Para muchos, aún es “la” película feminista y hoy, martes 14, y el lunes 20 a las 21.00, en Movie Montevideo, se podrá chequear si, 35 años después de su estreno y de volverse un fenómeno global, Thelma y Louise sigue manteniendo aquel porte de clásico subversivo y transgresor.
La historia de dos mejores amigas sureñas (Geena Davis y Susan Sarandon), huyendo en un Ford Thunderbird 66’, tanto de la ley como de hombres opresores, fue un éxito moderado en su estreno inicial en Estados Unidos en mayo de 1991 (aquí, de acuerdo al sitio Cinestrenos, llegó en el siguiente febrero), pero hizo furor en Europa, quizás por la rebeldía poco usual para un producto hollywoodense.
El ruido no demoraría en llegar a Estados Unidos: fue la cinta más alquilada en VHS de 1992, superando, por ejemplo, a Terminator 2: Juicio final.
La idea de Thelma y Louise parte de la libretista Callie Khouri, que ganaría el Oscar a mejor guion original (en sus otras cinco nominaciones la película perdió contra El silencio de los inocentes y JFK), en un intento de retratar su alocada amistad con la cantante country Pam Tillis.
Iba a estar protagonizada por Michelle Pfeiffer y Jodie Foster, pero ambas tuvieron que abandonar el proyecto para hacer, respectivamente, Love Field y, precisamente, El silencio de los inocentes, por la que Foster le ganaría el Oscar a mejor actriz a Sarandon y Davis. Meryl Streep y Goldie Hawn fueron consideradas para los roles, pero el director Ridley Scott iría por Sarandon y Davis.
El elenco masculino, por su parte, hoy tiene cierto sabor “tarantiniano”. Pocos meses antes que Quentin Tarantino hiciera explotar el Festival de Sundance con Perros de la calles, Scott ya reunía al recientemente fallecido Michael Madsen, en el rol del novio de Louise (Sarandon), con Harvey Keitel (con quien Scott ya había trabajado en su ópera prima, la excelente Los duelistas), para interpretar a Hal, el detective que persigue a las protagonistas.
Thelma & Louise es, en ese rubro, la película que lanzó al estrellato a Brad Pitt. El actor, que interpreta a J.D., el estafador que cautiva a Thelma (Davis), se quedó con el papel por encima de otros jóvenes prometedores de entonces como George Clooney, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr., River Phoenix o William Baldwin. El carisma y la belleza ante cámara de Pitt es algo indudable, y ya se podía ver desde el primer momento en que asoma en el espejo retrovisor del Thunderbird, mientras Thelma se maquilla.
Una película con un montón de ideas
Además de ser una “road movie”, la película siempre ha tenido aroma de western, sobre todo gracias a sus locaciones en California y Utah (con ese final en el Gran Cañón del Colorado), y la banda sonora de Hans Zimmer, en la que se hace notar la guitarra de Pete Haycock.
También hay algo de esa esencia del “nuevo Hollywood” de fines de la década de 1960 y principios de la de 1970, especialmente en ese cariño al criminal y subversivo que todos llevamos dentro, y hasta el título se puede ver como un homenaje a las seminales Bonnie y Clyde, Butch Cassidy and the Sundance Kid o Harold and Maude.
Thelma y Louise es la última “gran” película de Ridley Scott, por más que Gladiador tenga sus fieles que la veneran como clásico moderno o que Tarantino considere La caída del halcón negro como lo máximo a nivel cinematográfico en lo que llevamos de siglo.
Scott, un sobresaliente artesano (aunque no necesariamente un autor), siempre dispuesto a filmar lo que sea que tenga en frente de la mejor manera, ya había demostrado interés en la fuerza femenina en Alien: el octavo pasajero, con la teniente Ripley de Sigourney Weaver, y volvería a intentarlo unos años más tarde con resultado mediocre en Hasta el límite, con una rapada Demi Moore como una aprendiz de soldado.
Pero allí no estaban la conjunción de la notable potencia visual del director, el empoderado y rebelde guion de Khouri, ni Davis y Sarandon: todo eso hace de Thelma y Louise un verdadero clásico de su época.
Si bien la venganza de las protagonistas contra los hombres que se encuentran en su camino se ha vuelto un hito del poder femenino en el cine, Thelma y Louise es, por encima de todo, una gran oda a la sororidad y a la amistad entre mujeres.
Y están, claro, esos segundos finales con su “sigamos… vamos… arranca” de Thelma. La sonrisa y el beso de Louise. La corrida desesperada del teniente. Un apretón de manos. Una foto que se la lleva el viento. Un auto volando desde un precipicio. Y corte a blanco.
Un gran final que dejó a los espectadores llenos de preguntas. Algunas capaz que se pueden responder al volver a verla, 35 años después y con tanta agua que ha pasado bajo el puente.
Juan Manuel Fábregas
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