Pudo haber sido camionero, chef o ingeniero en Alimentación, pero lo que jamás imaginó Gastón Carbajal (39) fue que terminaría viviendo de un personaje. Así de amplio era el abanico del creador de Waldemar, a quien hoy pasea por Polémica en el bar (Canal 10), La aldea (TV Ciudad) y La mesa de los galanes (Del Sol). En su casa sonaba día y noche CX 20 Monte Carlo y se acercó a la radio comunitaria de Punta de Rieles, su barrio, con el deseo de conducir un programa de rock. No prosperó: en esa frecuencia solo cabía la cumbia.
La historia empezó a cambiar una madrugada de 2012. Encontró a su abuela Mabel escuchando Locos por el fútbol, intercambió mensajes con Adrián Mozzone y poco después terminó en AM Libre. En ese estudio nació Waldemar, inspirado en varios vecinos de su barrio, con el fin de hacerse pasar por un oyente, ya que a esa hora no llamaba nadie. El chiveo se convirtió en un trabajo formal y también en una marca. Waldemar es su sello y ahora lo llevará al Mundial por primera vez con Nunca favoritos, el ciclo que conducirá junto a Daro Kneubuhler por Canal 10. Mostrarán el color y la fiesta de la Copa del Mundo desde el 13 de junio; irá los viernes post Polémica en el bar y los sábados a las 21. El estreno es la excusa para conocer mejor a la persona detrás del personaje.
—Te criaste en una cooperativa de viviendas en Punta de Rieles jugando a la pelota, ¿con qué soñabas de niño?
—Era el payaso del grupo, pero quería ser camionero porque veía pasar los camiones en la ruta. No era consciente de que quería hacer radio, pero escuchaba todo el día Monte Carlo, La venganza será terrible y Justicia Infinita. En mi barrio había una radio comunitaria; yo iba a mosquear y me encantaba. Quise hacer un programa de rock, pero era todo cumbia. También quise ser ingeniero en Alimentación porque me iba bien en química. Me anoté, pero duré poco. Tampoco pude terminar la facultad de Comunicación; hice la UTU. Y también estudié vitivinicultura y cine.
—¿La capoeira también está presente desde la niñez?
—Mi tío Eduardo descubrió la capoeira en Brasil, se metió en la academia Mucumbé, yo lo iba a ver a unos eventos y después empecé a hacer. A la madre de mis hijos la conocí ahí, así que sigo siendo de la familia porque se forma una hermandad. Dejé de entrenar, pero en mi casa sigo tocando el pandeiro.
—Vivís solo desde los 19 y has dicho que tu mayor logro es mantenerte por el fruto de tu trabajo. ¿Cómo te ganabas la vida?
—Mi tío y mi abuela eran cocineros y estudié gastronomía en paralelo al liceo. El primer trabajo fue con mi tío en eventos. Después pasé al bar de la terminal de Río Branco y hacía de 22:00 a seis de la mañana. Trabajaba atrás de la barra y me enseñaron a servir copas y sacar pizzas. Un día, el maître del Palenque me invitó a probarme y fui a trabajar al Mercado del Puerto. Se me abrió un mundo: había turistas y alta gastronomía.
—¿Cuándo y cómo entrás a los medios? ¿Quién te dio la primera oportunidad?
—Adrián Mozzone. Una madrugada de 2012 llegué a mi casa de hacer capoeira y mi abuela estaba acostada escuchando Locos por el fútbol. Empecé a mandarle mensajes con chistes al celular de Adrián. Él no los leía al aire, los respondía. Un día me dijo: “Venite”. Fui hasta la 1410 AM, al otro día volví con mi computadora y así empecé. Producía y hacía personajes por teléfono porque a las tres de la mañana no llama nadie. Abríamos los teléfonos e inventábamos voces.
—Waldemar nace ahí. ¿Por qué lo bautizaste así?
—Fue inconsciente y después me di cuenta de que lo saqué de la capoeira. En Bahía había un mestre que se llamaba así. Era analfabeto, luthier y muy pícaro. Era un nombre poco común, de barrio y acá hay varios Waldemar.
—Sacaste piques de los oyentes de la Sport 890 y de tus vecinos para componerlo, ¿no?
—Ellos hacían Usted bobina, una parodia de ¿Usted qué opina?, el programa de Sergio Gorzy. Lo empecé a escuchar y me di cuenta de que el oyente de la Sport estaba buenísimo, así que los empecé a imitar. Además, cuando me lo imaginé era el papá del Carly, un vecino que andaba en una bici llena de flecos y banderines. Flaquito, vestido todo embolsado. Sabía de todo, pero nadie sabía bien qué hacía.
—El personaje ganó popularidad cuando llegaste a Del Sol, pero al principio no salías al aire con él, ¿no?
—Yo no quería hacerlo, pero me contrataron para producir La mesa de los galanes y atendía muchas llamadas. A los que llamaban medio agresivos les hacía el personaje. No entendían nada y salían al aire mansos. Un día el Piñe me dijo: “¿Qué les hacés?”. Le conté que les hacía chistes y me respondió: “Hacelo al aire”. Me daba vergüenza porque ahí estaban el Tío Aldo, Campiglia y Darwin.
—¿Cuándo le ponés vestuario?
