"Conocer el amor es conocerse a uno mismo": Abel Pintos habla de su próximo disco y de sus shows en Uruguay

El argentino dialogó con El País antes de los tres shows que ofrecerá en el Auditorio Nacional del Sodre para celebrar sus 30 años de carrera. También revela que está trabajando en su próximo álbum.

Abel Pintos.
Abel Pintos.
Foto: Difusión.

La llamada de El País encuentra a Abel Pintos con las valijas casi listas. Es jueves 16 de julio y, en unas horas, retomará la gira con la que celebra sus 30 años de carrera. La conversación, sin embargo, arranca por el día anterior. Mientras Argentina derrotaba agónicamente a Inglaterra por 2 a 1 y se clasificaba a la final del Mundial, el cantante dedicaba el único día que tenía disponible a grabar una canción inédita.

“Lo pude ir viendo por partes”, cuenta entre risas. “Teníamos ese día de estudio programado desde hacía tiempo, así que fuimos mechando el partido como pudimos, pero lo vivimos con toda la emoción. Mientras grabábamos, una de las orejas estaba levantada para ver si escuchaba los gritos de alguien”.

Ese día de estudio terminó marcando un punto de inflexión. Además de registrar el cuarto sencillo de una etapa que comenzó con “Hielo al vino”, siguió con “Todo de mí” y “La culpa”, Pintos decidió volver a producirse junto a su hermano Ariel y Marcelo Predacino, el equipo creativo con el que dio forma a Reevolución y Abel. “Ahora sí empiezo a pensar en un álbum”, adelanta. Si todo sale como imagina, el disco estará terminado entre fines de este año y principios del próximo. Será el primero de canciones inéditas desde El amor en mi vida (2021).

Antes de eso habrá otro regreso. El 1, 2 y 3 de agosto volverá a Montevideo para presentar en el Auditorio Nacional del Sodre el espectáculo con el que repasa tres décadas de música. Las entradas se venden en Tickantel y están a punto de agotarse.

En la previa, Pintos dialogó con El País sobre ese recorrido de 30 años, el disco que ya empezó a tomar forma, la manera en que cambió su mirada sobre el amor y el vínculo que construyó con el público uruguayo.

—Sin arruinar la sorpresa de tu nueva canción, ¿por qué lado va? ¿Rompe con el relato que venían construyendo las tres sencillos anteriores?

—En el punto más literal, sí, rompe un poco el relato porque no habla de la relación con alguien más; habla de la relación de uno con uno mismo. Escribo desde el ejercicio constante de interpelarme. Interpelo mi vínculo con los demás y, principalmente, conmigo mismo. Me gusta revisarme. Disfruto la terapia, estar atento a cómo respondo en las distintas etapas, revisar el camino recorrido y pensar el que quiero recorrer. Pero siempre muy presente en cómo estoy funcionando en este momento. Entonces escribo sobre eso. “Hielo al vino”, “Todo de mí“ y “La culpa” tuvieron más que ver con esto que te digo de interpelar constantemente mi vínculo con los demás. Pero la próxima canción va a tener más que ver con la autopercepción y con cómo uno se vincula consigo mismo.

—¿Se puede adelantar alguna frase que te emocione?

—No la quiero spoilear. Pero sí te puedo adelantar que ayer estábamos en el estudio un poco a la vieja escuela, porque grabamos todos al mismo tiempo. Hicimos como 50 tomas, toda la banda sonando junta y yo cantando con ellos. En un momento canté una estrofa que tiene un verso que me gusta mucho y no pude evitar detener la grabación. Les dije: “Perdón, chicos, pero me siento muy orgulloso de haber escrito tal metáfora”. Porque, la verdad, las metáforas no son algo tan sencillo para mí, ¿viste? No siempre estoy seguro de haber dado con la metáfora indicada para explicar lo que siento. Y en este caso me pasó así. Hacía tiempo que no me pasaba detenerme y sentir que había logrado una metáfora de la que me siento muy orgulloso. Esas son las pequeñas victorias de las que realmente está hecha la música. Porque son las victorias que después vas a repasar y revivir constantemente. Así que la celebro por eso.

