El show que Zoe Gotusso presentará este sábado en Sala del Museo tendrá sabor a reencuentro, pero también a deuda saldada. La argentina mantiene desde hace años una relación estrecha con Uruguay —su debut solista, Mi primer día triste, se grabó en el estudio de Juan Campodónico— y suele traer a Montevideo cada una de sus mutaciones musicales. Sin embargo, hay algo que su público local todavía extraña: un recital propio y completo.
Es que Gotusso, que inició su carrera con el dúo Salvapantallas, no presenta un show solista en la capital desde febrero de 2022. Desde entonces pasó por festivales como Cosquín Rock Uruguay —en dos ocasiones, cuando todavía se hacía en la Rural del Prado— y Sonorama Uruguay, pero siempre en formatos acotados, como postales breves de una artista en constante transformación.
Su participación en la edición local de Sonorama, en octubre del año pasado en la carpa de Sitio, funcionó como un anticipo de lo que se verá mañana en Sala del Museo. En formato de trío, Gotusso abraza una sonoridad cercana al dream pop, donde las cajas de ritmos, los sintetizadores y las guitarras eléctricas les tejen una nueva personalidad a canciones despojadas como “Ganas”, “María”, “Carta para no llorar” y “Lara”.
El repertorio incluirá canciones de Detalles, su tercer álbum, donde celebra su costado como intérprete, ese que forjó en los inicios de su carrera con el dúo Salvapantallas. Allí versiona ocho canciones de Roberto Carlos
—de “Un millón de amigos” a “La paz de tu sonrisa”— y acerca la obra de la leyenda brasileña a una nueva generación. Entre los puntos altos aparecen la conmovedora “Amada amante”, el dueto con Juliana Gattas en “Qué será de ti” y el folk pegadizo con tintes bluegrass de “Camionera”.
En la previa del show de mañana —quedan entradas en RedTickets por 2500 pesos—, El País dialogó con Gotusso.
—En los últimos años tu repertorio en vivo estuvo en constante mutación: pasaste de las dos guitarras a la banda completa y ahora a este trío dream pop. ¿Qué te atrae de darle una nueva vida a tu obra constantemente?
—Ayer justo estaba escribiendo con Coti Sorokin y hablábamos de algo parecido. Esto de la mutación tiene mucho que ver conmigo: siento que siempre tengo un conejo bajo la manga. Hay algo del proyecto solista que implica movimiento. Algunos artistas logran tocar toda la vida con otra persona o sostener una banda durante años, y eso me parece dificilísimo y admirable. En mi caso fueron pasando personas porque yo también voy cambiando. Es mi forma de ser.
—El faro, ahí, es la canción.
—Sí, y eso lo aprendí de Coti y de Drexler: una buena canción puede existir de muchas maneras, y hay algo muy lindo en lo volátil. Lo importante es que se entienda y que el vínculo con el público siga siendo íntimo y amoroso. Después, los cambios también tienen que ver conmigo... me aburro y es terrible (se interrumpe). Suena refeo decirlo así... Digámoslo al revés...
—Bueno, te hago una sugerencia: cada vez que voy a un show tuyo y, sobre el final, te escucho cantar “siempre me estoy yendo” en “Ganas”, siento que ahí está el secreto de ese cambio constante.
—¡Sí! En mi familia directamente me dicen “cometa”. En terapia también... imaginate (se ríe). Es como soy. Y la verdad es que disfruto mucho pasar por distintos formatos y maneras de tocar. Todo eso me nutre como artista. Y hay algo muy loco con “Ganas”. Cuando llega esa parte de “siempre me estoy yendo”, yo también siento que me describe muy bien. Es una canción que resume bastante mi volatilidad. También soy de Géminis, qué sé yo (se ríe). Hay una canción de Rita Lee que amo, “Mutante”, y me siento muy identificada con eso. Ojalá me siga divirtiendo cambiar y que la gente me acompañe en esas transformaciones.
—Bueno, recuerdo que en el especial Músicos por músicos, de Rolling Stone Argentina, hablaste con Juliana Gattas sobre la etapa en la que decidiste alejarte de los escenarios. Y el público lo entendió y te acompañó. Es muy potente lograr ese vínculo de honestidad con la gente, ¿no?
—Es repotente. Y lo más loco es que, en el año en el que más angustiada y frenada laboralmente estuve, mis escuchas en plataformas estaban en su punto más alto. Ahí me acerqué mucho a Julián Kartun, con quien somos amigos hace muchos años, y hablábamos bastante de eso: los artistas tenemos como olas. Yo sentía que él estaba atravesando un momento muy arriba con Caro Pardíaco y, al mismo tiempo, yo estaba completamente para adentro. En ese momento hicimos “Carta para no llorar” con El Kuelgue y después "Me cansé" con No Te Va Gustar. Era un momento muy raro para mí, pero también muy revelador. Frenar me hizo entender que esto es un camino largo y que, en realidad, uno no tiene control sobre lo que pasa afuera. Obviamente podría intentar hacer música que está en tendencia, pero no me sale. Hace poco compuse con una persona que trabaja más desde el chanteo, y me di cuenta de que yo necesito otra cosa. Necesito encontrar una letra, una poesía, algo que yo realmente quiera decir. No quiero pensar para otro.
—Claro, estar al servicio de tus propias ideas.
