Es un espectáculo imprescindible. Terapia de murga, la propuesta que une los caminos de Ruben Rada y Agarrate Catalina, es el resultado de un cruce que parecía inevitable y, al mismo tiempo, largamente postergado. Después de agotar funciones en el Auditorio Nacional del Sodre y de recorrer escenarios del interior y de Argentina, el show vuelve este sábado al Teatro de Verano, el espacio donde esa mezcla de lenguajes encuentra su sentido más pleno.
Con casi 30 artistas en escena, la propuesta es uno de los acontecimientos musicales del momento. No solo por la magnitud de los nombres involucrados, sino por lo que se desencadena cuando la murga, el candombe y el rock conviven en un mismo escenario.
Desde su apertura con “Quién va a cantar” —esa samba con letra que conserva intacta su urgencia—, el espectáculo deja en claro su lógica: tomar canciones conocidas y llevarlas a un nuevo territorio, expandirlas. La Catalina aporta coros, percusión y teatralidad; Rada y su banda —con sus hijos Lucila, Julieta y Matías— sostienen la base musical y el pulso candombero. En ese cruce, temas como “La niebla”, “Vidas comunes” o “Montevideo” adquieren nuevas capas, mientras que clásicos del propio Rada, como “Heloísa” o “Candombe para Gardel”, crecen en la potencia coral de la murga.
A ese entramado se suma la participación de León Gieco, que refuerza el carácter rioplatense de un espectáculo cuya razón de ser está en el diálogo artístico. Su presencia aporta clásicos como “Solo le pido a Dios”, “Cinco siglos igual” y “El fantasma de Canterville”.
Las entradas están disponibles en Tickantel, con precios de 1200 a 3200 pesos. En la previa de esta nueva función, Rada y Yamandú Cardozo dialogaron con El País sobre el show.
—Terapia de murga reafirma una intención que define tanto a Rada como a la Catalina: la unión desprejuiciada de estilos musicales. ¿Qué significa para ustedes celebrar los cruces estilísticos?
Cardozo:Es importantísimo, y ahí radica gran parte del éxito interno del espectáculo: tiramos canciones y funcionan. Nadie te dice que no podés meter murga o candombe; ese prejuicio no existe. Tanto Tabaré, compositor principal de la Catalina, como Ruben se han metido en muchos géneros, siempre con respeto. Entonces, cuando armamos Terapia de murga, yo sabía que no iba a haber problemas: que Ruben se animara a llevar una canción a la murga, o que los murguistas se metieran con el candombe. Eso me daba una gran alegría porque, al final, ¿qué cosa más linda que experimentar musicalmente?
Rada: Claro, totalmente. Llega un momento en que hay que ir por otros corredores de la música. Y también pasa que muchas veces no sabemos bien dónde estamos parados, ni de dónde viene lo que hacemos. La música dio tantas vueltas en el mundo que es difícil rastrear su origen. Hasta con las razas pasa: alguien se cree blanco, se hace un test y resulta que tiene un solo 15% de blanco.
Cardozo: Claro. Es un error exigirle pureza a nuestra música, porque su mayor riqueza es justamente el mestizaje. Viene de muchos lugares, de gente que se aferró a esa música como manta para el frío o como balsa en la tormenta. La trajeron quienes escapaban de la guerra. De ahí nace...
Rada: Incluso con el candombe, no sabemos exactamente cómo se tocaba en su origen. El chico, el repique y el piano me animaría a decir que nacen en Uruguay. Se armaron con lo que había y terminó saliendo algo distinto. Yo he tenido muchas oportunidades de mostrarle el candombe a músicos africanos y no lo conocen. Nunca escucharon ese ritmo.
—En ese sentido, el de reimaginar un género con lo que había en la vuelta, el origen de la murga tiene una conexión con el candombe...
Rada: Sí, ¿pero la murga de dónde viene?
Cardozo: De Cádiz...
Rada: Bueno, ¿y el candombe? (pausa) Nosotros vinimos sin documentos. Yo soy Rada porque el que compró a mi familia le puso ese apellido. El padre de mi madre era medio blanco y mi abuela era retinta; toda mi familia es negra, pero se mezcló todo.
Cardozo: En ese caso, el origen es mucho más difícil de rastrear. Y además hay horror en el medio, uno de los más grandes de la historia, con gente sobreviviendo en condiciones espantosas. Pensando en el mestizaje, yo me siento profundamente montevideano, y uno de los ritmos que forman la banda sonora de mi vida es el candombe. Nací en el Buceo, un barrio más candombero que murguero…
Rada: Pfff... totalmente.