—La primera vez fue en un móvil para entregar juguetes en el Pereira Rossell. Me puse una peluca brillante y un gorro, pero salí vestido normal. Después, para la obra El orejón del tarro con Camilo Fernández, lo vestí. Compré la campera en la feria por 100 pesos, una amiga me hizo el pantalón y una de las camisas me la regaló el “Negro” Claudio.
—¿Alguna vez imaginaste que ibas a vivir de este personaje?
—Nunca. Lo hacía porque me divierten mucho los personajes en radio. Te permiten jugar al absurdo. Hoy que todo es tan cuidado, los personajes te dan otra libertad.
—¿Sentís que construiste una marca?
—Sí. Nadie me dice Gastón, ya lo asumí. Soy mucha entrega y poco talento, entonces lo laburé mucho. Estudié impro con Danna Liberman y uno de los ejercicios era entrevistar al personaje: qué come, qué hace, cómo es su mesa de luz. Así construí un mapa semántico de su vida.
—¿Qué fue lo más loco que viviste con Waldemar?
—En la Copa América 2024 estaba caminando por Charlotte cuando una mujer con acento ecuatoriano me reconoció. Me abrazó como si fuera un primo. Hizo una videollamada y apareció el marido, un uruguayo fanático de La mesa. Se escapó del trabajo para venir a saludarme. Gustavo Garzón me habló como si me conociera y me contó que Ronnie Arias escuchaba el programa porque vivía en Colonia. Y también me llegó a escribir Gastón Pauls.
—¿Cómo llegás a Canal 10?
—Me llamó Pablo Cancela, productor de Zur Films. Ya había querido llevarme antes, y cuando Polémica viró más hacia el entretenimiento me ofrecieron sumarme para hacer una especie de Minguito.
—¿Cómo te sentís en Polémica y qué es lo que más disfrutás?
—Me siento cómodo porque me dejan proponer. A veces sale bien y otras mal, pero lo hago. Disfruto mucho del grupo humano. Nos llevamos bien y por cualquier excusa hacemos un asado. Julio Ríos está demás, es la estrella.
—¿No te da miedo encasillarte?
—Sí. En Canal 10 y TV Ciudad me han dicho que piense cosas para hacer como Gastón. Lo voy a hacer en algún momento, pero por ahora me queda cómodo y me divierte. Además, en Polémica le encontré una vuelta más sesuda al personaje. Si viene un político tengo que estudiar para hacerle un chiste. Te obliga a saber.
—¿Los políticos lo reciben bien?
-Sí, aunque lo medís. Mercedes Vigil no tenía mucha onda, le tiré una sola, la recibió más o menos y la dejé por esa. No es mi trabajo pelear. Trato de que se sientan cómodos porque muchos les tienen miedo a los medios.
—¿Te dan ganas de hacer otro personaje o stand up?
—Stand up no me gusta, pero otro personaje sí. Estoy armando cosas para sketches y videos. Compré pelucas, escribí algo y le estoy buscando el cuerpo.
—¿Esperabas ir al Mundial?
—La verdad es que la buscamos a morir con Daro. Tenía la experiencia de la Copa América y quería agregarle un programa de viajes, con ruido y color. Falta una propuesta así. Hoy todo es muy aesthetic. Yo quiero que haya fiesta. Presentamos la idea y nos dijeron: “Si la producen y la pueden pagar, bienvenida”. Salimos a venderla, conseguimos apoyos y vamos a trabajar con Zur. Somos nosotros remándola. Además voy a hacer cosas para Del Sol, Polémica y TV Ciudad.
—¿Qué va a tener Nunca favoritos?
—Vamos a mostrar lugares, hacer notas de color y entrevistas a celebridades con el formato de “El insoportable” de Videomatch. Daro hace la nota y yo tiro chistes atrás. Tenemos un par pactadas y el resto las vamos a remar.
—Hablemos de Carnaval. En 2025 debutaste con La Nueva Milonga cantando al lado de Claudio Rojo y en 2026 no saliste. ¿Quedaste conforme?
—Sentí que me faltaba un montón, pero soy un cinco, voy para adelante. Disfruté y aprendí muchísimo. Fue una tremenda escuela.
—El 2026 no saliste. ¿Qué te hace volver con Araca la cana?
—Me gustó la propuesta de participar del grupo técnico y escribir junto a Emiliano Tuala. Además es una cooperativa y, al cobrar todos lo mismo, siento que empujamos para el mismo lado.
—¿Qué otros proyectos tenés?
—Quiero que Nunca favoritos siga. Además, con un compañero de Topic vamos a hacer un ciclo para YouTube recorriendo bares clásicos para hablar de ese lugar de encuentro que reúne al cuidacoches con el abogado y el cadete. En el segundo semestre voy a hacer una obra con Diego González por teatros de barrio. Le quiero poner Opa, soy de barrio (El nombre es un guiño a la recordada frase que terminó dejando a Humberto de Vargas fuera de Undertake Media).
—Una vez dijiste que tu mayor miedo era perder la humildad y olvidarte de tu origen. ¿Qué hacés para que no te pase?
—Trato de moverme en ómnibus o en bici para no perder contacto con lo que le pasa a la gente. Salir en Araca y ganar lo mismo que el resto también me ayuda a mantener los pies sobre la tierra. Tengo la suerte de trabajar en la radio y la tele y eso me da visibilidad, pero hay compañeros que cantan mejor que yo y no son masivos.
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