—Hablando de victorias, para mí hay un disco importante en tu obra: Gracias a la vida. ¿Qué representó ese álbum en tu camino?

—Fue darme un gusto. Ya llevaba 20 años escribiendo canciones y había tenido la dicha de componer muchas que construyeron cosas muy importantes en mi carrera, pero que también identificaron a muchas personas, que es, en última instancia, lo que uno más anhela con una canción. Entonces, habiendo conseguido eso como autor y compositor a lo largo de 20 años, hacer un disco de intérprete fue una decisión artística y también una decisión bastante arriesgada. En definitiva, está ese dicho que dice que “el equipo que gana no se cambia”. Si te va bien como autor y compositor, ¿por qué hacer un disco como intérprete? La explicación tiene que ver con que los primeros 10 años de mi carrera los hice como intérprete...

—Es un guiño a tus inicios...

—Sí, pensé que la mejor manera de empezar a celebrarlos era homenajear aquella primera etapa y volver a hacer un disco de versiones. Pensé en canciones del pop latinoamericano, del pop, del rock y del folclore latinoamericano de los últimos 20 o 25 años, que son justamente los años que yo llevo escribiendo canciones. Es decir: ¿qué canciones de esta etapa como autor y compositor me hubiese gustado escribir? Ese era el concepto, sacando “Gracias a la vida”, que tiene muchísimos más años.

—Hay un detalle importante en este regreso: desde 2018, el Antel Arena se volvió la sede de tus visitas montevideanas. Esta vez, vas a actuar en el Auditorio Nacional del Sodre. ¿Fue una decisión consciente?

—Sí. De hecho, hace unos días me preguntaban por qué había decidido tres funciones en el Auditorio en lugar de una en el Antel Arena. Y yo decía: el Arena es un lugar al que quiero mucho, pero esta decisión tiene un significado emocional y también uno muy lógico. Cuando repaso estos 30 años con el público uruguayo, esta sala ocupa un lugar muy especial, porque fue mi primer teatro en Montevideo. Yo fui por primera vez a cantar a Uruguay a los 15 años, a un festival. Después participé en otro, y luego pasaron casi 12 años hasta que volví. Y cuando regresé, fue directamente a Montevideo, donde canté por primera vez en el Auditorio (en 2014). Entonces, a la hora de festejar 30 años con el público uruguayo, valía mucho la pena hacerlo en el lugar donde se originó este vínculo tan lindo con el público.

—El armado de esta gira te debe haber llevado a un ejercicio de revisión de tu camino. ¿Qué reflexión te dejó?

—Siento que pude encontrar un buen equilibrio entre lo que el público quiere escuchar y lo que yo quiero compartir, ¿viste? Es otra pequeña victoria para mí. Es un concierto de dos horas en el que hacemos más o menos entre 30 y algunas canciones más. Hablo muy poco; hacemos mucha música. En el recorrido entran canciones de todas las etapas. No cronológicamente, pero sí de todas las etapas. Inclusive, siempre dejando abierta la puerta con la mirada hacia adelante. Por eso también incluí estas canciones que tienen más que ver con la actualidad.

—Es un buen resumen de tu camino, entonces.

—Sí. Quien escucha mi música desde hace 30 años va a recorrer toda la carrera y llegar al presente. Y aquel que alguna vez me escuchó o tiene mi nombre en algún lugar, pero nunca me fue a ver en vivo, va a encontrarse con un buen resumen de lo más mainstream, pero también con esas canciones escondidas que también forman parte de un artista.

Abel Pintos.
Abel Pintos.

