Los Mockers, los Stones uruguayos: la banda de culto que forjó el rock rioplatense y prepara un documental

Esteban Hirschfeld y Jorge Fernández recuerdan cómo un órgano prestado a Los Shakers les abrió las puertas de un estudio, revelan anécdotas de los años sesenta, hablan del vinilo "Rewind" y el documental en rodaje.

Los Mockers.
Los Mockers.

"No éramos capaces de imaginarnos que en el siglo XXI alguien se iba a acordar de Los Mockers”, dice Esteban Hirschfeld. “Éramos un poco inconscientes”, completa Jorge Fernández. Sentados en un café de Ciudad Vieja, los músicos se sorprenden por la vigencia de aquella banda que formaron siendo adolescentes. Hirschfeld, tecladista, lleva cinco décadas en España; Fernández, guitarrista, en Argentina. Sus vidas tomaron rumbos distintos, pero el legado de Los Mockers los sigue reuniendo de vez en cuando.

En 1966, cuando cruzaron a Buenos Aires para grabar su primer disco, eran cinco jóvenes que aprendían sobre la marcha. Se habían enamorado del sonido de los Rolling Stones y querían hacer algo parecido, aunque con canciones propias. De aquellas sesiones salió Los Mockers, un álbum repleto de joyas como “What a Life”, “Make Up Your Mind” y “Every Night”, donde brilla la voz desbordada de Polo Pereira. Escuchado hoy, sorprende lo bien que suena. Más todavía cuando cuentan que grabaron tocando todos juntos, en unas pocas tomas.

El grupo duró poco, pero sus canciones siguieron circulando entre coleccionistas, muchas veces en reediciones piratas. En 2001 encontraron nuevos oyentes gracias a la banda sonora de 25 Watts, la película de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. Andrés Calamaro sintetizó su importancia en una frase que aparece en el libro sobre la banda: “No alcanza con decir que Los Mockers son a los Rolling Stones lo que Los Shakers son a los Beatles: son el primer eslabón del ADN rockero del Río de la Plata y Sudamérica”.

El interés también hizo posibles nuevos encuentros. En 2006, los cuatro integrantes sobrevivientes se reunieron en Valencia y grabaron cinco canciones, con Germán Vilella, ex Los Rodríguez, en la batería.Dos años después tocaron en la Sala Zitarrosa y en 2012 editaron Do It Again!, que combinó aquellas grabaciones de 2006 con versiones de sus temas hechas por otros artistas, como los Ratones Paranoicos, Pereza y Ciro Fogliatta. En 2018 llegó el EP Some Silly Songs.

También hubo un libro: el imperdible La historia de Los Mockers, que Hirschfeld completó a partir de las memorias escritas por Julio Montero, bajista del grupo. Montero falleció poco antes de su salida, en 2021, y el libro se puede leer gratis en Biblioteca País.

Ahora, a 60 años de aquel disco, Little Butterfly Records acaba de publicar Rewind, un vinilo con demos, sencillos de los sesenta, canciones de los reencuentros y un registro en vivo inédito. Su lanzamiento completa la recuperación de la obra del grupo en vinilo, junto con el álbum original y Some Silly Songs.

Y hay otro proyecto en marcha: Algunas canciones ruidosas, un documental dirigido por Edu Hirschfeld —hijo de Esteban— y Kevin Castellano. Es una coproducción entre Uruguay y España que se filma en Valencia, Sion (Suiza), Montevideo y Buenos Aires, y combina la historia de la banda con la grabación de tres canciones nuevas. “¡Nos filman todo el tiempo!”, cuenta, entre risas, Fernández, que compara la experiencia con un reality.

—El 8 de diciembre de 1965 fue una fecha clave en la historia de la banda. Ustedes todavía eran Los Encadenados y Los Shakers les pidieron prestado un órgano para su show en el Palacio Peñarol. ¿Qué pasó ese día?

Hirschfeld: Teníamos un funcionamiento muy democrático: tomábamos las decisiones por mayoría. Primero hubo quien dijo que no, que el órgano se podía romper o estropear. Había un poco de envidia también hacia Los Shakers, claro. Pero a alguien se le ocurrió decir: “Lo prestamos, pero a condición de que nos dejen actuar de teloneros”.

—¿Y cómo fue aquella actuación?

Fernández: Mirándolo a la distancia, era una carta excelente. Sabíamos que José Ángel Rota, de la discográfica Odeón, había venido con Los Shakers. Nosotros necesitábamos mostrarnos y era el lugar ideal.

Hirschfeld: Solo teníamos que hacer una canción, así que tocamos “I Just Want To Make Love To You”. Estábamos ahí, con las guitarras colgando, sin saber si seguir. Pero el público respondió tan bien que nos dijeron: “¡Sigan, no sean boludos!”. Hicimos dos temas. Después ni nos quedamos a ver a Los Shakers: estábamos en una nube. Apareció el productor preguntando por nuestro representante, y Jorge Schaffner dijo: “Soy yo”. Entonces Rota nos ofreció grabar en Buenos Aires. Su mayor mérito en el estudio fue quedarse en un rincón con un cubalibre en la mano y dejarnos hacer libremente (risas).

