Christopher Nolan antes del estreno de "La Odisea": "Quería hacer una película muy accesible"

El director habla de su adaptación del texto homérico que llega a los cines de Uruguay, el 16 de julio y es el proyecto que sigue a "Oppenheimer", su oscarizada biopic

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Christopher Nolan.
Foto: Commons.

Melena Ryzik, The New York Times
Christopher Nolan admite estar ansioso. “Es muy estresante”, dijo el guionista y director sobre el período previo al estreno de una película. “Trabajas en algo durante mucho tiempo, te importa mucho, pero las películas pertenecen al público. Así que, en cierto modo, es algo subjetivo”. Su tensión se agudizaa por el estreno, el 17 de julio (enUruguay, el 16) La Odisea, su más reciente adaptación de alto riesgo, después de que Oppenheimer obtuviera un montón de Oscar. “Fue una empresa enorme, sin ninguna duda”, dijo Nolan sobre trasladar a la pantalla el monumental poema de Homero. “No creo que me hubiera sentido preparado para afrontar esta película hasta ahora”.La Odisea es una epopeya de tres horas, de las que casi no se hacen, rodada en seis países con un elenco y un equipo de miles de personas, y con efectos prácticos en lugar de CGI completo. Está protagonizada por habituales colaboradores de Nolan, como Matt Damon en el papel de Odiseo y Anne Hathaway como Penélope, además de incorporaciones nuevas y, en algunos casos, inesperadas.

“Quería hacer una película muy accesible”, dijo Nolan. Pero los desafíos fueron inmensos y exigieron nuevos desarrollos de ingeniería y coreografía. Mientras desarrollaba La Odisea, “leí más traducciones de las que quiero recordar”, dijo, y comprendió que «es el texto fundacional. Está en todo lo que he hecho ante”.

Con fama de ser uno de los grandes puristas del cine —ni siquiera utiliza un diccionario de sinónimos podría parecer una persona intimidante. Pero en persona se mostró afable, dedicando más tiempo del previsto a conversar mientras bebía té de un termo recién rellenado, marcando con cada sorbo el ritmo de sus pensamientos. A continuación, extractos editados de esa conversación.

—¿De niño era alguien que construía mundos?

—Sin duda pasaba mucho tiempo en mi imaginación y siempre me encantó ese aspecto del cine: una película que simplemente te llevara a un lugar completamente diferente. La primera Star Wars; creo que la vi 12 veces en el cine. Para mí, esa era la esencia de este medio: crear un mundo entero que puedas comprender y habitar, absolutamente distinto de la vida cotidiana. Esa es la gran alegría del cine.

— ¿Qué películas vio como inspiración de La Odisea?

—Andrei Rublev (1966), de Tarkovski, impresionó muchísimo a todo el mundo; las texturas son realmente extraordinarias. Una de las películas que proyecté un poco como experimento —porque en realidad no sabía si sería pertinente— fue Ran (1985), de Kurosawa. Está filmada de una manera muy diferente, pero existe esa relación entre el entorno y el viento. Ahora que veo la película terminada, creo que fue una influencia enorme.

—¿Había imágenes que tenía en la cabeza antes de rodar?

—Hay dos que me han acompañado durante mucho tiempo: el caballo a punto de ser arrastrado por la marea, inclinándose hacia un lado, como si fuera lo último que uno imaginaría que pudiera tener a alguien dentro o que hubiera sido concebido para ser introducido en la ciudad. No suelo pensar en imágenes por un propósito puramente visual. Más que hacer una especie de caballo sobre patines, todo consistía en querer presentar el caballo de una forma en la que un público completamente familiarizado con la historia pudiera entender cómo funcionaría desde un punto de vista realista. también —no recuerdo cuál fue mi inspiración original— la idea de un soldado decapitando una estatua. Eso terminó siendo muy importante en lo narrativo.

— En una ocasión describió a Oppenheimer como alguien que sabía motivar a los demás “a través de la teatralidad de su personalidad”. Podría decirse lo mismo de Odiseo. Parece haber muchos paralelismos.

—Cuando terminé la película, me llamó bastante la atención. En cada película que hago me gusta dejar preguntas o temas sin resolver que puedan trasladarse a la siguiente. Hay muchas ideas sobre el liderazgo, las motivaciones contradictorias, los defectos de las personas, esa idea de cómo las mejores intenciones pueden salir terriblemente mal. Odiseo es un personaje muy complejo: un embaucador, alguien inteligente y astuto. En términos de Star Wars, es Han Solo; pero Han Solo no es el héroe de Star Wars, sino Luke Skywalker.

— Tampoco evita mostrar su arrogancia y su impulsividad.

