Scarlett Johansson explica por qué dedicó su debut como directora a su abuela: "Era una amiga maravillosa"

La actriz habla de "La extraordinaria vida de Eleanor", recuerda la influencia de su abuela, reflexiona sobre el duelo y revela por qué quiso debutar en la dirección con este documental disponible en HBO MAX.

Scarlett Johansson, June Squibb y Erin Kellyman
Scarlett Johansson, June Squibb y Erin Kellyman presentando La Extraordinaria Vida de Eleanor en Cannes

Melena Ryzik, The New York Times
Para su debut como directora, Scarlett Johansson eligió un proyecto que le recordaba a su abuela —en espíritu, aunque no en la historia— y también a sus propias raíces judías.

Una entrañable comedia sobre la amistad centrada en una fabuladora nonagenaria y una joven sincera, La Extraordinaria Vida de Eleanor está protagonizada por June Squibb, de 95 años, en el papel de Eleanor, una exneoyorquina que regresa a vivir con su hija después de pasar décadas en Florida. En un centro comunitario, entra por error a un grupo de sobrevivientes del Holocausto e inventa una historia como si fuera una de ellos. Eso atrae la atención de Nina, una estudiante de periodismo interpretada por la actriz británica Erin Kellyman, de 26 años, y entre ambas surge una amistad que atraviesa generaciones.

Squibb, nominada al Oscar en 2014 por Nebraska, de Alexander Payne, y protagonista del inesperado éxito de taquilla del año pasado Thelma, aceptó participar incluso antes que Johansson, atraída por el guion de Tory Kamen. Eleanor es el tipo de abuela de carácter áspero: “Te cortaste el pelo”, le dice a su hija. “Me gustaba más cuando lo tenías largo”.

Pero Eleanor también tiene un lado tierno, especialmente con su mejor amiga, Bessie, interpretada por la actriz israelí y sobreviviente del Holocausto Rita Zohar. Johansson, de 40 años y nacida en Manhattan, supo en 2017 que un tío abuelo y los hijos de este habían muerto en el gueto de Varsovia. Trabajó con la USC Shoah Foundation, convocando a sobrevivientes reales y deteniéndose en sus rostros y sus historias.

La película —que se presentó en Cannes y está en la grilla de HBO, NSNow de Nuevo Siglo y HBO MAX— está dedicada a su abuela materna, Dorothy Sloan, una maestra que murió en 2014 a los 91 años; Johansson se emocionó al hablar de ella.

Pero también hubo muchas risas mientras, entre té y galletitas en un hotel de Manhattan, Johansson, Squibb y Kellyman conversaban sobre trabajar juntas, sus amistades y el poder movilizador del chisme. Estos son algunos fragmentos de la conversación.

La extraordinaria vida de Eleanor

—Uno de los hilos de la película es la idea del duelo y las distintas maneras, muchas veces volátiles, en que las personas reaccionan ante él. ¿Es algo de lo que hablaron?

Kellyman: Surgió bastante durante el rodaje.

Johansson: Todos compartimos esta experiencia universal: vamos a perder a nuestros seres queridos. Y, sin embargo, no compartimos eso entre nosotros; hay muchos tabúes al respecto en nuestra sociedad. Estuve de los dos lados: tanto sin saber cómo estar con alguien que había sufrido una pérdida, como sintiéndome aislada por mis propios sentimientos, por el tiempo que lleva atravesarlos y por todas sus etapas. Es muy difícil transitar eso en soledad; diría que es imposible. Creo que ese es uno de los mensajes de la película.

Squibb: Cuando murió mi marido, mi hijo tenía unos 28 o 29 años. Y para él fue terriblemente difícil aceptarlo. Yo estaba tan ocupada tratando de sobrellevar su duelo que realmente no tuve un duelo propio que pudiera expresar, ya saben. En la película uno usa esas cosas.

—El escenario muestra mucho una mirada de alguien que realmente vive la ciudad. Ni siquiera filmaron en los meses más lindos.

Johansson: Filmamos en invierno porque quería esa luz blanca, como de cielo cubierto. Y también la falta de atractivo de Nueva York después de las fiestas, cuando todo se ve realmente desolador. El árbol de Navidad tirado en la vereda durante las últimas ocho semanas. Pero creo que esta conexión entre Nina y Eleanor es posible porque es una historia muy neoyorquina. Uno está constantemente conociendo gente, cruzándose con personas, quiera o no. Sería un encuentro romántico si ellas estuvieran interesadas sentimentalmente la una en la otra.

