Hace tiempo que Balta se embarcó en un “periplo más hamacado que un tren”, como cantó alguna vez Jaime Roos. Quienes siguen de cerca la escena local lo saben. Jorge Drexler lo recomienda cada vez que le preguntan por nuevos talentos, Ruben y Julieta Rada suelen invitarlo a cantar en sus shows y No Te Va Gustar lo llevó a abrir seis de sus conciertos en un mismo año. En noviembre, además, vivió un momento único: en Buenos Aires, como invitado en un show de Cindy Cats, Rosalía coreó una de sus canciones desde el público.
Recién pasaron cinco meses de 2026 y Balta ya atraviesa el año más cargado de su carrera. Y eso que tiene 25. Viene de coproducir Taracá, el nuevo disco de Drexler —ese que abraza el candombe, lo resignifica y lo proyecta al mundo—, y acaba de lanzar Ayer dijiste mañana, su cuarto álbum, que funciona como una nueva carta de presentación, una refundación. El cambio de nombre lo subraya: “Facundo” queda atrás en una etapa empujada por el crecimiento.
Pero todo periplo implica volver sobre lo propio. Y Balta —dice a El País— trabaja desde ahí. Ayer dijiste mañana es su disco más importante hasta ahora, y el salto no es solo simbólico: es el primero que graba en un estudio de escala internacional (Elefante Blanco, de No Te Va Gustar), con equipo, sello (Dale Play Records), un coproductor y una estructura que amplifica un camino que hasta acá se sostuvo principalmente desde la autogestión. La apuesta crece. La exigencia también.
“Firmo un disco importantísimo, el primero con un sello, y entonces te preguntás: ¿qué hacés?, ¿qué mostrás?, ¿qué querés decir? Es una sensación bipartita”, admite. “Quiero llegar a donde solamente mi esfuerzo, mi trabajo y mi talento me lleven, pero a la vez es como cantaba Zitarrosa: ‘No te olvides del pago si te vas pa’ la ciudad’. Entonces, lo que me está pasando hoy es tan extremo que tengo que mostrarte las dos cosas… porque soy ambas cosas”.
Y sobre esa tensión está construido Ayer dijiste mañana, uno de los discos uruguayos más contundentes de 2026. La apertura, con “Carne y hueso”, lo deja en claro. Arropado por una mixtura de raíces afro —hay jazz, rap y candombe sobre una estructura de blues—, Balta dispara sin filtro: “Quiero comprarle una casa a mamá, / autos en el garaje sin saber manejar, / un rollie en la muñeca sin mirar la hora”.
El impulso material encuentra rápido su contracara. “La plata es la misión y mientras lo consigo / le pido a mis ancestros que se queden conmigo”. La aparición de Chabela Ramírez, emblema de la cultura afrouruguaya, termina de correr el eje: irrumpe en la canción como una voz que ordena, una conciencia que baja a tierra lo que está en juego.
“La autenticidad de la persona parece que no sirve”, dice, con tono amable pero firme. “Con esto de montar un personaje, mostrarse como uno no es, voy fantaseando, me voy autoconvenciendo de que ese soy yo, y yo no soy eso. ¿Y hacerlo para qué? ¿Para quién? Lo único que busqué siempre fue la libertad”.
La voz de Ramírez instala uno de los ejes del disco. A lo largo de sus 12 canciones, distintas voces reaparecen como guía en ese vaivén. En “Ilusiones”, por ejemplo, su presencia vuelve con una advertencia que condensa el espíritu del proyecto: “A veces, un aplauso no significa nada, y a veces una mirada significa mucho. ¿Quién nos ve realmente? Eso se ve con los ojos del corazón”.
Balta también incluye la voz de su madre hacia el final de “Lo que antes no pude”, una canción sobre la paternidad donde retoma aquel impulso voraz de “Carne y hueso”: “Recuerdo a mi vieja sentada en la escalera, / hacía frío y me esperaba afuera, / por eso quiero tener llena la cartera, / me hace muy feliz decirle: ‘Pedí lo que quieras’”.