Esteban Hirschfeld y Jorge Fernández, de Los Mockers.
Esteban Hirschfeld y Jorge Fernández, de Los Mockers.
Foto: Ignacio Sánchez.

—¿Cómo siguió la relación con Los Shakers?

Fernández: Llegamos a tocar juntos en Buenos Aires. Se montó una rivalidad ficticia, como la de los Beatles y los Rolling Stones. Incluso se hizo un concierto en Morón que se llamaba “Los Shakers vs. Los Mockers”.

—¿Y quién ganó?

Fernández: Y... Ellos eran grandes músicos. Nosotros, unos aprendices (risas). Después llegué a tocar con Los Shakers porque habían operado a uno de los Fattoruso, así que hice cinco bailes con ellos en una noche.

—Ustedes se inclinaron por los Stones desde el inicio. ¿Qué los sedujo de esa música?

Hirschfeld: La actitud, el salvajismo. Veníamos tocando alguna canción de los Beatles, pero no nos llenaba, no nos entusiasmaba. Cuando escuchamos a los Stones y empezamos a tocar sus canciones, vimos que nos salían mejor y agarramos por ahí.

Fernández: Los Beatles trabajaban cuidadosamente las voces y las armonías. En los Stones había un cantante que tiraba lo que le nacía en el momento. Esa espontaneidad hacía que sonara más real. A veces, cuando trabajás demasiado un tema, pierde su esencia.

—¿Y cómo apareció Polo Pereira en Los Mockers?

Hirschfeld: Lo invitamos a un ensayo y no vino. Lo intentamos una segunda vez y ahí apareció. Le contamos lo que estábamos haciendo y le prestamos el LP de los Rolling Stones. A la siguiente reunión volvió con cantando como Mick Jagger.

—¿Y cómo hizo para aprenderse las canciones de los Stones?

Hirschfeld: ¡Por fonética! Le hacíamos las transcripciones porque no sabía inglés. Una vez, en el estudio de Buenos Aires, un ejecutivo inglés se le acercó a hablar. Polo no entendía nada. Yo traducía y el hombre se reía: no podía creer que cantara tan bien sin hablar el idioma...

Fernández: Hoy vive en Suiza y habla cuatro idiomas. Es un todoterreno: lo último que supe de él es que lo llamaron de una iglesia para cantar el “Ave María”...

Hirschfeld: Polo es un cantante único. Cuando lo conocimos cantaba en El show de los triunfadores, de Canal 10: hacía tangos de Gardel, canciones de Palito Ortega, de los Beatles y hasta corridos mexicanos.

—Su primer disco se grabó aprovechando las horas libres que quedaban en el estudio de Buenos Aires. ¿Cómo fueron aquellas sesiones?

Hirschfeld: No había multipista. Grabábamos todos juntos y, si alguien se equivocaba, había que empezar de nuevo. Tuvimos suerte con el técnico, que se pasaba horas colocando los micrófonos, por eso el disco suena tan bien. Y nos las ingeniábamos para conseguir otros sonidos. En “All the Time” quisimos incluir un solo de clavicordio, pero en el estudio no nos dejaron poner chinches en el piano de cola, así que les colgamos clips de oficina a las cuerdas para lograr ese sonido metálico. En “Can’t Be a Lie”, como no teníamos güiro, usamos la carcasa de un amplificador de válvulas y la tocábamos con un palo de batería.

—Esteban, ¿cómo seguiste tu carrera después de Los Mockers?

Hirschfeld: Volví de Buenos Aires con la intención de estudiar ingeniería y portarme bien, pero no me aguanté. Los Delfines buscaban tecladista, entré y grabamos el disco Estamos seguros. Después estudié ingeniería de sonido en Alemania y me fui a España. Conocí a Manolo García en una orquesta de baile: no me gustó nada la orquesta, pero me quedé con Manolo y formamos el grupo Los Rápidos. Después toqué con Nacha Pop y entré a Gabinete Caligari porque me pidieron prestado un teclado, así como pasó con Los Shakers en 1965. Estuve muchos años con ellos y seguí acompañando a Jaime Urrutia.

—Jorge, vos te quedaste en Argentina. ¿Cómo fue tu camino?

Fernández: Conocí a Nora, que nos prestaba el garaje de su casa para ensayar con Los Mockers. Nos enamoramos y me quedé. Seguí con Los Mockers y después hice de todo para vivir de la música. En Music Hall grababa versiones de éxitos para compilados. Me ponían distintos nombres: Pat Collins, Rulito y Milky Way. Muchos años después trabajé con Maxi Trusso y grabé las guitarras de “Please Me”, que se convirtió en un éxito de Poncho. También metimos el hit “Nothing at All”. ¡Hasta las paredes lo cantan!

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar