Edgardo Cambón: "Chucho" Valdés lo llamó "El sonero del Uruguay" y ahora viene por primera vez a demostrarlo

Se radicó en San Francisco en 1986 y ha compartido escenario con grandes músicos entre los que está Carlos Santana, además de liderar una banda de salsa donde siempre se cuela el candombe; se presenta el sábado 14 de noviembre en El Milongón

Edgardo Cambón
Edgardo Cambón

De repente, casi sin darse cuenta de cómo su carrera lo había llevado hasta ahí, el percusionista uruguayo Edgardo Cambón vio que estaba compartiendo escenario con, entre otros, el pianista cubano Chucho Valdés, su padre Bebo Valdés y Carlos Santana. Había pasado mucho desde que aquel muchacho del Buceo había empezado cantando en el coro de La Mennais.

Lo que pasó es material de leyenda. Cambón era parte de la banda del cubano en un festival en San Francisco, la ciudad en la que vive desde 1986, y una noche vio un movimiento raro en el escenario.

“Y de repente, Chucho anunció a Santana”, recuerda Cambón. “Estoy cantando ‘Bacalao con pan’ y al lado mío está haciendo un solo Carlos Santana y del otro lado tengo a Armando Peraza (legendario percusionista de Santana) cantando y tocando campana. Me sentí como que había dado vuelta a la calesita porque estaba literalmente en el escenario con mucha de la gente que escuchaba en mi adolescencia y cantando para ellos”.

Ese es uno de los tantos grandes momentos que ha vivido Cambón en una carrera artística que abarca un par de continentes, miles de escenarios, discos y giras. Con todo eso se ha ganado con merecimiento ese título ad honorem de “El sonero de Uruguay”, que certificará este sábado 14 de noviembre en El Milongón (Gaboto y La Paz), en un “Fiestón Bailable” organizado por Chévere y anunciado para las 23.30. Hay entradas en RedTickets a 1.260 pesos.

Será la primera actuación cn material propio de Cambón en Uruguay en sus más de 50 años de carrera. El espectáculo combinará candombes con salsa, acompañado por una banda de 10 músicos.

“Voy siempre a Uruguay, pero nunca fui a tocar mi música”, dice Cambón, quien reconoce estar con “las piernas flojas” por la ocasión. “Voy sencillamente a golpear una puerta con una humildad grande”.

No es para menos. Cambón, que se crió en la calle Volteadores y estudió en el colegio La Mennais, a dos cuadras de ahí, tenía 14 años cuando dejó Uruguay. Para entonces, una maestra (“Blanca, como mi mamá”, recuerda) había descubierto que tenía oído musical y lo había sumado al coro de la iglesia con el que, a los nueve años, había aparecido en Canal 5 interpretando como solista el tango “Volver”, en lo que sería un debut artístico que llenó de orgullo a la familia. Canto “Volver” en cuanta reunión familiar se le cruzaba.

De chico, escuchaba los discos de su hermano mayor: Ruben Rada, Siembra, de Rubén Blades, y El sol de la música latina, de Eddie Palmieri, “con un quinceañero Lalo Rodríguez cantando ‘Un día bonito’, dedicada a San Francisco, la ciudad en la que terminé viviendo. Las vueltas de la vida”, recuerda Cambón.

La primera escala del exilio fue Argentina, donde comenzó a estudiar percusión a los 17 años y se recibió de profesor de Educación Física. En Buenos Aires volvió a encontrarse con Rada en San Telmo y le pidió tomar clases; le dijo que no tenía nada para enseñar.

“Yo toco las congas y canto por Rubén Rada”, resume Cambón, para quien su muerte “cierra una etapa de la música uruguaya que nunca volverá”. Su influencia nunca desapareció y en 2008 hizo una versión de “Ayer te vi”, de Rada, que va a estar, además, en el repertorio de El Milongón.

