Así es "Confessions II", el nuevo álbum de Madonna: un encuentro con fantasmas del pasado en la pista de baile

La Reina del Pop construye una obra autobiográfica que mezcla euforia, nostalgia e introspección. Entre recuerdos, pérdidas y celebración, recupera su identidad artística con una mirada íntima.

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Confessions II, Madonna, 2026.

Madonna puede ser quien quiera y lo tiene claro. Es más, lo dice en los primeros segundos de “I Feel So Free”, canción con la que abre Confessions II, el álbum que publicó este viernes. La morocha, la rubia, la que juega con el rock y la que domina el pop, la chica material y la que se peleó con la iglesia católica, con la corrección política, con todo aquel que tenga algo para cuestionarle. Camaleónica y sin remordimientos, siempre lista para patear el tablero.

En varios de sus trabajos recientes, la artista dio la impresión de adaptarse a las tendencias del momento antes que moldearlas, algo que históricamente había sido una de sus mayores virtudes. Confessions II revierte esa lógica, y probablemente esa sea la razón por la cual se perfila como uno de los trabajos más significativos de su discografía.

Aquí, Madonna convierte la pista de baile en un espacio de memoria: habla de su relación con su hermano fallecido, con su hija mayor, con Sean Penn. Recuerda sus inicios en el local nocturno Dancetería; al mejor amigo que la acompañó en esa primera etapa y que falleció por complicaciones relacionadas al sida; menciona a Basquiat y a un amor de la juventud que tenía un rostro a lo Marlon Brando. Se canta a sí misma, a esa muchacha que llegó a Nueva York con pocos billetes, lista para ganarse la vida.

Aunque se presenta como una continuación de Confessions on a Dancefloor de 2005 —el que contiene los hits “Sorry” y “Hung Up”—, el álbum funciona más como una antología personal: dialoga con Erotica, Bedtime Stories, Music y Ray of Light antes que intentar repetir la fórmula de 2005. Ante todo, no espera a que otros escriban su propia historia.

El impulso autobiográfico viene hace tiempo. Ya estaba en el proyecto frustrado de la biopic dirigida por ella y protagonizada por Julia Garner. “He tenido una gran vida, necesitaba un presupuesto a la altura”, dijo la estrella pop en su momento, al respecto del conflicto por el presupuesto con Universal Pictures.

Garner hace una aparición, caracterizada como ella, en el minifilm promocional del álbum que incluye “I Feel So Free”, “Bring Your Love”, “Danceteria” y “Read My Lips”. Gran parte del audiovisual se desarrolla en fiestas, algo que acompaña al espíritu del álbum.

No hay pausas entre las canciones. Es un viaje que comienza enérgico. La tríada “I Feel So Free”, “Good For The Soul” y “One Step Away” resulta inmersiva. Los siete temas que siguen sostienen ese impulso. Recién a partir del track 11, “School”, el ritmo comienza a bajar. El álbum culmina con “L.E.S. Girl”, una especie de canción de cuna retrospectiva que finaliza con una sentencia: “Todo se desvanece”. El cierre tiene la cadencia de un amanecer después de una noche larga.

La artista volvió a trabajar con Stuart Price, el productor de la primera entrega y el evidente vínculo entre ambos álbumes. Si bien hay conexiones estéticas —la paleta de colores y la idea de una fiesta— el objetivo y la sonoridad no parecen ir tan en paralelo. Confessions on a Dancefloor usaba samples de ABBA y es música disco. La intención es dialogar con eso desde otro momento de su vida más que rehacerlo.

Confessions II nace a partir de la idea de que el mundo está pasando por un momento muy oscuro en el que la gente necesita bailar. En “One Step Away”, esta cosmovisión de la danza como actividad sanadora se menciona, al definir la pista de baile como un espacio ritualístico y no solo como un simple lugar. Y es, también, el sitio que la Reina del Pop elige para reencontrarse con fantasmas propios y ajenos.

“Danceteria”, por ejemplo, evoca a su juventud y también retrotrae a un Nueva York que ya no existe, el mismo que Lou Reed inmortalizó en “Walk on the Wild Side” y que ella cita en la canción.

En “Fragile”, empieza diciendo que no hay un principio ni un final, sino un portal por el que pasa energía inagotable. No es la única canción que inicia con una reflexión, esas introducciones habladas terminan funcionando como pequeñas confesiones que preparan el terreno emocional de cada track.

En “School”, por ejemplo, dice que hay una cosa que le gusta más que compartir lo que sabe con los demás, y es aprender. Con algo de ironía, pide que le enseñen algo que aun no sepa. En contrapartida, observa esta actualidad, digitalizada al máximo, con preocupación. En diálogo con la Radio iHeart, Price explicó que “Everything” nació de la frustración que les genera que la vida moderna esté tan ligada al mundo digital.

Madonna siempre usó el pop para decir algo, ya fuera sobre religión, sexualidad, fama o marginalidad. Esto no siempre resultó cómodo para quienes solo buscaban divertirse con su música y veían como obstáculos los mensajes que la cantante quería transmitir, en más de una ocasión, apelando al shock.

En Madame X, de 2019, colabora con Maluma y Anitta y juega con el funk brasilero y el reggeaton. En Rebel Heart de 2015, invita a Nicki Minaj para “Bitch I´m Madonna”. Todos estos fueron experimentos en los que se amoldó a las fórmulas exitosas de los demás, sin surtir el mismo efecto. Si bien Confessions II tiene colaboraciones de Feid, Sabrina Carpenter y Martin Garrix, es ella quien los invita a jugar a su terreno.

Madonna

La industria musical es despiadada y suele exigirle a las mujeres que se reinventen para seguir siendo relevantes. Pero Madonna se acordó de quién era y de lo que es capaz. Dejó de perseguir la tendencia, lo que se supone que funciona y confió en su propia historia, en que todavía tiene algo para decir.

El resultado es un disco que suena bien, que invita a bailar, que sostiene un concepto durante las 16 canciones. No es monótono y atraviesa varias emociones, aunque las canciones también funcionen por separado. La prueba de esto es el exito del lanzamiento de “Bring Your Love”, uno de los sencillos. Con cuatro décadas de carrera sobre su espalda, la mejor Madonna es la que marca el camino en vez de seguirlo. Pudiendo elegir entre tantas, la estrella esta vez eligió ser ella misma.

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