La actriz que aceptó papeles por miedo a desaparecer de Hollywood hoy brilla en un esperado estreno de terror

Se consolidó como una de las nuevas reinas del terror con "Boda sangrienta" y ahora redobla la apuesta con su secuela, que llega hoy a salas, la encuentra en un momento bisagra de su carrera.

 Samara Weaving en una escena de la película "Boda Sangrienta 2".
Samara Weaving en una escena de la película "Boda Sangrienta 2".

En la cabeza de Samara Weaving suena una sinfonía de canciones tristes. “Holocene”, de Bon Iver. “Bass Boat”, de Zach Bryan. “Blue Eyes”, de Cary Brothers. “Iris”, de Goo Goo Dolls. Todas suenan en loop mientras entra en una especie de trance melancólico. Los ojos se le llenan de lágrimas. Entonces aparece una asistente, le saca los auriculares y el director dice “acción”. Weaving cambia de inmediato al grado de desesperación que exige la escena.

“Me condicioné sola, como el perro de Pavlov”, dice sobre su playlist para ponerse triste”. “Si escucho cualquiera de esas canciones en cualquier lado, me largo a llorar”.

En pantalla, Weaving suele estar al borde del colapso. En los últimos años, la actriz australiana, de 34 años, se consolidó como una de las scream queens de referencia dentro del cine de género, con títulos como Guns Akimbo, Mayhem, Borderline y Eenie Meanie. Y claro, Boda sangrienta, la única que se estrenó en Uruguay y de la que este jueves se lanza la secuela.

“Me resulta extrañamente terapéutico. Podés hacer cosas socialmente muy inaceptables, como gritar o golpear gente”, dice. “Al final del día termino agotada, pero también pienso: ah, mirá, ya no me queda rabia adentro. Se consumió toda”.

Está a punto de dar a luz sus dos proyectos más recientes: Boda sangrienta 2, que llega a los cines este jueves, y su primera hija, fruto de su relación con su marido, el guionista y director Jimmy Warden, prevista para comienzos de abril. “Eso es lo aterrador de lo desconocido, ¿no?”, asegura. “Se viene muchísimo cambio”.

Cuando viajó a Los Ángeles para su primer callback importante en Hollywood -el papel de La niñera en 2017- reservó dos semanas en un motel barato que, visto desde lejos, parecía aceptable. En realidad, dice, “era bastante tétrico”.

“Tenía una habitación chiquita, con alfombra marrón llena de manchas muy sospechosas. De noche quedaba clarísimo que ese era un lugar donde se encontraban trabajadoras sexuales, y yo bajaba a recepción a preguntar si tenían impresora para que me imprimieran las escenas de la prueba de química”, cuenta.

Esas escenas se usan en audiciones para medir el ida y vuelta entre posibles coprotagonistas.
Diez años después, ese mismo complejo motelero en West Hollywood fue transformado en San Vicente Bungalows, un club exclusivo con cuotas anuales de varios miles de dólares, del que hoy Weaving es socia. Ahí transcurrió esta entrevista. Su antigua habitación mugrienta, cree, hoy es una sala privada de proyecciones.

“Es la historia más hollywoodense posible, en realidad”, dice, mientras come una ensalada y toma un matcha helado con leche de avena.

Hay cierta ironía en ese escenario sofisticado, considerando el mensaje antielites de las películas de Boda sangrienta (Ready or Not). Allí interpreta a Grace, una outsider cuya familia política millonaria la persigue en un juego mortal de escondidas durante la noche de bodas. Grace sobrevivió a esa primera prueba y la secuela arranca a la mañana siguiente, cuando se revela que su victoria activó un segundo juego: ahora tendrá que enfrentar a un nuevo grupo de multimillonarios que compiten por el control del mundo.

Para Weaving eso significó otro rodaje físicamente agotador: correr, llorar, gritar y terminar empapada en sangre falsa a cada paso. “Es agotador verla”, dice Sarah Michelle Gellar, que en la secuela interpreta a una multimillonaria sedienta de sangre. “Todos los días le decía: ‘Menos mal que vos sos la número uno en el plan de rodaje’”.