Su recorrido siguió por Suecia y Holanda, donde integró el trío Bululú con Álvaro Pasquet en guitarra y Jaime Roos en el bajo. Su repertorio combinaba salsa, música brasileña y candombe, y allí se empezaron a perfilar las dos sendas: “Desde allí, mi carrera evolucionó como un 50% en la percusión y 50% en el canto”, explica. Eso fue cuando lo empezaron a convocar como cantante solista.

En Holanda también comenzó a profundizar en la salsa. Las interpretaciones de Adalberto Álvarez le enseñaron a prestar atención al fraseo. “Tuve que aprender un estilo”, recuerda. “Y ahí empiezo a trabajar la coordinación de tocar congas y cantar, y en lo que es ser un sonero, o sea, improvisar entre los coros”.

“No hice un proceso de mimetización, pero tuve que hacer un proceso de desgallegarme”, explica sobre su aprendizaje de la salsa. La uruguayez aparece, dice, sobre todo en sus composiciones y en una tendencia rítmica que lo lleva a escribir en la clave del candombe. “Yo creo que por eso me llamó Chucho “El sonero del Uruguay”.

Desde 1986 está instalado en San Francisco, California, adonde llegó junto a su primera esposa, una actriz de Milwaukee a la que había conocido en Holanda. Allí se empapó de la tradición del latin rock y la salsa, con grupos como Santana, Sapo, Azteca y Malo (¡la banda de Jorge Santana, el hermano de Carlos!), y músicos como Armando Peraza y Orestes Vilató. Cambón llegó con demos, recortes de prensa en holandés y partituras para armar una banda. Mientras trabajaba a tiempo parcial en un restaurant, empezó a ofrecer actuaciones en clubes.

Su orquesta comenzó a tocar ese mismo año. En 1988 abrió para Héctor Lavoe en La Galería, en San Francisco, donde Cambón conoció al percusionista Eddie Montalvo. Su banda en San Francisco cumple cuatro décadas de continuidad, en los que se ha cruzado con todos los grandes nombres del género.
Un viaje a Cuba para estudiar con José Luis “Changuito” Quintana, una eminencia de la percusión cubana, lo decidió a grabar su propia música: una salsa que incorporara letras políticas, dicharacheras y dobles sentidos. “Vuelvo con la cabeza acelerada y digo: bueno, acá hay que invertir y grabar el primer disco de música original”, cuenta.

El resultado fue Ilusiones, publicado en 1991 por el sello Orfeo, de Palacio de la Música. Jaime Roos había escuchado el material en su casa de La Floresta y lo recomendó a Alfonso Carbone, el regente de Orfeo. “Esto es serio”, le dijo Roos.

A ese álbum le siguieron Madre Rumba, Padre Son (2000), Celebrando 20 años (2006), Tatuajes del alma (2016) y For Export, su último disco, el primero producido por Israel Tannenbaum para su sello Latin Bound Records.

Con Chucho Valdés, Cambón participó en AfroCubanismo Live!, grabado en Alberta, Canadá, donde cantó “Xiomara”. Fue en La Habana donde Valdés lo rebautizó “El sonero de Uruguay”.

Aunque su aproximación a los ritmos cubanos fue más profunda, la identidad uruguaya siguió presente en su música. La influencia de Rada aparece en “Tequemalaarena”, incluida en su primer disco, y en “Ayer te vi”, un tributo grabado en 2008 que combina salsa y candombe. También está en “Abuela Rina”, una composición vinculada con la esquina de Ramón Anador y Alicante.

—A pesar de tocar ritmos afrocubanos y sus combina con el candombe, ¿se nota lo uruguayo en su forma de interpretar?
—El uruguayo saca que soy uruguayo y siempre me pide que toque algún candombe. Y los cubanos creen que soy cubano. Y lo mismo los boricuas. La uruguayez está en la influencia de Rubén Rada, que cuando hago “Ayer te vi” se nota bien clara mi transición entre salsa y candombe. Y tocarla en El Milongón será un homenaje muy sentido a su música.

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