En el libro Errantes, Gustavo Aguilera define 1986 como el año en el que “todos fueron rockeros”. Se editó Tango que me hiciste mal, de Los Estómagos y Los Tontos grabaron su primer disco. Además, unos adolescentes desesperanzados y asfixiados por una capital gris lanzaron Montevideo agoniza. La banda se llama Traidores; sin saberlo, retrató el sentir de la época.
La dictadura había llegado a su fin un año atrás, pero aún quedaban vestigios y el rock desbancó al canto popular. Los niños que crecieron en dictadura ahora eran adolescentes marcados por la incertidumbre.
“Montevideo agoniza es, en su mayor parte, un disco de protesta, de canciones urgentes que gritan contra la represión y el aislamiento, pero es también un álbum con una cantidad de hallazgos compositivos”, escribió Andrés Torrón en 111 discos uruguayos.
Así, al igual que Bruce Springsteen invitó a bailar en la oscuridad, Traidores llenó de matices el gris del concreto montevideano.
Cuatro décadas más tarde, Traidores festeja Montevideo agoniza. En setiembre realizaron dos shows agotados en Live Era y este jueves darán otro en La Trastienda. Aún hay entradas a la venta en Passline a 1.200 pesos.
En diálogo con El País, Juan Casanova dice que el álbum les ha dado “una sorpresa atrás de otra”. “No deja de sorprendernos cómo sobrevivieron las canciones y cómo para mucha gente siguen representando algo importante”, explica. El disco fue grabado en 48 horas, algo que define como impensado en la actualidad. “Nosotros no teníamos la intención de hacernos famosos”, dice.
Antes de que se llegue a publicar, la banda tuvo que afrontar múltiples obstáculos, desde problemas de salud de uno de sus miembros hasta cambios forzados por parte de la discográfica. De 18 temas, quedaron 12. “Flores en mi tumba”, por ejemplo, fue escrita sobre la marcha.
Ahora, Casanova y Víctor Nattero se volvieron a juntar para componer y hacer música. Según Casanova, no sabe si van a lanzar un álbum o no, en un principio la idea es mantenerse independientes. “Vamos improvisando y haciendo camino al andar”, sostiene.
Lo que sí afirma es que este jueves va a ser la despedida de Montevideo agoniza, la última vez que lo tocarán de principio a fin. Como despedida, mantuvo una conversación sobre este con El País.
—¿Te sorprende la vigencia de Montevideo agoniza?
—Sí, sobre todo porque cuando lo hicimos no teníamos ni la más mínima idea de que esas canciones hechas por adolescentes desesperados iban a perdurar tanto. Nosotros vivíamos en esa agonía de que Montevideo no parecía avanzar, y hay sentimientos encontrados porque, de algún modo, esos problemas siguen presentes hoy. Creo que, en buena parte, es por eso que las canciones siguen estando en la cabeza y los corazones de muchos.
—¿Es cierto que sufrieron censura y se vieron obligados a eliminar y cambiar canciones?
—Sí, Montevideo agoniza sufrió censura y eso demoró las cosas. Tuvimos que reacomodar canciones y hacer nuevas. El disco salió sin el tema que le da el nombre, con algunos que eran lados B de nuestro material y algún otro que tuvimos que componer para salir con al menos una docena. En esa camada surge “Flores en mi tumba”, que no estaba en el original.
—¿Recordás qué pasó?
—Éramos muy resistidos y combatidos por las autoridades, ya habíamos tenido líos. Vino Alfonso Carbone (director artístico de Orfeo) y nos dijo: “Miren, la cosa es así. A los muchachos no les gustan estos temas, tenemos miedo de tener problemas. Sale el disco con cinco temas menos o no sale”. Las cosas son lo que son. Hoy por hoy no tiene sentido pensar en qué hubiera sido, se hizo todo lo humanamente posible y nos dio un disco que, además de ser importante para muchas personas, ha sido influyente para muchos colegas.
—¿Cómo se lo tomaron?
—Quedamos muy golpeados porque veníamos de épocas muy oscuras. Veníamos de una infancia marcada y adolescencia por la dictadura y después sufrimos la censura de varios temas; nuestro baterista, Alejandro Bourdillón, apenas pudo grabar por problemas de salud. Todo eso refleja lo que nos estaba pasando a nivel social, personal y como grupo humano; fue una especie de milagro. El hecho de haber transformado nuestras miserias en canciones fue un enorme rescate y no solo para nosotros; mucha mucha gente en aquel entonces sintió que pasaban lo mismo y encontró un reflejo en lo que estábamos expresando.
—Recién mencionaste “Flores en mi tumba”. ¿Es verdad que fue inspirada en una canción de David Bowie?
—Estábamos en Villa Española con Pablo Dana y Víctor Nattero. Alejandro Bourdillón estaba internado y todo era una incertidumbre tremenda. Si bien la melodía no está basada en Bowie, en el momento que la compusimos estábamos bromeando sobre cómo Alejandro Bourdillón, que si bien era nuestro baterista también era multinstrumentalista, interpretaba en el bajo un tema de Bowie. A partir de esa aproximación musical surgió todo lo demás. Víctor empezó a tocar esa guitarra que hoy es icónica. Yo agarre lápiz, papel y empecé a escribir la letra.
—¿Y cómo escribiste “Viviana es una reaccionaria”?
—Surge de un momento casual: estaba conversando con una Viviana y recordé a otra Viviana. La canción habla de que cuando es joven uno está lleno de ideales y cree que puede cambiar el mundo, y al final se termina dando contra una pared y se transforma en todo lo que odiabas.
—¿Qué sentís como adulto cuando escuchás esas canciones que escribiste siendo un adolescente?
—Que hay muchas de esas cosas que siguen en las composiciones que hago hoy. Volvimos a componer con Víctor después de 30 años y una de las letras nuevas dice: “Mil veces morí y renací de las cenizas, Montevideo te mata mientras agoniza”. Ese mismo sentimiento que teníamos de adolescentes sigue viviendo en nosotros. Las temáticas de fondo que afectan a la sociedad siguen siendo las mismas. Esa agonía en la que no terminás de morir ni salís adelante es una característica muy montevideana. A diferencia de cuando era más chico, tengo otras herramientas intelectuales y capacidades para poder contar lo que me sucede con más asertividad.
—Cuarenta años después, la lluvia sigue cayendo sobre Montevideo...
—”La lluvia cae sobre Montevideo” no es una letra extremadamente profunda, más bien describe un paisaje interior de cara a un día lluvioso. Habla inocentemente de un panorama interno que descubre que esa sensación de unos jóvenes adolescentes mirando la lluvia va a ser siempre la misma. Entonces es un sentimiento que se comparte por mucha gente, más allá de cualquier tipo de distinción arbitraria que uno quiera hacer. Cualquiera que esté mirando por la ventana melancólicamente la lluvia caer se siente de algún modo identificado con la canción y es lo que hace que cada vez que llueve se pase en todas partes.
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