Sin límites a la hora de construir personajes

Weaving suele interpretar personajes con algo salvaje: mujeres dispuestas a incendiarlo todo, sin preocuparse por expectativas ni apariencias. En las dos películas de Boda sangrienta pasa casi todo el tiempo con un vestido de novia roto y cubierto de sangre. El pelo apelmazado. Los ojos oscilando entre el derrumbe nervioso y la determinación. Convoca gritos guturales, escupe con furia y ejecuta secuencias de pelea complejas. “Conocerla es saber que la vanidad no forma parte de quién es”, dice Gellar.

La primera entrega de Boda sangrienta recaudó casi diez veces su modesto presupuesto de seis millones de dólares en la taquilla mundial en 2019 (hoy está en Disney+). Y sus directores, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, quisieron subir la apuesta en la secuela después de ver todo lo que Weaving podía dar en el set.

“Sabíamos de lo que era capaz en lo dramático y también como actriz física, y queríamos potenciar ambas cosas”, dice Gillett. Pero, agrega, también tuvieron que ponerle límites a lo que estaba dispuesta a soportar: “Hay que decirle cuándo parar a respirar, porque no tiene interruptor. Puede seguir y seguir y seguir”.

En los papeles, Weaving tiene algo de Barbie: rubia, ojos celestes, cuerpo estilizado. Pero nunca, según dice, le tocaron los roles de chica del momento ni de protagonista romántica clásica. Su gran oportunidad llegó con La niñera, donde su personaje parece una fantasía masculina, hasta que al final del primer acto le clava dos cuchillos enormes en la cabeza a un adolescente y se revela que forma parte de un culto satánico.

“Es la actriz más valiente con la que tuve el privilegio de trabajar, increíblemente inteligente”, dice el director McG. “Es magia embotellada”.

Los actores que más admira son Helena Bonham Carter, Patricia Arquette y Benicio del Toro: intérpretes “un poco raros” y que “toman decisiones extrañas”, dice.“También amo a los directores que pueden reconocer: ‘Ah, Sam es un poco rara. Dejémosla ser rara’”.

En un correo electrónico, Margot Robbie dijo que esa rareza es “probablemente lo que más le gusta” de ella.

Samara Weaving interpreta a Grace Le Domas en la saga "Boda sangrienta".
Samara Weaving interpreta a Grace Le Domas en la saga "Boda sangrienta".

Ambas actrices se hicieron muy amigas y suelen ser comparadas por su parecido físico. “Nuestros maridos, si toman lo suficiente, se confunden”, dice Weaving. “Mi celular piensa que soy ella en las fotos”.

También compartieron escenas en Babylon, donde Weaving interpreta a una actriz aspirante opacada por el personaje desbordante de Robbie. Durante ese rodaje sufrió,dice, “la migraña más brutal de toda mi vida”. Aun así, Robbie asegura que Weaving “tiene esa ética de trabajo australiana: arremangarse y hacerlo igual”: “Llegó al set y dio el 150 por ciento, a pesar de lo mal que se sentía”.

Después de Boda sangrienta 2, Weaving estrenará Over Your Dead Body, una comedia negra junto a Jason Segel, y más adelante este año Carolina Caroline, un thriller criminal con aire de Bonnie y Clyde. Los tres proyectos marcan un pequeño cambio para ella, que reconoce haber aceptado antes películas que no la entusiasmaban del todo por miedo a “no saber si iba a volver a trabajar”. “Ahora es o un sí absoluto o un no absoluto”.

Dice que después del nacimiento quizá se tome un descanso de la actuación. O quizá no. “Si esa película de guerra aparece un mes después de que nazca mi hija, voy a tener que hacerla”, dice. “Si aparece algo increíble dos meses después del parto, voy a pensar: ‘Bueno, habrá que volver rápido a estar en forma’. O quizá diga: ‘No, quiero dejar todo’”. Por ahora, resume: “Voy a seguir tras esos sí rotundos”.

(Ashley Spencer/The New York Times)

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