asado estaba con Dalma y Giannina Maradona; con los hijos de mi tío Enzo... para mí eran amigos con los que jugábamos al fútbol. Estaba el Diego ahí y sabía que era alguien importante por el movimiento que había, pero tomás conciencia después. Mirá la infancia que tuve", comentó.
El doping positivo que lo cambió todo
Sin embargo, el momento de mayor tensión fue cuando se refirió a su doping positivo en 2005, mientras jugaba en Atenas. En aquel entonces, Yern vivía por y para el básquetbol: “Me acostaba a las ocho de la noche, desayunaba, iba a tirar, comía pasta... el deporte lo era todo”, relató.
Marcel subrayó la extrañeza de su caso, señalando que en tres años de carrera le realizaron siete controles, una frecuencia inusual: “Nunca vi la bolilla que dijera mi nombre, pero me decían 'control' e iba. Para mí ya era normal que me los hicieran”. El positivo por un metabolito de cocaína llegó en un Final Four, y se enteró meses después mientras estaba en Estados Unidos.
Hasta hoy, el resultado le resulta incomprensible. Confesó, incluso, que se hacía controles privados y siempre daban negativo porque no consumía nada. Y se sinceró: “Hasta ese momento no sabía lo que era la droga. Después me mandé las cagadas que me mandé y sí consumí, pero hasta ese momento, cero. Ni siquiera cigarro; es más, nunca probé un cigarro”.
Aquel golpe deportivo lo marcó profundamente, más aún al coincidir con uno de los periodos más difíciles para su familia: los cuatro años que su padre estuvo presó. “Fue bravo, pero mi viejo nunca nos dejó solos. Sabía todo lo que pasaba afuera”, explicó.
Y agregó: "Siempre decíamos que para el afuera teníamos que estar bien. Aunque comiéramos arroz, teníamos los mismos autos, la misma casa, no cambiamos nada y le dábamos para adelante".
Tras el alejamiento forzado del básquetbol, Marcel terminó volcándose de lleno al Carnaval, un ambiente donde la noche le presentó tentaciones en las que terminó cayendo.
Sobre el final de la entrevista, recordó la fortaleza de su madre, quien asistió sin falta al Comcar para acompañar a su esposo durante cuatro años, cuatro veces por semana. “Una leona, se comió hasta el último día, de ocho a cinco de la tarde”, concluyó, reivindicando el pilar fundamental que significó en la familia.
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