El 5 de mayo cumplió 35 años pero muchos creen que tiene más. Gastón “Rusito” González hizo de todo en poco tiempo. Debutó en televisión con ocho años: su padre “Bananita” González lo llevó para un especial del Día del Niño a Dale con todo (Canal 10), cautivó a la producción y terminó haciendo sketches. Se convirtió en estrella de Canal 4 con menos de 30, protagonizó varias obras y salió Figura Máxima del Carnaval a los 32 gracias a su interpretación de Ariel “Pinocho” Sosa en Zíngaros.
Hay más. A los 18 perdió su casa y le tocó madurar de golpe. Se disfrazó hasta de preservativo para sobrevivir. Dice ser adicto al Carnaval y confirmó a Sábado Show que en 2027 regresará a la murga: dará Prueba de Admisión con La Justa, dirigido por Martín Angiolini y con un gran plantel. También se sumó a la taquillera La obra que sale mal -va los viernes en el Notariado; las entradas se compran en Redtickets- para reemplazar a Leo Pacella, un reto tan arriesgado como exigente. Del amor de la gente, las polémicas en Carnaval, por qué falló la parodia de Mujica, su nuevo proyecto con Luis Alberto Carballo, y más habló a corazón abierto en esta nota.
—Tus 35 coincidieron con un implante capilar. ¿Por qué decidiste hacerlo?
—María, la que me operó, pasó tres años insistiéndome. Un día mi hija me dijo, 'papá, qué pelada'. No sé por qué me marcó y me decidí. Te levanta la autoestima.
—Una televidente te llevó una torta a Canal 4 el día de tu cumpleaños. ¿Qué otras demostraciones de cariño te han sorprendido?
—Este Carnaval hubo dos. Un nieto me dijo: “Mi abuela tiene Alzheimer y solo te reconoce a vos en la tele”. Me destrozó. Una noche, se me acercó un señor con tapaboca en el 1° de Mayo y me dice: “Me estoy despidiendo de la vida y quiero agradecerte. Me hiciste muy feliz”. Nada material puede superar esas palabras.
—Aparentás más edad de la que tenés. ¿Perder tu casa con 18 años te hizo madurar de golpe?
—Sí, porque te enfrentás a un mundo que depende de vos. Nunca me faltó un plato de comida, pero tener deudas y estar atrás del peso fue complicado. Agradezco porque te hace más fuerte, pero a veces pienso, ‘¿y si agarraba la otra ruta?’ Por suerte siempre tuve la meta de ser artista y fue un impulso.
—¿En qué te marcó?
—Tengo miedo a que mis hijas se queden sin techo. Tengo una obsesión con tener una casa y todavía no lo he logrado. No es una meta o un sueño, lo mío es miedo a repetir eso.
—¿Lo has tratado en terapia?
—No. Fui una vez al psicólogo en pandemia y lo toqué por arriba. Lo trato conmigo mismo, soy consciente de eso y creo que es un gran paso.
—¿Por qué dejaste el psicólogo?
—Porque estaba caro, mi hija usaba pañales y tenía que recortar.
—Querías ser profesor de historia pero te tocó salir atrabajar de joven. ¿Sigue pendiente o ya lo descartaste?
—Me hubiese encantado pero ya lo descarté. Está en el basurero de mi carrera emocional.
—Tuviste varios trabajos e incluso estuviste adentro de un muñeco de los Tatitos ¿Cuál fue el más insólito?
—Vestirme de preservativo para una marca muy conocida. Le ponía una onda bárbara. Trabajé mucho tiempo de muñeco en la Marcha de la Diversidad: iba vestido de Tabaré Vázquez, Monseñor Cotugno y de preservativo también.
—Arrancaste haciendo bolos en Dale con todo, después vino Loco de vos (Canal 10), hasta que Carballo te abrió las puertas de Canal 4. ¿Fue así?
—A los 19 años hice Con un caño (Canal 4) y duró tres meses. Al tiempo Carballo me dice, 'me voy de vacaciones, ¿te animas a hacerme la suplencia del 0900?' Pegué buena onda, empecé a suplantar panelistas y Luis dijo, 'tiene que quedar fijo'. Y ahí arreglé con la productora Sinapsis.
—Es curioso porque era tu ídolo de niño...
—Sí, y le agradezco siempre. Es como un padre para mí. En el segundo semestre vamos a estrenar en La Alianza The loop, una comedia francesa delirante y linda que ganó muchos premios. Es producción de Diego Sorondo; también actúan Flor Infante y Danna Liberman. Estamos copados de volver a trabajar juntos.
—Siempre te vemos bien arriba. ¿Has tenido ganas de dejar todo?
—Sí, me ha pasado. Me dura dos horas porque amo todo esto. A pesar de la experiencia, no dejo de tener la revolución juvenil de querer hacer cosas; a veces no llegan, eso te genera ansiedad, dudas y digo, ‘largo todo’.
—¿Qué es lo que querés y no llega? Porque has hecho de todo...
—Uno siempre tiene que querer algo. Para mí las metas son el motor. Me gusta vibrar. Mi meta hoy es hacer una serie.
—¿Vas a castings?
—Voy, pero no me llaman mucho. Por salir en la tele nos tienen como pavotes pero a mí me gusta lo serio. Hice un casting para la serie Margarita (Max) y no quedé.
—¿El Carnaval te ha llevado a zonas más oscuras? La competencia...
—Es tóxica. Lo que viví en Carnaval no lo vivo en otro ámbito: el amor con la gente, la adrenalina pura, actuar en un tablado que armaron los vecinos. No pasa en ninguna parte del mundo. Lo defiendo, lo amo tanto, lo cuido y quiero que crezca más, porque es mágico.
—¿Pero es un poco tóxico o no?
—Lo amo pero vas creciendo y te vas dando cuenta de que es raro ponerle puntaje al arte. Soy parte de eso y me encanta. No tengo nada para criticar. Cuando gané, lo festejé y cuando perdí me tuve que callar la boca. Pero entrás en ese juego.
—¿Te has enojado?
—No, me han dolido cosas. Puede gustar más o menos, pero siempre di todo. Cuando empecé a ver que miraba el espectáculo de un colega en modo concurso pensé, ‘¿quién soy yo para ponerme entre el público y el artista y decir, no se pueden reír con esto?’ También es cierto que el concurso es la inyección, la droga que queremos y disfrutamos.
—¿Cuándo te dolió más?
—Cuando empiezan a hablar sin saber, a especular. Yo soñaba ser esossuperhéroes que veía de chico (Carballo, Pinocho Sosa) pero tiene su costo. Las miradas del conjunto van siempre a vos: porque hiciste mucho, hiciste poco, hasta cuando das una nota. ¿Me estás cuestionando a mí que he perdido hasta parejas y trabajos por Carnaval? Amo Carnaval con mi alma. Hace 11 años que estoy fijo en televisión y no dejé de salir, más allá de que me pagan. Empiezan a especular: 'Vos elegiste'. Y la mayoría de los espectáculos no los elegí.
—¿Quién lo dice? ¿La prensa?
—Hay un micromundo que respeto y quiero porque es parte. No me enojo. Te pega, pero nunca salté porque respeto la opinión. Si cuando me elogiaron no los llamé, tampoco lo voy a hacer para increparlos. Me subo al escenario a hablar de libertad, y cuando bajo no voy a actuar diferente. Pero veo páginas de X controlando si habla más o menos el cupletero. Te puede gustar o no, pero cómo vas decir que eso no es murga.
—Has dicho que no vas a salir y al final siempre volvés. ¿Por qué?
—Porque me puede. Cuando tenía 13 años mi vieja me dijo: “Estás enfermo de Carnaval, te voy a llevar al psicólogo”. Y me doy cuenta de que tengo una adicción; a veces trato de controlarla porque no quiero que me haga mal ni hacer mal. Ojo, mi adicción fue siempre sana. Nunca le hice mal a nadie. He perdido y me callé la boca. He felicitado. He escuchado que dicen cosas personales de mí y nunca fui a encarar a nadie. Lo artístico te puede gustar o no, pero sí estoy seguro de que soy un buen tipo.
—Lacalle Pou te felicitó después de ver tu imitación. ¿Mujica te hizo alguna devolución de su parodia?
—No llegué a hablar con él. Nosotros queríamos ir por otro lado. En los tablados tuvo mucha aceptación pero en el Teatro de Verano no. Yo no quería imitarlo porque estaba muy marcado: Marcel Keoroglián y Martín Cardozo lo hacen bárbaro. Era buscar por otro lado, no se entendió, y ya está.
—¿Quedaste conforme?
—Para nada. Mucha autocrítica. Me amargué conmigo pero no quise salir a decir nada. Es parte de la vida.
—¿La autocrítica cuál es?
—Le erré en la forma. Era por otro lugar. No encontré el juego. Pasaron cosas en el camino y uno aprende. La historia era otra. Capaz que también le erré al tirar la idea y no era el año para hacer ese personaje.
—¿Cómo quedó el vínculo con Zíngaros? ¿Volverías a salir en el conjunto de Gastón Sosa?
—Tengo una muy buena relación con Gastón. Capaz que no salgo más, capaz que no me llama más o yo tampoco voy, no digo ni que sí ni que no, pero nos unirá para siempre haber actuado la parodia de su padre y que él haya subido al escenario conmigo. Hay algo más que lo generó la parodia. Fue muy fuerte meterme tanto en el seno familiar.
—¿Dónde vas a salir en 2027?
—En La Justa. Amo la murga. Me crié en la bañadera. Ahora es cool pero antes era vino cortado, botellas que volaban en los fallos, dormirme en un boliche con mi viejo. No es solo cantar, es una manera de vivir.
—¿Te queda algo pendiente en Carnaval?
—Sacar un conjunto y se va a dar. Todos los años dicen que saco Los Klapers o Los Walkers. He charlado con amigos, hubo años que estuve más cerca, pero nunca confirmé.
—Te sumaste a la quinta temporada de La obra que sale mal para suplantar a Pacella. ¿Qué te sedujo?
—Ese fue el desafío más grande. Pache lo viene haciendo hace cinco años, es una obra de error y a él le queda muy natural. Es el mejor. Me habían llamado para hacerla desde el principio pero era Carnaval y no acepté. Estrenaron y fue un éxito rotundo. El año pasado pensaron en mí porque Pacella se bajaba y acepté. Estoy feliz. Es una obra sin desperdicio, con el nivel del humor inglés.
—Tiene humor físico, ritmo de sitcom y la dificultad de actuar mal sin equivocarse. ¿Cuál fue el mayor reto?
—Aprenderme la letra en dos semanas. Lo saqué gracias a Flor, la asistente de dirección. La comedia es una partitura y acá tenés que desafinar para generar la risa.
—¿Te pasado de estar en una obra donde sale todo mal?
—Me pasó en unas vacaciones de julio, con Pateando lunas en el Metro. Se cayó la escenografía y el camarín quedó al descubierto. Fue horrible.
—¿Te da miedo que todo el éxito se acabe? ¿Lo pensás?
—Es inevitable pero si pensás te trancás. Hay que disfrutar mientras dura. Estamos en el bolillero. No sabemos qué pasará mañana. Nuestra vida, que es lo más importante, se termina. Así que saquémosle jugo.
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