Quizás nadie más lo vio, pero cuando sobre el final de la noche, parado al centro del escenario del Auditorio del Sodre, Romeo Taddei cantó "Dormite tranquilo" rescatando al niño de la versión original y fundiéndolo con el hombre que es hoy, un papelito plateado cayó del techo y bajó lento, como guiado por un director de orquesta invisible, sobre la mitad de la platea baja. Fue imposible no creer en algo más: este miércoles, en el homenaje a Claudio Taddei, todo se trató de invocar una presencia o, más bien, de invocar a las fuerzas ancestrales de la música, la energía, el amor. Esas palabras que a veces parecen tener el poder de salvarnos.
Seis años después de su fallecimiento y por impulso directo de su hijo, Romeo, que dejó temporalmente Suiza para venir a empaparse de Uruguay por varios meses para bordar este homenaje con los hilos de la sangre y de la tierra, Claudio Taddei tuvo su justa celebración. El concierto, de dos horas y media, fue una síntesis de una obra mestiza y multicolor, primitivamente libre. No hizo falta presentar a ninguno de los artistas que fueron entrando en escena. No se trataba, esta noche, de ningún protagonismo.
Unidos por la amistad, el oficio o la admiración, más de 30 talentos transitaron el escenario para abrir puertas y ventanas de un repertorio que combina la dulzura, la crítica, el humor, la sensualidad, la sencillez. Eso se reflejó en 23 temas repartidos entre "Como un sueño tranquilo" (con versos como "Que hasta en el silencio yo te siento presente") y "Chau chau", en una versión familiar, casi de entrecasa, que fue un remate letal.
La selección dejó que se destacaran los hits y revitalizó temas menos populares, como "Voy a ser tu rey", que se convirtió en una aplanadora rockera de la mano de Alfonsina y Flor Sakeo, en un duelo de guitarras y voces que le ganó a cualquier desperfecto técnico. O "Extraño esa sensación", que Rossana Taddei resucitó con visceral impronta y terminó con un mantra colectivo sobre la melodía de "Norwegian Wood" de los Beatles. Pero sobre todo, "Baguala": sentado en un piano de cola, Hugo Fattoruso tocó y cantó como solo él puede hacerlo —sin pretensiones, como si de un manantial brotara una ternura de otro tiempo— y regaló uno de los grandes momentos de la noche.
El homenaje se sostuvo con una banda base integrada por el baterista y director musical Mateo Ottonello, el guitarrista Nicolás Ibarburu, la bajista Patricia Ligia, el percusionista Coby Acosta y las teclas de Manuel Contrera y Federico Noll, más los vientos de Martín Morón, Gabriel Manzanares y Gleisis Estrada. Romeo Taddei cantó sobre todo en las puntas del espectáculo, en varios casos junto a su hermana Danna, con quien compartió tanto el jolgorio de "De yorugua" como la delicadeza de "Conserva tu luz". Por momentos, su voz y la de Claudio parecían hacerse una, coexistir de una manera improbable.
Los invitados entraron y salieron haciéndose cargo de sus partes con compromiso, sin tener que articular palabra. Sobresalieron especialmente la fusión de Juan Campodónico y Chole en "El cuento del tío", llena de brío; la potencia de murga con la que Agarrate Catalina y Tabaré Cardozo impregnaron "Para el sur el norte está lejos"; la hondura con la que Lucía Ferreira, secundada en formato acústico por Ibarburu y Federico Righi, hicieron "Santa Mestiza" sentados en el piso y el riesgo con el que Francisco Fattoruso encaró "Cositas buenas", una de las versiones más atrevidas de la noche, con su voz bañada de una textura casi robótica.
El diseño del espectáculo le sacó un provecho feroz al escenario, con una puesta en escena que buscó que el homenaje fuera más bien una experiencia. Pinturas de Claudio en las visuales, los pañuelos y las ropas —también en el hall del Auditorio—, luces y un juego de tules que creó ambientes inmersivos cuando Milongas Extremas hizo "Busca la revolución", o cuando el propio Romeo hizo "No sé si salgo hoy" como si estuviera flotando entre medusas cósmicas —mención aparte para el solo de guitarra de Alejandro "el Cubano" Reyes—, pero también intervenciones poéticas de Gabriel Calderón, completaron una propuesta atmosférica y real.
Cuando al final entró Ruben Rada, tomó asiento, dijo que Claudio había sido su hermano y se despachó junto con Romeo, Danna y Rossana Taddei, con una versión de "Estoy contento nena" que desparramó swing y dejó la sensación de que nunca había habido tanta música en un mismo espacio. Por la riqueza de las canciones, por el talento de los músicos, pero también porque el miércoles la música fue algo más: una presencia, un acto de amor, un encuentro; o, por qué no, un papelito bailando en el aire, aunque nadie más lo viera.
-
Ricardo Arjona regresa a Uruguay: fecha, lugar y cuándo inicia la preventa para "Lo que el Seco no dijo"
Concierto homenaje a Alfredo Zitarrosa con entrada libre en plena Av. 18 de Julio: cuándo es y quiénes tocan
Jorge Drexler agotó el Antel Arena y suma otra fecha en pleno auge de su nuevo disco: cuándo es y las entradas