—En estos 30 años, ¿sentís que cambió tu mirada sobre el amor? Porque no debe ser la misma que cuando eras adolescente, ahora que sos padre y estás casado.

—Tanto como me he modificado yo. Mi filosofía de vida es que el amor es uno mismo. Cuando uno dice conocer el amor, no es que conozca a una entidad externa; en realidad, se conoce a sí mismo. Conocer el amor es conocerse a uno mismo. Interpelar el amor es interpelarse a uno mismo. Sufrir por amor es sufrirse a sí mismo. Ser feliz por amor es ser feliz con uno mismo también; es cantar victoria por haber logrado conocerse mejor. Entonces, así como yo me he modificado, también se modificaron mi percepción del amor, mi forma de construirlo y de gestionarlo.

—¿Hay alguna canción que sientas como un parteaguas?

—Sí... es una buena pregunta (se toma un momento). Porque, como uno escribe muchas canciones, se compartimenta en muchas. Pero, respecto de lo que veníamos hablando, creo que tranquilamente podría ser “Piedra libre”. Es una canción que, en la superficie, habla de la espera del nacimiento de Agustín. Pero, en el fondo, habla de mí. Habla de que me estaba muriendo de miedo, pero prefería no decirlo. Cuenta todo lo que me pasaba mientras lo estaba esperando.

—¿Qué esperás de tu regreso a Uruguay?

—Que el público sienta la misma emoción que yo. Hace mucho tiempo que no toco en Montevideo. Mucho tiempo para mi gusto. Es cierto que el año pasado hicimos el show con Luciano (Pereyra) en el Antel Arena, pero era un espectáculo muy compartido. Ya son casi tres años sin cantar mano a mano con el público de Montevideo, con el que nos habíamos acostumbrado a compartir música año tras año. Por eso lo vivo como un regreso. Este show celebra estos 30 años y también mi vuelta a un lugar que siento como mi casa.

Del acto escolar de su hija a un disco que ayuda a hospitales públicos

Todo empezó con un himno. Abel Pintos había ido a un acto escolar de una de sus hijas cuando escuchó la versión que sonaba por los parlantes. "No se entendía muy bien", recuerda. Entonces empezó a darle vueltas a una idea: grabar nuevas versiones del Himno Nacional Argentino y de otras canciones patrias del país vecino para que pudieran ser usadas en escuelas, instituciones y actos oficiales.

El resultado fue Alta en el cielo, el álbum que publicó en 2023. Pero, aclara, nunca lo sintió como un disco más de su carrera. "Es una entrega de mi parte puesta al servicio de todos los argentinos", dice. El proyecto comenzó "a pulmón" y, con el tiempo, fue sumando aliados. Sony acompañó la edición, SADAIC colaboró con la gestión de los derechos, la AFA ayudó a que el material llegara a instituciones deportivas y la Universidad de Buenos Aires fue clave para concretar la parte más ambiciosa de la iniciativa.

Pintos relata a El País que buscaba que cada reproducción de esas canciones en plataformas digitales generara un beneficio para Argentina y no terminara, como suele ocurrir, en "las cuentas de grandes compañías multinacionales". Después de un largo trabajo legal, encontró la manera. Junto con la UBA logró que los derechos fonográficos del álbum fueran donados a perpetuidad al Hospital de Clínicas y al Instituto de Oncología Ángel H. Roffo.

Por eso, cada vez que recibe un video de una escuela utilizando esas versiones siente que el proyecto cumplió su objetivo. No solo porque esas canciones siguen sonando entre nuevas generaciones, sino porque cada reproducción también aporta recursos para dos instituciones públicas. "Cada vez que un argentino escucha una de esas versiones está ayudando, de alguna forma, a su propio país", resume.

Y hoy, cuando Argentina enfrente a España con la ilusión de volver a levantar la Copa del Mundo, será una buena oportunidad para que el himno interpretado por Pintos suene en los parlantes de la vecina orilla.

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