—(Ríe) Ahí es donde llegas a Oppenheimer.

— ¿Cómo definiría su propia relación con el riesgo?

—Soy muy, muy cauteloso. Veo constantemente todas las cosas que pueden salir mal. Soy ese tipo de persona.

— Un observador externo podría mirar su filmografía y la manera en que ha innovado y pensar que, al igual que el personaje de la película, usted quiere ser el primero en experimentar algo, aunque sea brutalmente difícil. He visto a sus productores describirlo como alguien reacio al riesgo y muy responsable. Y, sin embargo, en la pantalla da estos enormes saltos.

— Creo que su pregunta tiene más que ver con el riesgo creativo. Si de verdad te interesan las películas y la historia del cine, hay algo que se ve con absoluta claridad: para tener éxito hay que asumir riesgos. El mayor riesgo de todos es ir a lo seguro. Eso es lo que, de manera constante, no funciona en el cine comercial. El público busca algo nuevo. Lo que quiero decir es que yo no lo veo como un riesgo. Recuerdo una conversación con Emma cuando le mostré por primera vez el guion de Memento, estructurado hacia atrás y todo lo demás. El guion le gustó, pero sintió que implicaba un riesgo enorme, una carga muy grande. Y pude decirle: “No, puedo hacerlo. Hay muchos cineastas que pueden hacerlo de una manera más convencional. Tener realmente algo nuevo que aportar reduce el riesgo; te da una forma de distinguirte”. Después intentamos venderlo a gente que no lo entendió, así que ella tenía toda la razón. Pero, finalmente, llegó al público, y el público lo apreció. El riesgo son los intermediarios —los financiadores, el estudio, si consigues llegar al público—, o sea no estoy haciendo ninguna predicción sobre esta película, pero en el pasado hemos sido muy recompensados por confiar en el público.

— Mientras veía la película pensé mucho en los orígenes clásicos de la hospitalidad, o la “Ley de Zeus” en la historia, y en cómo funciona en nuestra época actual, tan dividida.

— La grandeza del poema es tal que uno se acerca a estos temas como si fueran extraños y antiguos, pero, a medida que los explora, de pronto se vuelven sorprendentemente relevantes. La ley de Zeus es la Regla de Oro: tratar a los demás como te gustaría ser tratado, con el trasfondo teológico de que, en ese mundo, quien tienes delante podría ser un dios disfrazado. En ese mundo era, muy claramente, una cuestión básica de supervivencia. Si abandonabas tu casa por más de un par de días, por definición te ponías a merced de desconocidos. Era la única manera en que una sociedad podía funcionar. Eso se volvió muy importante para la película y, en cuanto empiezas a profundizar en ello, te das cuenta de que nada ha cambiado. De eso depende mantener unida la civilización, o incluso definir qué es la civilización.

— ¿Hay una enseñanza moral para que el público vea? Sobre todo presentándola como una gran película comercial.

—Absolutamente. Pero no quiero expresarla con palabras. Quiero que la gente la experimente en la película. Tengo sentimientos muy fuertes sobre cómo esta historia me conmueve en términos éticos. Espero que el público tenga esa misma sensación que tuve yo.

— ¿Esa es una de las razones por las que se sintió tan atraído por esta historia en este momento?

— Creo que sí, aunque no lo sabía cuando empecé. Como cineasta, tienes que moverte de manera impulsiva. Quería desafiarme con un tipo de narración completamente diferente y buscaba un vacío en la cultura. Pensaba en la mitología griega, en La Odisea en sí misma: ¿por qué no ha pasado a formar parte del cine moderno? Eso resulta muy emocionante como cineasta. Luego, cuando empiezas a profundizar, te preguntas: ¿qué hay aquí para hincarle el diente? La Odisea, al igual que Oppenheimer, es una gran historia porque tiene esas resonancias, esos problemas intrincados, esos dilemas éticos. Trata sobre situaciones imposibles. Eso es lo que hace que una historia sea extraordinaria.

—No es usuario de teléfonos inteligentes. ¿Se considera un tecnófobo?

— No. Me considero un escéptico de la tecnología. La razón por la que sigo filmando en película es porque representa la manera en que el ojo humano ve el mundo mejor que cualquier sistema de imagen digital que haya visto, y los he estudiado todos con muchísimo cuidado. El color analógico es diferente del color digital, así que, para mí, lo importante es que exista la posibilidad de elegir. Adopto nuevas tecnologías constantemente, pero suelen venderse a costa de sistemas que todavía pueden ser válidos y viables. Eso es lo que vi en mi industria. ¡Estuvimos a punto de perder el cine en película!

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