—Ojalá. Por ahí me iría mejor si fuese más chanta, pero no me sale (se ríe). Igual, este es un camino largo. Ahora estoy cumpliendo una década de estar abocada a la música y, así como digo en "Ganas" que siempre me estoy yendo, también siento que hay algo en mí que confía mucho. No sé por qué, porque tengo un miedo terrible, pero nunca perdí esa sensación. Yo voy a hacer música para siempre y creo que las buenas semillas llegan a los lugares correctos con el tiempo. Así que muero en la mía, muy digna (sonríe).
—Venís de publicar Detalles, un disco dedicado a la obra de Roberto Carlos. ¿Qué te pasa al versionar esas canciones? ¿A dónde te llevan?
—Me llevan a un lugar muy profundo. Roberto Carlos es un gran compositor y también un desmalezador: sus letras son directas, al hueso y tienen melodrama. Me gusta esa fórmula simplificada de decir “te amo” de una manera tan cercana que da pudor. Sin embargo, cuando las canto no siento pudor. Pienso, por ejemplo, en una canción mía como “Desnuda”, que dice: “Tu forma de ser hace que yo quede desnuda frente a vos”. Estoy insinuando algo sexual, pero de una manera muy simple y cercana que hace que no lo parezca. Y Roberto Carlos es más melodramático todavía. Para mí, es amor. Sus canciones me llevan a un lugar de mucha nostalgia, porque forman parte de mi infancia y también de algo mucho más grande que yo: es una señora canción. Me emociona muchísimo su música, por eso hice este disco.
—En tus shows hay una conexión cercana con el público. Incluso invitás a alguien de la platea a cantar “Amándote” de Jaime Roos. Venís, además, de un tiempo en el que dejaste de tocar en vivo. ¿Qué te pasa hoy con el escenario? ¿Se resignificó?
—Re. Y yo también me resignifiqué. Estuve tan angustiada que me olvidé un poco del sentido de todo esto. Uno se lo pregunta constantemente y, cada tanto, se le llena el culo de preguntas, por decirlo de alguna manera (se ríe). Cuando volví a subir al escenario sentí algo muy fuerte. No solo por la gente que está enfrente, sino también por la que está al costado mío. Fue como recuperar la autoestima. Me volví a sentir linda, y no hablo de algo físico; me refiero a algo espiritual. Me acordé de que soy cantante, de que soy compositora y de que hay gente recibiendo eso. Ahí se genera una confianza muy especial con el público. Yo siento que, desde las primeras canciones, les hago entender —muy entrelíneas— que están contenidos. Esta es mi fiesta y acá nadie se va a sentir mal. Hay algo muy lindo en ese voto de confianza. No sé qué siente la gente que me va a ver, pero volver a conectar con eso —o delirarme pensando que tengo ese poder— me dio mucha madurez. Es raro decirlo yo misma, pero después de pasarla tan mal ahora vuelvo a sentir mucha hambre: de viajar, de hacer canciones, de ser buena colega y de ser buena con el público. Saqué Detalles, pero ahora estoy hambrienta de volver a poner mi puño y letra. También me reafirmé un poco, porque me pegué bastante cagazo...
—Es que, seguramente, en algún momento te preguntaste si todavía eras capaz de escribir una canción.
—Sí. Por eso también fue tan importante empezar a escribir con Coti. Hace dos o tres años nos cruzamos en un trabajo para una marca y le dije: “Che, te voy a preguntar a vos, que sabés un montón... ¿qué onda? ¿Cómo es? Siento que perdí algo”. Y él me respondió: “Vamos a hacer canciones”. En ese momento yo estaba mucho más triste que ahora. Hoy estamos escribiendo y ya estoy en otro lugar. Es hermoso. Y supongo que estos procesos me van a pasar un montón de veces más, porque es algo que le pasa a todo el mundo: con la vida, con los vínculos, con el trabajo. Nunca terminás de agarrar algo del todo. Lo perdés y después volvés a encontrarlo. Y el que logra agarrarlo, me saco el sombrero y le pregunto cómo hace.
—Ahí la compañía del otro, alguien que te motive, se vuelve clave.
—Clave. La compañía es clave. Una palmada atrás, como con Julián Kartun cuando hicimos “Carta para no llorar”. Fue como decirme: “Dale, subite de nuevo al escenario, aunque sea para cantar con El Kuelgue”. Y con Coti pasó algo parecido: “Vamos a escribir”. Hay palmadas que son fundamentales. Y después también aparece la autopalmada: cuando salgo a tocar y recibo el cariño del público, siento que me digo a mí misma: “Che, vos podés. No seas tonta. Ponete a laburar, vamos que se puede” (sonríe).
—Y ahora volvés a Montevideo para tu primer show solista en mucho tiempo. ¿Qué esperás de esa noche?
—Cada regreso a Montevideo es como un nuevo abrazo y una reafirmación de algo muy lindo que tenemos. Hay algo especial con Uruguay: me gusta muchísimo la música de ustedes y fui a grabar un disco allá. Estuve dos meses y Montevideo me ha dado mucha música. Eso se agradece y se devuelve. Entonces, cada visita es un granito más en nuestra amistad.
-
Balta: el trabajo con Jorge Drexler en "Taracá" y el detrás de "Ayer dijiste mañana", uno de los discos de 2026
Piazzolla Electrónico de Nico Sorín llega a Montevideo: fecha y lugar del recital y cómo comprar entradas
La historia secreta de Otroshakers: el grupo que salvó a los hermanos Fattoruso y que Rada vivió como revancha