El camino hacia el nuevo disco de Jorge Drexler empezó hace tres años. Está hecho de varios eslabones: la decisión de construirse una casa en La Serena, la entrada a sus 60, los 30 años que pasaron desde que se instaló en Madrid y, lo más gravitante —dice un día de diciembre en charla con El País—, la muerte de su padre. Todo eso —como un maremoto emocional que impacta en lo más profundo— lo hizo querer “tocar tierra”: volver a las raíces, estar presente en cuerpo y espíritu, reconectar con algo ancestral, pero sin dejar de mirar el futuro.
Por eso Drexler vincula a Taracá, el álbum que saldrá en semanas, con Frontera, el disco que hizo cuando nacía su primer hijo, Pablo. El que cambió para siempre el rumbo de su carrera.
“Frontera es un disco de rejuvenecimiento”, dice en una maratónica charla en su estudio de Chueca, donde abundan los libros, los cuadros, las fotos. “Empezamos a trabajar con computadoras, con loops, con electrónica, cuando yo ya venía encaminado hacia el mundo del jazz, con Vaivén y con Llueve. Y de repente dije: no, quiero vivir esto, quiero ser un padre, pero un padre conectado a su época. Y ahora me pasó un poco lo mismo”.
Los 60, dice Drexler, ofrecen “un montón de oportunidades” en torno a lo consagratorio. Hay algo de cumplir cierta edad y haber hecho ciertas conquistas que parece traducirse en una invitación a dedicarse a “mantener ese sistema”, a sostener todo lo que se ha construido. “Y este es un disco de cambio de sistema”.
Esa expresión tiene un sentido completo. Tras varios álbumes mano a mano con Carles Campi Campón, el cancionista uruguayo más internacional sintió que tenía que hacer una renovación. Así, se rodeó de una troupe millennial y centennial: los productores uruguayos Lucas Piedra Cueva, Tadu Vázquez (más ligado al mundo de la música urbana) y Facu Balta, un artista todoterreno, jugaron un rol central en Taracá. Como si fuera poco, a ellos se sumaron dos puertorriqueños, Mauro —socio creativo de la estrella Young Miko— y Gabo Lugo. Una dupla cuando menos curiosa para hacer un disco de candombe y que Drexler justifica de manera concreta: “Para mostrar mejor a Uruguay había que traer un elemento de afuera. Mostrar otra visión, mover la cámara y ponerla en otro ángulo”.
Taracá —un juego de palabras entre la clave del candombe y el estar acá, la reivindicación del presente— acaba de mostrar su primer adelanto, “Toco madera”, una puerta de entrada a este nuevo capítulo de Drexler, en el que se articulan sus principales paisajes (España y Montevideo) con la tradición y la modernidad.
El título del tema, como el del disco, también propone un doble sentido, en este caso entre la cábala y la tocada del tambor. “Yo no era supersticioso, pero hoy no soy lo que era”, canta Drexler, en una imagen que se liga a la máxima heraclitana de que nadie se baña dos veces en el mismo río.
El Uruguay al que volvió a grabar no es el mismo en el que grabó hace décadas. Pero él también es otro.
De hecho, recién cuando terminó Taracá, Drexler entendió que “Toco madera” —que define como una “oda a la clave” y que empezó en Zacatecas, terminó en Madrid y comparte créditos de autor con Carlos Casacuberta— no hablaba de una relación de pareja, sino de su propio destino.
“Tu geolocalizador dice que estás alejándote. / Tu punto se mueve, pero… ¿Hacia dónde? ¿Y hacia quién? / Sabía que iba a pasar, pero no sabía cuándo. / No vemos a dónde vamos, pero vamos acelerando…”, son los primeros versos de su letra. El geolocalizador es el suyo: es él quien se aleja, para volver a casa.
“Es una canción que quiero mucho”, dice. “‘Toco madera’ fue el primer tema del disco con el que estuve contento”.
Drexler: del intensivo de candombe al peso de Bad Bunny en Puerto Rico
Otro factor influyente en Taracá es la irrupción en la escena uruguaya de la Rueda de Candombe, un proyecto/fenómeno que nació a fines de 2024 con la idea de adaptar el formato de las rodas de samba cariocas a un repertorio netamente candombero. La propuesta ha tenido una fuerte expansión a nivel local, pero también internacional.
Jorge Drexler se acercó a ella a pocas semanas de que naciera, y una noche de febrero de 2025 tocaron juntos por primera vez. El ganador del Oscar, el multipremiado en los Grammy Latinos, el uruguayo que llegó a estar en la famosa “casita” de Bad Bunny en su histórica residencia en Puerto Rico, cantó en la Plaza España en un escenario pequeño en el que cualquiera que estirara la mano podía tocarlo. Y bailó poseído por un frenesí.
Ese día, le iba a confesar a El País 10 meses después, se dio cuenta de cómo se iba a sentir tocar su nuevo disco. Eso que empezará a hacer en poco tiempo y que se podrá ver de primera mano el 6 de junio en el Antel Arena, en la presentación local de Taracá (entradas en Tickantel).
Los tambores de la Rueda —Claudio Martínez, Diego Paredes y Darío Terans— son la mitad de los que suenan en “Toco madera” (el resto de la cuerda son Juan Álvarez y Ferna y Camilo Núñez; también grabó Pikiki Aguirre) y en otras canciones de su inminente disco. Algunas ya las tocaron en vivo juntos, como es el caso de una versión en español del clásico “O que é, o que é”, del artista brasileño Gonzaguinha.
Grabando en Montevideo —en setiembre de 2025, en el nuevo estudio de No Te Va Gustar y rodeado de talentos locales—, Drexler hizo “un curso megaprivilegiado de candombe acelerado”. Fue un abordaje inmersivo a esa cultura afrouruguaya que comenzó a curtir en los 80 —de la mano de Fernando Ramírez, hermano de la referente Chabela Ramírez— y cuya transformación ha seguido atentamente.
Pero el álbum también dialoga con otros proyectos contemporáneos que han revisitado raíces, como El madrileño, de su compinche creativo C Tangana (a quien siempre se refiere como Pucho), o el ineludible Debí tirar más fotos, de Bad Bunny.
“Cuando alguien me pide que explique el peso que tiene la figura de Benito hoy en día en Puerto Rico, lo único que encuentro parecido es la figura de Gardel en Montevideo y Buenos Aires”, dice. “Está completamente omnipresente, pero lo increíble es que trae toda esa influencia y la mete de vuelta en Puerto Rico, en un momento en que el país está siendo humillado políticamente todo el tiempo por el establishment norteamericano y después de pasar varias tragedias ecológicas, políticas, problemas energéticos muy serios. Es decir, le devuelve a Puerto Rico el amor propio, y eso es tan bonito de ver”.
Todo eso retumba en un disco al que Drexler define como “celebratorio”, y del que “Toco madera” es apenas un vistazo. Más bien un latido, un viaje al pasado para encontrar el futuro.
[Esta es la primera entrega de una entrevista que se terminará de publicar con la salida del disco]
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