Julio Cobelli volverá este miércoles al Teatro Solís para uno de los conciertos más especiales de su carrera. “Soy de los pocos que sigue vivo y está cumpliendo 60 años tocando la guitarra. No es poca cosa”, comenta a El País. Y para el músico de 74 años, que participó en más de 150 discos como solista y acompañante, la ocasión merece una celebración a la altura.
Por eso ofrecerá un espectáculo junto a la Orquesta Filarmónica de Montevideo, una formación poco habitual en su trayectoria. “Yo soy más de compartir con guitarristas que con una orquesta”, admite.
La excepción más recordada ocurrió hace 55 años. “Con orquesta solo grabé con Zitarrosa en Argentina, en Coplas del canto”, dice sobre el álbum de 1971. “Yo tenía 18 años y dirigía el maestro Carlos García; en el violín estaba Enrique Mario Francini, de la orquesta de Pontier”, recuerda sobre aquella experiencia en la canción que dio nombre al disco.
Sin embargo, más allá de las grabaciones en estudio, en los últimos años trabajó de forma más cercana con la Filarmónica. Fue invitado a varias de las ya clásicas Galas de Tango y tuvo un papel central en Adagio a Zitarrosa, el espectáculo registrado durante una de sus presentaciones en el Solís.
Ahora volverá a compartir escenario con la orquesta dirigida por Martín García en una celebración que también reunirá a guitarristas, cantantes y payadores invitados. Las entradas se venden en Tickantel y cuestan 450 pesos.
—Hace días lo vi sentado en las primeras filas del Antel Arena como invitado de Jorge Drexler en la presentación de Taracá. ¿Cómo se sintió cuando el público lo aplaudió?
—¡Me pasaron por la pantalla gigante! (se ríe). Me llevé una sorpresa. Pensé que Jorge me iba a saludar, pero además contó toda la historia de la canción. Hasta recordó que la grabé sin metrónomo y que los productores de Puerto Rico se sorprendieron por eso. Es un capo.
—¿Cómo surgió el cambio de arreglo de “Cuando cantaba Morente”?
—Jorge me contactó desde España. Me dijo: “Mire, maestro, estoy haciendo una zamba para homenajear al cantante Enrique Morente”. Quería que le fuera mandando ideas por celular. Él me enviaba audios cantando y yo, sobre eso, iba construyendo el arreglo. Le mandaba partes, como el estribillo, y él me respondía: “Me gusta, maestro”. Así estuvimos trabajando hasta que nos reunimos a grabarlo acá, entre setiembre y octubre del año pasado. Para entonces, el tema ya estaba arreglado.
—¿Y ahí apareció la idea de llevarlo a la milonga?
—Sí. Jorge estaba con sus productores y con su hermano Daniel. Yo llevé una guitarra y un guitarrón para grabar la base. La idea era hacer un formato de quinteto, con varias guitarras. Mientras estábamos probando, le dije: “Drexler, vos sos uruguayo. ¿Por qué no cantás esto como una milonga?”. Se quedó en silencio y me miró. “¿Le parece?”, me preguntó. Y yo le dije: “Vos sos de acá, tenés que cantar una milonga”. Me respondió que le gustaba la idea, pero que el problema era que el arreglo ya estaba hecho.
—¿Qué hizo entonces?
—Le dije que no había problema. La zamba tiene una acentuación y la milonga tiene otra. Pero el arreglo servía igual. No había que hacerlo de nuevo: bastaba con cambiar los acentos. Le dije: “Eso te lo hago en un momento”. Lo probamos, lo grabamos sin metrónomo y quedó encantadísimo. Terminó siendo un tema distinto dentro de un disco que tiene de todo y mucho candombe. Jorge es como Zitarrosa y las grandes figuras: tiene su estilo. Vos lo escuchás y enseguida sabés quién es. Al final tuvo el gesto de ponerme como coautor de “Cuando cantaba Morente”.
—Recién lo comparó con Zitarrosa. Hablando de Alfredo, ¿cómo recuerda la versión de “Candombe del olvido” que grabó en mayo de 1984, apenas un mes después de su regreso?
—Es la segunda versión de “Candombe del olvido”. La primera se grabó en Argentina en 1976 y tenía a Alfredo Sadi en los coros. En la de acá... ¡hasta yo estoy! (se ríe). También participan el Toto Méndez, Pablo Estramín, Juan y Alberto Peyrou, Larbanois y Carrero.
—¿Y cómo fue ese día?
—Muy emotivo. Esta nueva versión se parece a la original en el comienzo, pero después tiene otro arreglo en el medio, aunque mantiene el estilo y el sonido de Zitarrosa. Ese día, en La Batuta, se le ocurrió meter a todos a hacer coros. Hasta él aparece. Es un gran recuerdo. Zitarrosa era muy profesional. Me acuerdo de que en esa época grabamos otro tema muy lindo que se llama “Milonga Por Beethoven”...
—“Suena un son patético en do, / soledad en tono menor...”. Es una belleza.
—Sí, pero no lo pasan nunca. Nosotros siempre ensayábamos antes de grabar, pero un día apareció por La Batuta con “Milonga por Beethoven”. No la conocíamos. La aprendimos ahí mismo y la grabamos ese día. Se apareció con la idea del arreglo: él silbaba o tocaba la guitarra... ¿Viste el video que salió hace poco?
—¿El del ensayo previo al concierto del Centenario?
—El señor que grabó ese video también nos pasó imágenes del concierto del Centenario. ¡Qué frío hacía esa noche! Y encima lloviznaba. Rada cantaba “qué calor hace en abril”, y yo digo: “qué frío hace en mayo” (se ríe). Pero fue un momento muy emotivo. Otro gran recuerdo es un instrumental que se llama “Melodía larga II”, que firmamos como Zitarrosa-Méndez-Cobelli.
—Usted, al igual que el Toto, dedicó buena parte de su vida a transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones...
—Sí. El Toto fue mi compañero y mi amigo durante más de 50 años. Ya no está físicamente, pero formó a muchísimos guitarristas y grupos. Una vez, en una entrevista, alguien me comentó que hay maestros que no les pasan todo lo que saben a sus alumnos. Yo le respondí que no era mi caso. Cuando me preguntó por qué, le dije: “Porque cuando esté allá arriba ya no voy a poder enseñarlas” (se ríe). Es la verdad. ¿De qué me sirve guardarme un tono, una forma de tocar o un recurso que aprendí? Hay que transmitirlo ahora.
—Ustedes entendieron que lo importante era mantener viva esa tradición y pasarla a los más jóvenes.
—Claro. La mayoría de mis alumnos vienen del rock. Ahí están Martín Ibarburu, Guzmán Mendaro y tantos otros. Les gustaba el tango y querían aprender ese lenguaje. Entonces yo les decía: “Vení, la mano va acá, este acorde se hace de esta manera”. Porque no todos los tangos se tocan igual. “Mano a mano” tiene una fuerza determinada. “Cambalache”, en cambio, tiene un carácter más festivo. Y “Naranjo en flor” exige una sutileza distinta. Todo eso hay que transmitirlo. No porque yo lo haya inventado, sino porque lo aprendí de otros.
—Hay una frase que me dijo en una entrevista anterior que me quedó marcada: “Hay que aprender 200 tangos para tocar 20”...
—Y ahora digo que hay que saber 500 para tocar 50 (se ríe).
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