Joaquín Doldán fue invitado al ciclo de streaming Vértice, donde mantuvo un extenso mano a mano con Emiliano Bejar y habló sobre Todo es mentira. La verdadera historia de Cacho de la Cruz, la biografía que escribió sobre el recordado conductor, humorista, actor y músico fallecido en diciembre del año pasado.
Durante la charla, Doldán repasó distintas anécdotas de Cacho y reveló detalles del proceso de escritura del libro. Entre ellos, contó que el conductor no quiso cobrar dinero por la autobiografía y le dijo que se quedara con todo el porcentaje de las ganancias porque no lo precisaba: para él, el libro era una forma de devolverle a la gente el cariño que había recibido.
El escritor y dramaturgo también contó que en algunas ocasiones era él quien debía ponerle un freno a Cacho. “No, Cacho, esto no lo puedo poner, tengo un hijo chico, me van a venir a buscar”, le decía ante determinadas confesiones.
Según Doldán, Cacho atravesaba una etapa en la que no le preocupaba quedar mal públicamente y respondía: “Ah, poné, no pasa nada”. Por eso, explicó, el criterio fue centrar la historia en él y evitar exponer innecesariamente a terceras personas.
Hacia el final de la entrevista, una conversación sobre Charles Bukowski derivó en una reflexión sobre el machismo, la dificultad de los hombres para expresar sus emociones y, de manera inesperada, en un recuerdo sobre la separación de Cacho de la Cruz y Laura Martínez.
Doldán recordó haber hablado con Cacho sobre aquel momento y planteó una interpretación sobre su manera de atravesarlo: “Estoy seguro de que la amaba tanto que fue incapaz de pelear”, señaló.
Entonces relató un planteo que, según recordó, le había hecho Laura: “Ella le planteó que era más joven, quería salir a bailar. Lo aceptó y muchas veces decís, ‘qué frío’”, contó.
Laura y Cacho estuvieron juntos durante 25 años, tuvieron un hijo, Santiago, y su relación comenzó cuando ella tenía 19 o 20 años y él era 28 años mayor. En sus primeros años, además, el vínculo no fue bien recibido por la familia de Laura, al punto de que ella contó que su padre la echó de su casa.
Pese a las dificultades iniciales y a los prejuicios por la diferencia de edad, la pareja siguió adelante, se casó y formó una familia. Años después, Laura explicó que la relación terminó porque “el amor se fue disipando”.
Doldán retomó entonces su idea sobre la forma en que Cacho procesaba los vínculos y las pérdidas. Para explicarlo, trazó un paralelismo con la muerte de su amigo Alejandro Trotta.
“La gente esperaba que él dijera algo y ni lo nombra. Uno puede decir, qué frío, pero era porque hasta el día que lo conocí, a sus 80 años, hablaba de Trotta en presente. No podía pensar que su amigo se había muerto”, expresó.
Para el escritor, esa dificultad para exteriorizar los sentimientos está relacionada con la educación recibida por muchos hombres de su generación. “Los hombres criados en el patriarcado”, los definió.
Mencionó ser parte de la generación a la que le decían ‘los niños no lloran’. “Parece ciencia ficción pero nos decían ‘los hombres no lloran’. Si querías ser hombre tenías que reprimir los sentimientos. ¿Cómo haces cuando estás triste si no podés llorar?”, concluyó para justificar cierta torpeza emocional.
La relación entre Doldán, Laura y Cacho también tuvo un último capítulo en conjunto sobre los escenarios. Laura y el escritor hicieron posible el regreso de Cacho al teatro con Un Cacho de teatro, un espectáculo con el que el conductor volvió a actuar en la última etapa de su vida. Incluso Doldán se subía a las tablas con Cacho en el espectáculo.
“Él tenía muchas ganas de volver. De ser un hombre que hacía una cantidad de cosas a no hacer nada… Así que con Doldán hicimos esa obra”, contó recientemente Laura Martínez en una entrevista en La noche del Pela, (VTV).