El mito de Frankenstein volvió al cine este jueves, pero con una reversión que pone el foco en la mujer. ¡La Novia!, escrita y dirigida por Maggie Gyllenhaal, propone una relectura radical: darle voz a un personaje que históricamente no la tuvo.
Ambientada en la Chicago de los años 30, la historia sigue a Frank —el monstruo interpretado por Christian Bale— y a La Novia —Jessie Buckley— en un romance fuera de la ley que deriva en violencia, revolución cultural y un cuestionamiento profundo sobre identidad y autonomía femenina. El resto del elenco se completa con Penélope Cruz, Peter Sarsgaard, Annette Bening y Jake Gyllenhaal, entre otros.
La película mezcla drama de época, ciencia ficción, romance trágico, números musicales y una energía punk que atraviesa toda la puesta en escena. No es una adaptación literal, sino una reinterpretación autoral que interroga el mito desde el presente.
En diálogo exclusivo con La Nación, los protagonistas y la directora hablaron del riesgo y la presión de reinterpretar un ícono cinematográfico.
Jessie Buckley: la entrega de la nueva "novia de Frankenstein"
A los 36 años, Jessie Buckley atraviesa uno de los momentos más potentes de su carrera. Ganadora del Globo de Oro, del Critics’ Choice Award y de un Bafta, se espera que su nominación al Oscar como mejor actriz por su interpretación de Agnes en Hamnet le de una victoria.
Reconocida por su intensidad escénica y su capacidad de asumir riesgos interpretativos como en Beast, Wild Rose y Ellas hablan, en este nuevo film enfrenta un doble desafío: interpretar a Ida —la mujer asesinada— y luego a La Novia, una criatura que renace con conciencia y desobediencia.
La irlandesa, que ya había trabajado con Gyllenhaal en La hija oscura, suele decir que para aceptar un papel necesita sentir un leve vértigo. “Cuando leí por primera vez el guion fue algo completamente distinto a todo lo que había leído antes”, contó. Pero el proceso no fue inmediato. “Maggie me lo envió cuando yo estaba terminando otra película. Me llevó casi dos semanas sentarme a leerlo. Ella me decía: ‘¿Ya lo leíste?”, recordó entre risas.
Sabía que sería “un viaje intenso y brillante” y que necesitaba crear el espacio adecuado para enfrentarlo. Cuando finalmente lo hizo, la reacción fue inmediata: “Había un pulso humano tan audaz dentro de ese lenguaje, sentía que era un lenguaje nuevo. No tenía idea por dónde empezar”.
Esa incertidumbre, lejos de paralizarla, la impulsó. “Sabía que necesitaba ese lenguaje. Quería entender qué podía ser eso dentro de mí, pero también entre nosotras. Contar esta historia como colaboradoras. Contar la historia de una mujer descubriéndose a sí misma en el mundo. Fue electrizante leer el guion”.
En esa electricidad se sostiene su personaje: una mujer revolucionaria que no acepta haber sido creada para satisfacer la soledad de otro y decide explorar su propia identidad.
La transformación de Christian Bale: cómo volverse monstruo
Christian Bale vuelve a hacer lo que mejor sabe: transformarse. Oscarizado por El ganador y reconocido por transformaciones físicas extremas —desde la delgadez impactante en El maquinista hasta la musculatura de Batman— vuelve a sumergirse en un rol de alta intensidad. Bajo capas de maquillaje y prótesis, construye un Frankenstein que es a la vez monstruoso y humano.
En ¡La Novia!, el desafío fue tanto físico como emocional. “Cualquier cambio físico siempre comienza con un cambio mental. Si alguna vez hacés ejercicio, sabés que es menos un ejercicio físico y más un ejercicio de fuerza mental para no rendirte”, dijo a La Nación.
En esta versión, el cuerpo del monstruo no podía construirse solo con dieta o entrenamiento. “Para interpretar a Frank, no podía ‘hacerme crecer’ yo mismo”, dijo. La imagen que lo inspiró fue la de Sid Vicious bajando escaleras con una chaqueta blanca cantando “My Way”: demacrado, eléctrico y desproporcionado.
Llegar al resultado final fue complejo. Desde el departamento de vestuario liderado por Sandy Powell —que le proporcionó elevadores de casi 13 centímetros que tuvo que aprender a usar para modificar su altura sin perder naturalidad— hasta el equipo de maquillaje de efectos especiales que pasaba horas cada día construyendo el rostro y el cuerpo de Frank.
El diseño incluyó 25 piezas prostéticas aplicadas diariamente, 11 solo para cabeza y rostro, dentaduras y dispositivos especiales. El proceso podía extenderse hasta siete horas por jornada. “Les doy tanto crédito a ellos como a mí mismo por el resultado final”, dijo.
La referencia inevitable es Boris Karloff, el rostro clásico del monstruo. “Disfruto sentir ese tipo de presión, especialmente cuando estás lidiando con alguien tan icónico como Boris y con los fanáticos del libro de Mary Shelley. Espero que quienes vean la película coincidan en que logré abrirme camino sin imitar, pero sí dando un guiño, un saludo de respeto”.
Respecto a la química en pantalla con Jessie Buckley, Bale confesó: “Es una de las actrices más talentosas que existen. Fue dinámica desde el primer momento. Le interesa mucho la posibilidad de humillarse a sí misma, como a mí”. Y destacó su valentía: “Hay que empujar el límite yendo más allá de él, ir por ello al 2000 por ciento, y ella lo hizo”.
La curiosa inspiración de la que nació "¡La Novia!"
Maggie Gyllenhaal, nominada al Oscar como actriz por Loco corazón y reconocida por trabajos en La secretaria, Batman: el caballero de la noche y la serie The Honourable Woman, consolidó su perfil autoral con La hija oscura, que obtuvo tres nominaciones al Oscar. Con ¡La Novia! profundiza en esa mirada de realizadoral.
La directora encontró el origen de la película en una imagen inesperada: un tatuaje de Elsa Lanchester como la novia de Frankenstein en el antebrazo de un hombre. “Lo vi y pensé que podía ser un vehículo para lo que quería contar”, le dijo. Al revisar la película original, descubrió que el personaje apenas aparece unos minutos y no tiene voz. “Es una buena película, claro. Pero no se meten en absoluto en ella. Gran parte de la mitología de Frankenstein trata sobre cómo pudieron hacerle eso a él: fue abandonado, no tiene voz ni voto. Pero no ocurre lo mismo con ella. Incluso en el libro, cuando Frank pide: ‘Por favor, haceme una compañera, estoy tan solo’, nadie piensa: ¿y ella?”
Ahí encontró el conflicto. “Me gustó ese rompecabezas. Es un pedido comprensible por parte de él, pero también es un problema. Entonces pensé: entremos en el problema. Me pareció un lugar dramático muy interesante desde donde empezar. Para darle voz y un camino propio”.
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