Minnie Driver, de su pasado como chica Bond y nominada al Oscar a su presente en "Emily en París"

La actriz británica que fue nominada al Oscar por "En busca del destino" y participó en "GoldenEye" junto a Pierce Brosnan se luce en la quinta temporada de "Emily en París" que ya llegó a Netflix.

Minnie Driver en la premiere de "Emily en París".
Minnie Driver en la premiere de "Emily en París".
Foto: Blanca Cruz/AFP

Minnie Driver puede imaginar las alternativas. Hay una versión de su vida en la que apostó todo a Hollywood y sostuvo ese nivel de estrellato al que se refirió como “esa cosa abrasadora, blanca y al rojo vivo”. Otra Minnie se mudó al campo, cultivó verduras y tuvo siete hijos.

“Siempre me fascinó la vida que no viví”, dijo Driver. “A veces casi puedo verla”.

A los 55 años, Driver ha recorrido un camino intermedio: un hijo, una vida repartida entre el sur de California y Londres, y una carrera variada apenas por debajo de la lista A. Es, piensa ella, una vida improbable. Y está bastante segura de que es la vida que quiere.

“¿Haber sido tan afortunada como lo fui y seguir trabajando de la manera en que lo hago a esta altura?”, dijo. “Sé lo excepcional que es eso”.

A las actrices se les suele dar mucho crédito por ser “reales”, por no alisar sus personalidades y sus frentes hasta volverlas nada. Driver, aparentemente, no podría ser irreal ni aunque lo intentara, y esa autenticidad la traslada a sus papeles. Sin pretensiones, naturalmente franca, levemente traviesa, ha construido una carrera de tres décadas en Hollywood y fuera de él, mientras solo jugaba de manera intermitente el juego de Hollywood.

Después de lo que describió como un año estéril, tiene próximos papeles en el nuevo thriller de Harlan Coben para Netflix, En fuga; en el drama del Antiguo Testamento de Fox, The Faithful; y en la quinta temporada de la joya de Netflix Emily en Paris, que se estrenó el jueves.

En Emily, Driver interpreta a una princesa sin dinero que se mantiene con contenido patrocinado descarado y transmisiones en vivo. Incluso tiene su propio ejército de fans: “My Royal Subjects”. “Van a comprar cualquier cosa que yo les diga”, confiesa la princesa Jane.

“Minnie entiende este tipo de personaje”, dijo Darren Star, creador de Emily en Paris. “Sabe cómo volver a alguien desmesurado, glamoroso y aun así completamente humano”.

Y por primera vez en 20 años, Driver volvió al escenario, protagonizando el unipersonal Every Brilliant Thing. Cuando me reuní con ella llevaba una semana de ensayos, llorando todos los días, agotada, eufórica.

“Nunca estuve tan cansada”, dijo en su cocina. “Pero me encantó”.

Minnie Driver.
Minnie Driver.
Foto: Archivo.

Driver todavía recuerda cómo se sentía a los 14 años, hacer reír a un público, encerrarse luego en un cubículo del baño y decidir que eso era lo que quería de la vida. Fue a la escuela de arte dramático con la idea de hacer teatro. Pero un papel en la miniserie Mr. Wroe’s Virgins derivó en una oferta para la película de 1995 Círculo de amigos.

Driver subió unos 11 kilos para interpretar a Benny, una aspirante a escritora rechoncha y tímida en la Irlanda de los años 50. Ese papel despertó el interés de los directores de casting, aunque algunos se desconcertaban cuando Driver llegaba a las reuniones delgada y segura de sí misma. Pensó que iba a Estados Unidos por un fin de semana. Se quedó durante décadas.

“Era una chica británica que llegó a Hollywood, y después pasó todo esto y en realidad nunca volví a casa”, dijo.

En ese momento, Driver no tenía del todo claro qué tipo de actriz debía ser, y Hollywood tampoco. Durante un tiempo hizo de todo: comedias, dramas, una película de acción. Incluso fue, brevemente, chica Bond (GoldenEye, de 1995). Entre 1996 y 1997 tuvo actuaciones imborrables en Big Night, Tiro al blanco y En busca del destino que le valió una nominación al Oscar.

Pero se mantuvo ambivalente frente al trabajo de alto perfil y a la relegación a papeles de esposa o novia, y dejó que el estrellato se le escurriera. “No sabía cómo seguir persiguiendo esa supernova en particular”, dijo. “No podía sostener el cálculo que eso implicaba”.

Mencionó haber rechazado Experta en bodas -el papel terminó siendo de Jennifer Lopez- y haber elegido en cambio la rareza de época The Governess. Está orgullosa de esa película, pero ahora se pregunta por qué le resultaba tan difícil el trabajo mainstream.

“Ojalá pudiera volver atrás y decir: ‘Flaca, hacé la maldita película: va a estar bien, va a ser divertida, relajate’”, dijo sobre su decisión con Experta en bodas. “Pero estaba nerviosa y desorientada porque estaba completamente fuera de mi elemento. Estaba a la deriva”.

Si este currículum es dispar en formato y tono, habla de un tipo general Minnie Driver. “Siempre son rápidas, veloces y con cierta vivacidad”, dijo. Esa también es la Driver de la vida real.

“Una vida actuando es simplemente explorar fragmentos de uno mismo”, dijo. “Suena muy pretencioso, pero se aprende de eso”.

Para la década de 2010 se había instalado con su hijo en California, un traslado que parecía permanente. Pero durante los confinamientos por coronavirus, con Henry deseoso de volver a la escuela presencial y con menos proyectos filmándose en Los Ángeles, se mudó con él y su pareja de muchos años, el documentalista Addison O’Dea, de regreso a Londres.

Al entrar en sus 50, empezó a preguntarse por la longevidad de su carrera, una inquietud que se intensificó cuando el año pasado trabajó poco. No todo fue malo. Pasó tiempo con su hijo. Y después de haber escrito unas memorias, Managing Expectations, comenzó a trabajar en una novela sobre las vidas que podría haber vivido.

Pero aun así, se preocupaba. A menudo había interpretado papeles románticos. ¿Eso se había terminado? ¿Ahora solo haría de abuelas?

“Me niego a dejar de trabajar, y no sé cómo voy a convencer a la gente de que me siga eligiendo a medida que me hago cada vez más grande”, dijo. “Pero lo hice cuando era una estrella de cine dulce, blanda, rellenita y muy poco probable. Hice lo que, cuando lo miro hacia atrás, era absolutamente imposible. Así que necesito seguir creyendo que puedo hacer lo imposible”.

Alexis Soloski / The New York Times

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