Claudio Taddei nunca vio cantar a su hijo: ahora Romeo levanta la bandera de la música para honrar a su padre

El 25 de marzo, Romeo Taddei encabezará en el Sodre el primer homenaje local a la vida y obra de su padre. Antes, Romeo charló con El País sobre la música, el legado, el amor y el futuro.

Romeo Taddei
Romeo Taddei, músico uruguayo e hijo de Claudio Taddei.
Foto: Darwin Borrelli / El País

Claudio Taddei nunca vio a su hijo cantar. Recién después de su muerte Romeo, el niño que balbucea y encanta en el clásico “Dormite tranquilo”, se animó a soltar la voz. Hasta ese entonces lo suyo había sido, primero, el sueño de jugar al fútbol —a los 13 estuvo a punto de probarse en Peñarol—, y después los instrumentos, las percusiones, los ritmos. Quienes lo conocen saben que está todo el tiempo golpeando superficies, haciendo sonidos, llenando el espacio con sus inventos.

Pero cantar, no. Cantar necesitó un propósito, un tiempo.

Claudio Taddei, uno de los músicos más vibrantes y originales que dio la música uruguaya, falleció en 2019 a los 53 años. El último tiempo en que vivieron juntos, Romeo se fue encontrando cada vez más con la guitarra, le fue pidiendo algunos piques, preguntó cosas. Pero Claudio ya no estaba bien. Llevaba 15 años dando pelea con un cáncer que le iba a costar la vida.

“Y cuando falleció, la música fue una necesidad. Me tiré ahí como si fuera una sanación”, dice ahora Romeo Taddei. “Notaba eso: cuando tocaba, él estaba ahí. Es un poco lo que siento, como que la música te lleva a esa dimensión, a estar con los muertos en este plano. Porque después, estar, están todo el tiempo. Pero cantar fue como un grito. Un grito de soltar”.

Ahora, Romeo gira por los medios interpretando las canciones de su padre, para contar que el 25 de marzo volverán a sonar en vivo en Montevideo, en el primer homenaje a su obra, su legado, su figura. La cita será en el Auditorio Nacional del Sodre, convocará a una pequeña multitud de artistas y todas las ganancias serán donadas al Instituto Nacional del Cáncer. Está a punto de agotarse y quedan las últimas entradas en Tickantel.

Detrás del primer homenaje local a Claudio Taddei

Montar este homenaje no fue sencillo. Por un lado, estuvo la dificultad logística: Romeo Taddei vive en Suiza, la otra patria de su familia. “Arranqué a querer hacerlo hace dos años, pero no tenía ni idea: ¿a quién tengo que llamar?, ¿quién tiene que hacer esto?, ¿cómo lo hacés a distancia, con la diferencia horaria? ¿Quién iba a poner toda su energía en este proyecto?”, dice en charla con El País.

Por otro lado, el proceso interno. Después del duelo, luego de encontrar su propia voz y de entregarse por fin a la música, Romeo atravesó el conflicto interno de ser “el hijo de”. Le aterraba que alguien pudiera pensar que aprovechaba el recorrido de su padre para impulsar su propio camino. Cuando se lanzó como artista, se bautizó Deiro: un alter ego misterioso, sin peso, sin apellido.

“Tenía esos choques internos con abrirme a este mundo y si estaba a la altura con la música, con todo. Y después empecé a darme menos palo”, confiesa.

Claudio Taddei. Foto: Leonardo Mainé
Nota a Claudio Taddei, musico, compositor y artista plastico uruguayo, en su domicilio en Montevideo, ND 20180919, foto Francisco Flores - Archivo El Pais
Francisco Flores/Archivo El Pais

Pero entonces encontró el equipo de producción, Juan Lauz y Joana Loaces, que “enseguida se pusieron la 10” y empezaron a trabajar por y para este homenaje. Para resolver todo eso artístico que se le podía ir de las manos, reclutó al baterista Mateo Ottonello, quien acompañó a Claudio en su último disco y sus últimas travesías locales, y aquí funcionará como director artístico-musical. Y la nave comenzó a andar.

A su vez, Romeo aceptó lo inevitable —“soy el hijo, el timbre es parecido, nos parecemos. Y está bueno recordarlo siempre”— y entendió, también, su misión.

Y después llegó lo impensado. Romeo aterrizó en Uruguay junto a su pareja, la actriz y artista italiana Chiara Primavesi, se instaló para poner el foco en el homenaje y la escena musical le abrió los brazos, lo arropó, lo invitó a vivir el sueño. Fue parte de La Serena - Festival de la Canción en Rocha y acompañó a la Rueda de Candombe en Montevideo, y en cada instancia emblemas como El Zucará o el Lobo Núñez se acercaron a abrazarlo, a darle la bienvenida, a hacerlo sentir en casa. Esa escena se ha repetido una y otra vez en las últimas semanas, con un sinfín de protagonistas.

“Hace un par de meses ni siquiera imaginaba el cariño ni el recibimiento. No me esperaba tanto. Ya estaba preparado para los palos”, dice. “Esto para mí es un sueño, porque es justo lo que ando buscando: compartir, aprender. Agradecer y vivir”.

Ahora, el reto será atravesar el homenaje sin llorar. Se están entrenando para eso: él, que será el capitán del barco; la banda estable, que conforman Ottonello, la bajista Patricia Ligia, el tecladista Fede Noll y el guitarrista Nicolás Ibarburu, y todos los invitados. La lista incluye a Rossana y Dana Taddei, hermana e hija de Claudio, ambas cantantes. Y a todos los que de alguna forma u otra han sido claves en su camino.

“Todo se alineó, y todos están en eso, en el amor. Para recordarlo, y para hacerlo bien. Para que sea una fiesta. Eso es lo que yo quería, lo que todos queremos. Por él, por su música, por su arte. Todo lo demás ya está. Nosotros somos peones de la vida”, dice. Al servicio de algo mayor.

Hoy, mientras toca sus canciones por los bares de la costa uruguaya, Romeo Taddei concentra su energía en el homenaje, con un horizonte lleno de música. Viene de estrenar la intimista “Mates en el jardín”, dedicada a Claudio, y “Muñeca imperfecta”, que refleja otra búsqueda. Mientras evalúa si lanzará o no un disco o un EP, sabe que ya pasó el tiempo de la soledad y que ahora, sobre todo, quiere compartir. Él, que junto a su hermana participó del concurso de talentos The X Factor en Italia, y que estuvo fichado por un sello que le prometió “rosas y flores” (participar del Festival de San Remo, estar en el programa Amici di Maria De Filippi), entiende ahora que la clave está en la calle: tocar, sentir, hacer.

“Es lo que me dijo el viejo una vuelta, cuando estaba por irse al otro plano. Le dije: ‘Bo, viejo, me encantaría tocar y cantar como vos. ¿Qué tengo que hacer?’. Y me dijo: ‘Tenés que hacer. O sea, metele. No hay excusas. Si no hacés, no vas a ningún lado”.

Y en eso está ahora: construyendo su propio sonido, sí, pero también expandiendo el legado de su padre, a quien cada vez que toca la guitarra y la escucha resonar en su pecho, vuelve a sentir.

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