—June, usted empezó en Broadway, en Gypsy, junto a Ethel Merman, en 1959. ¿Cuánto tiempo vivió aquí?

Squibb: ¡Sesenta y cinco años! ¿Eso es suficiente para usted? (Risas del grupo). Estábamos filmando cerca de la Riverside Church y mi hijo fue al preescolar allí. Así que fue muy divertido volver a barrios que conocía muy bien.

Kellyman: Vivo en Birmingham, Inglaterra, pero venir a Nueva York por primera vez para esta película me provocó una reacción muy visceral. No creo haber sentido algo así por un lugar antes. Era nuevo, pero al mismo tiempo me resultaba muy familiar.

—Scarlett, usted dijo que Eleanor le recuerda a su abuela. ¿Puede contarnos sobre ella?

Johansson: Éramos muy, muy unidas. Su departamento era como un refugio para mí durante mi adolescencia. Podía quedarme con ella todo el tiempo que quisiera. Y solíamos recorrer toda Nueva York; esa es una de las razones por las que conozco tan bien la ciudad, cada rincón. Mi abuela era muy genial. Íbamos al Lower East Side cuando era un lugar al que, en teoría, no había que ir, para comer comida india o lo que fuera. Le encantaban los programas gratuitos de arte, así que íbamos a conciertos en Battery Park y a NYU Tisch para ver a jóvenes coreógrafos. Estaba llena de vida. Y pasábamos muchísimo tiempo conversando sobre todo, las mismas cosas de las que hablan Nina y Eleanor: sexo, novios, hijos, la dinámica de nuestra familia, la actualidad. Mi abuela leía todos los diarios. Era una amiga maravillosa. (Se emociona).

—June, ¿escucha muchas historias sobre las abuelas de la gente?

Squibb: Claro que sí. Todo el mundo se me acerca y me dice: “¡Usted es mi abuela!”. Lo tomo como un cumplido. Y creo que el envejecimiento… cada vez somos más capaces de mirarlo de frente. La gente realmente quiere saber de qué se trata.

—Algunas de las partes más conmovedoras son los segmentos con los verdaderos sobrevivientes del Holocausto. ¿Cómo fueron esos días de rodaje? ¿Por qué decidió incluir retratos de ellos?

Johansson: Así era como lo veía en mi cabeza. Gran parte de la película trata sobre la importancia de preservar la memoria de las historias de estos sobrevivientes. Y hay retratos de todos los personajes. Es un tema visual recurrente: quedarse junto a las personas en esos momentos privados. Creo que eso ayuda a generar la sensación de que uno está siendo admitido en la vulnerabilidad de alguien. Las personas del grupo de sobrevivientes, creo que ninguna había estado antes en un set de filmación. No sabía qué esperar. Y me sorprendió muchísimo la paciencia que tuvo todo el mundo. Estaban tan felices de vivir una experiencia nueva, lo cual es realmente maravilloso, poder brindarles una experiencia nueva en esa etapa de sus vidas. No sé qué habría hecho si no hubiera encontrado un grupo que pudiera participar, porque jamás habría podido elegir actores para esos papeles.

—¿Qué importancia tienen las amistades entre personas de distintas generaciones en sus propias vidas?

Squibb: Tengo unas cuantas. Chris Colfer, con quien trabajé en Glee, y Fred Hechinger, con quien trabajé en Thelma, los veo bastante seguido. Nunca entendí eso de preguntarse: “¿De qué hablan?”. Ellos tienen cosas para contarme, cosas que aprendo de ellos. Chris sería quien me diría quién tiene una mala cirugía plástica.

Johansson: Me encanta trabajar con actores más jóvenes, entender qué es importante para ellos y también esperar poder ayudarlos en la etapa que estén atravesando. Y con mis amigas que son generaciones mayores, es como decirles: estas son las cosas que me preocupan, ¿cómo puedo prepararme para esto que parece imposible y que está en el horizonte? Es de muchísima ayuda para poner las cosas en perspectiva y entender la continuidad de la vida.

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