En ese entramado, aparecen las voces de Drexler en “Con quién?” y “Desde el corazón”, junto a Rada. El ropaje musical no es casual: son dos candombes, uno futurista y otro de raíz. “A todos ellos los considero como una capa ligada a la génesis de las cosas. Lo mejor que podía hacer en este disco era incluir a las personas que son un faro para mí y que tienen las cosas más claras”.
Los videos de cada una de las canciones llevan el concepto a una nueva capa: ahí está, explica, acompañado por sus “hermanos de la vida”, quienes también aportaron coros en “Carne y hueso” y “Desde el corazón”. “Lloré todo el tiempo que estuve con ellos en el estudio”, confiesa. “Ayer dijiste mañana es el disco que más me conmovió hacer y el que más me conmueve que exista”.
Esa dimensión afectiva también se filtra en “Con quién?”, donde Drexler canta: “Y lo que sea que pase, para mal o para bien, / yo quiero que pase contigo, si no es contigo, ¿con quién?”. Balta lo resume así: “El amor es la contracara del ego en el disco; a veces se antepone uno, a veces el otro”.
Con ese sostén, el músico también se permite jugar con la ambición, con las ganas de salir a la conquista. “Kiero to!”, el primer adelanto del disco, define ese otro costado, el que derrocha seguridad. Como si fuera un James Brown de Barrio Sur, descarga un pulso funk sobre una base que cruza rap y jazz. “No sé lo que quiero, pero quiero más, / Quiero la mentira, quiero la verdad”, desliza.
Ese impulso atraviesa otras canciones: “antojoOo”, un candombe con guiños al R&B y a lo urbano, donde abraza la sensualidad; y “Una noche”, con impronta afrobeat, que lo muestra en clave más expansiva.
Esa seguridad, esa pulsión por ir hacia adelante, también se apoya en otra experiencia decisiva: trabajar con Drexler en Taracá. Balta lo plantea en términos de aprendizaje, pero también de confianza. “Es una persona tan generosa, humilde y descontracturada que rompe con todo eso que uno imagina de alguien consagrado”, dice. “En vez de cerrarse, se desaprende y se vuelve a aprender todo el tiempo”. La clave, insiste, estuvo en el vínculo. En la posibilidad de trabajar a la par. “Él te hace sentir que está trabajando contigo, aunque esté viendo todo. A nivel musical, pero también en cómo se comunica. Está dispuesto a decir ‘no soy bueno en esto’”, explica.
De esa experiencia no solo se lleva herramientas, sino una percepción distinta del camino. “A mí me hizo creer un poco más”, admite. “Es como si se hubiera abierto una puertita en algún lugar que sabés que está lejos, pero está abierta”. La imagen se vuelve concreta cuando recuerda su paso por el estudio de Rimas Entertainment en Madrid, el sello de Bad Bunny, donde también conoció a su mánager y entró en contacto con una estructura que hasta hace poco parecía lejana. “Se siente posible”.
Ahora se prepara para salir a defender las canciones de Ayer dijiste mañana. Este sábado se presentará en La Trastienda (entradas en Passline, de 700 a 900 pesos) y el jueves 21 en La Tangente de Buenos Aires. Será su primer show solista en la capital porteña. Más adelante, el 6 y 7 de junio, abrirá los shows de Drexler en el Antel Arena.
En medio de ese movimiento, en ese periplo sin descanso, hay otra decisión que lo ordena. Es el concepto de Taracá, de Drexler: “Estar aquí y estar ahora”. “Fue tanto el bombardeo de cosas que pasó en el último tiempo que lo que más intento es mantenerme lo más humano posible”, asegura. “Cuando pasó lo de Rosalía, pensé: ‘wow, qué locura’… y al otro día me armé un mate y tocó seguir. Estoy al 200% día a día sin ser tan consciente de lo que pasa. No termino de entender. Pero ojalá que siga pasando”.
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