Cardozo: Entonces, poder mezclar la murga —este género al que le arrimé la vida para que me sostenga— con el candombe, y especialmente con dos familias que son referencia, como los Rada y los Núñez, es un orgullo enorme. Y me planto desde un lugar particular: no soy alguien que ejerza desde el candombe, pero es una música que me sacudió la vida.
Rada: Lo de candombero, jazzero o lo que quieras, nadie te lo puede quitar, porque es tuyo. Vos elegís qué querés ser.
—Terapia de murga muestra otro punto de contacto entre ustedes: las canciones como espacio para invitar a la reflexión. En la Catalina eso es evidente, pero el repertorio también reafirma ese costado de Rada, con “Quién va a cantar”, “Dedos” y “Heloísa”…
Cardozo: Bueno, “Quién va a cantar” está más vigente que nunca, ahora que el demente megalómano de Trump se levantó diciendo que iba a hacer desaparecer una civilización entera porque quiere. ¿Cómo no va a ser vigente “Quién va a cantar” o “Cinco siglos igual”, de León Gieco?
Rada: Pah, esa va a ser eterna como “Cambalache”...
Cardozo: Además, no son cosas que se opongan. Podemos disfrutar la música y la alegría como una trinchera, pero también trabajar con textos que tengan riqueza y sustancia para analizar y llevarse a la casa.
—Yamandú, ¿tenés alguna canción de Rada que hayas redescubierto al preparar el espectáculo?
Cardozo: Sí, varias porque vivirlas desde adentro es otra cosa. “Heloísa”, por ejemplo, es impresionante: esos riffs, ese costado rockero que estaba al nivel de tope de gama al mismo tiempo que los crá de afuera. Además, está el nivel compositivo de Ruben: la cantidad de partes, las melodías, los cambios rítmicos, los ganchos. Después, “Dedos”, que es la única canción en la que la murga baja del escenario. Ahí tengo un momento muy especial: me quedo como un niño en el tablado, mirando de costado a Matías (Rada) en la guitarra o a Lucila y Julieta cantar. Ese costado rockero me tira mucho y me conmueve. Y, aparte, pude conocer la historia de “Heloísa”…
Rada: (se ríe) Viene de la película Orfeo negro. El protagonista iba gritando “¡Eurídice, Eurídice!”, pero yo entendí “Heloísa” y por eso escribí “¿Dónde está Heloísa?”. (Risas) Así que les pido mil disculpas a todos los padres que le pusieron Heloísa a sus hijas por el error.
—Y a vos, Ruben, ¿qué te pasa cuando escuchás a Julieta y Lucila cantar “La niebla”?
Rada: Me muero, me muero. Aparte de que cantan ellas, de vez en cuando aparece el Zurdo Bessio a cantar y es increíble. Cuando se baja pienso: “¿Cómo hago ahora?”. Le digo al sonidista: “Subime el volumen”, pero del micrófono no, acá (se señala la garganta), de la cuerda.
Cardozo: ¿No me injertás un amplificador?
Rada: Claro, loco (risas).
—Sobre el final de “Candombe para Gardel” se genera uno de los momentos más significativos del espectáculo: la cuerda de tambores toca junto a la batea de murga.
Rada: Es que son lo mismo, son ritmos uruguayos.
Cardozo: En esos momentos salgo a relojear para verlos jugar: cada uno se tira centros para que el otro cabeceé. La gente lo disfruta mucho y ahí se ve la intención del show: celebrar una idea de uruguayidad, que está en nuestra forma de ver el candombe y la murga, pero también el rock and roll. Y a eso se suma León Gieco, con un registro similar.
—En esa lógica de “tirar centros”, hay un aspecto clave del espíritu del show: cuando León presenta su segmento, hay unos 30 músicos en escena, entre ustedes y la banda que lo acompaña. Y todos están al servicio de la canción.
Cardozo: Claro, porque estamos todos jugando para el mismo cuadro. Cuando sumamos a León, también había que sumarle una banda, porque él no tiene. Entonces le prestamos la de Tabaré y en ningún momento hubo problemas. De repente, Matías le presta los equipos a Pedro Alemany (guitarrista de Tabaré), o León se suma a cantar canciones de Ruben, y Ruben a cantar las de León. Tabaré, además, pone sus canciones a disposición. Terapia de murga es casi un festival.
—Este sábado van a volver al Teatro de Verano, donde ya actuaron en diciembre con entradas agotadas. ¿Qué esperan de esa noche?
Rada: Nosotros nos basamos en lo que dijo el público ese día: les preguntamos si querían que repitiéramos y nos dijeron que sí. Hasta les dimos la fecha…
Cardozo: Ahora tenemos que recordarles, si no, no les creemos más (risas).
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