Entregarse a la hoja en blanco: el giro de Adrián Berra y el día que descubrió que no iba a estar solo nunca más

El músico argentino Adrián Berra tiene nuevo disco, "Antes de saltar", y lo presenta en vivo en agosto en Montevideo. Antes le contó a El País sobre su proceso creativo y su relación con la música.

Berra
Adrián Berra.
Foto: Difusión

Tras cuatro discos que lo apuntalaron como una de las voces esenciales en el mapa de la nueva canción de autor del Río de la Plata, Adrián Berra cambió el juego: por primera vez decidió sentarse a componer un álbum desde cero. Frenar todo, escribir pensando en las necesidades de su show en vivo y probar un nuevo método al que llamó “el aljibe” (Berra tiene un lazo muy fuerte con el agua, casi una obsesión. Lo último que había hecho antes de la entrevista con El País era ir a nadar).

Para hacer Antes de saltar, el disco que presentará en vivo el 6 de agosto en Sala del Museo (las entradas se venderán próximamente en Redtickets), Berra pasó cinco meses volcando kilos de ideas a la computadora y el papel. De ahí fue sacando retazos y sobre esos retazos empezó a componer, como quien compra ingredientes y después decide qué va a cocinar. De eso, de esa colecta, se trató “el aljibe”.

“Me gustó mucho eso de salir del ejercicio de la inspiración y la hoja en blanco y empezar a trabajar con material”, dice Berra a El País. “En un momento, lo viejo y lo nuevo empezó a convivir y se empezó a armar un concepto, una idea. Y sobre eso empecé a trabajar”.

Formado de ocho canciones y un bonus track, Antes de saltar —el concepto— es el instante previo a perder el control. Una forma de estar en el mundo, una predisposición.

“La composición y el control no tienen mucho que ver entre sí”, dice Berra. “El oficio del escritor o el compositor tiene como un trabajo previo de predisponerse y en algún momento, si todo sale bien, aparece eso que estábamos buscando”.

El álbum, que llegó tras dos años de intensa gira con Respirar bajo el agua, su trabajo anterior, fue una receta hecha a fuego lento entre su casa y el estudio, con el guitarrista de su banda, Tomás Sanguinetti, metiendo mano. Fue otra cosa que Berra se permitió por primera vez: en cierto modo, abrir los procesos creativos de sus canciones, compartir la composición y hacer una producción “democrática” con Matías Cella y Sanguinetti.

“Así que es mi disco más colectivo”, dice, “porque es la primera vez que abro algunas composiciones y porque tenía mucho interés de que apareciera la grupalidad de la banda. Esa energía está mucho más presente que en discos anteriores”.

Así, en Antes de saltar, Berra, quien vivió varios años en Uruguay y tuvo desde pequeño un lazo con la música de esta tierra, una influencia evidente en sus canciones —solo en este disco sobrevuela el candombe en “Nunca se termina” y hay aires de Zitarrosa en “Colibrí”—, reafirma sus votos con la música. “Me gusta mirar para atrás y pensar que sigo en esa. En la música como una especie de vehículo que me lleva para todos lados, no solo física sino emocionalmente”, dice mientras piensa en estos versos de “Rotonda”: “Y entre todo lo que pasa / es la música mi casa”.

Berra recuerda que cuando tenía seis o siete años fue a ver una obra de teatro con música en vivo y lloró de la emoción. También recuerda el olor de la guitarra de su tío. Y que tenía 17 años cuando empezó a escribir canciones y, aferrado a su instrumento, supo que no iba a estar solo “nunca más”.

Por eso ahora, que planifica una gira por Europa, shows en Chile y Argentina y el regreso a Montevideo, sabe que lo importante —lo verdaderamente importante— es otra cosa. “Yo, si tengo que desear algo, deseo que la música me acompañe siempre desde este lugar”, dice. “Me encantaría que llegue a otros sitios para poder seguir compartiendo y trabajando cada vez mejor. Pero no quisiera que la música pierda ese lugar que siempre tuvo en mí. Va más allá de una carrera. Ahí están mis máximos disfrutes. Mis máximas tristezas también”.

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