De aquella exposición masiva que la convirtió en una figura conocida tras ganar el reality Despedida de solteros a la actriz que hoy transita entre el teatro, el cine y las plataformas, Paula Silva atravesó un proceso de madurez artística y personal. Hoy, mientras protagoniza la versión uruguaya de la comedia dramática La omisión de la familia Coleman, se prepara para los estrenos de las películas Las 7 balas y Carne, y suma participaciones en producciones de gran escala para plataformas de streaming, se anima a reflexionar sobre las luces y sombras de un oficio marcado por la exposición y la incertidumbre.
La actriz habla sobre los duelos familiares que la atravesaron durante el proceso de la obra, su relación con las redes sociales, el conflicto judicial que enfrentó tras ganar el reality y la nueva etapa de su vida personal junto al actor Rafael Beltrán, después de un divorcio que también tuvo repercusión pública. "Nos gustaría agrandar la familia", revela.
-En La Omisión de la Familia Coleman componés a Verónica, un personaje complejo dentro de un universo familiar también muy delicado.
-Es un personaje desafiante porque tiene un arco enorme. Mueve dos mundos: el de su vida fuera de la casa y el de su familia biológica, que es lo que ella intenta esconder. Al principio me costaba mucho entenderla para poder defenderla en el escenario, pero le encontré la vuelta.
-Por una parte es la víctima de un entorno familiar hostil, pero por otro lado también genera rechazo la forma de la que ella los trata.
-Es la joyita del texto de Claudio Tolcachir: todos los personajes son complicados, tienen conflictos enormes y muchísimas capas. Verónica genera empatía, después la perdés un poco y luego la volvés a entender cuando comprendés que a ella la sacaron de esa dinámica familiar sin que pudiera elegirlo. Procesándolo en terapia empecé a descubrir similitudes con ella en los mecanismos de defensa y en la forma de negar ciertas cosas. También en lo que significa el vínculo con la abuela, que fue lo que más me atravesó durante el proceso.
-Tu personaje tiene un vínculo especial con su abuela y vos perdiste a la tuya poco antes de empezar los ensayos, ¿cómo fue asumir el desafío desde ese lugar?
-Durante los ensayos, estar en el escenario diciendo la palabra “abuela” o tocándole la mano a ese personaje me movilizaba muchísimo. Por más que una esté actuando, eso atraviesa. Mis abuelas me criaron junto a mis padres, son el núcleo de la familia. Y cuando esa figura falta, toda la dinámica se tiene que volver a configurar. Algo de eso pasa también en la obra. La abuela que hace Virginia Méndez, además, tiene un espíritu tan jovial que me hace acordar constantemente a la mía, esa que siempre defendía a los nietos hicieran lo que hicieran.
-Estás estrenando Carne en cines, que tuvo un rodaje muy particular.
-Fue increíble. Filmamos en Casa Quetzal, una locación en medio del campo en Maldonado, y todo el elenco convivió en el lugar durante un mes. Se armó una comunidad artística hermosa con todo el elenco. El director, Tomás Marichal, involucró a toda su familia en la producción, y el equipo técnico de maquillaje y efectos venía de Brasil, así que el clima era de pura fiesta: terminábamos de rodar, prendíamos el fuego, escuchábamos música e íbamos a la piscina.
-También trabajaste en producciones de gran escala para plataformas, como Hija del fuego (2025). ¿Qué cambia para un actor cuando pasa de un proyecto independiente a una producción de esas dimensiones?
-Es la parte exponencial que todo actor necesita para que se vea su laburo y se le abran puertas en otros mercados. Hacer cine independiente y que vaya a las salas es lo más noble que hay, pero las plataformas te dan un alcance masivo y te posicionan, por ejemplo, en el mercado argentino, donde hay muchísima competencia y actores con un oficio tremendo.
-¿Cómo es la experiencia de entrar a un set de esa magnitud?
-Impresiona. Llegás y tenés 200 personas de equipo, camiones, un despliegue gigantesco y un productor asignado para vos. En la primera toma tenés que salir a romperla con gente que capaz no te conoce. Hay que responder a esa exigencia.
-Pasás de momentos de altísimo volumen de trabajo a etapas de espera. ¿Cómo se gestiona el vértigo y la inestabilidad de la profesión?
-Es la parte más difícil de este oficio: convivir con la incertidumbre y manejar la ansiedad. En etapas anteriores, por la misma inestabilidad y frustración, he llegado a tener ataques de pánico. A medida que una crece necesita más cosas, pero parte del proceso es armar esa solidez.
-¿Cómo se hace?
-El ejercicio constante es entender que cuando hay una meseta no es porque nadie te vaya a llamar nunca más, sino que son procesos que empiezan y terminan. Para cuidar mi salud mental, busco hacer todos los días algo aunque sea chico que me encamine hacia donde quiero ir.
-¿Qué rol juegan hoy las redes sociales en el trabajo del actor? ¿Sentís la exigencia de la presencia digital?
-Las redes pasaron a ser un factor importante y medio loco, porque podés estar en un casting y que se termine evaluando la cantidad de seguidores o el perfil digital. Tuve mis crisis de identidad con eso. En un momento sentí que me aburrí de mí misma, de mostrar mi vida cotidiana o tutoriales de maquillaje, y decidí cambiar. Hoy busco que las redes sean una herramienta para acompañar mi carrera, resguardando mi intimidad y compartiendo cosas que se alineen más con quien soy hoy, como textos que escribo y comparto.
-Actualmente hay furor por Gran Hermano, y en 2017 vos ganaste un reality de características muy parecidas como fue Despedida de Solteros, ¿cómo recordás la experiencia?
-Fue una de las experiencias más locas de mi vida. Tenía otra edad y era más inconsciente de la repercusión. La exposición de un reality es fuerte porque entrás siendo una desconocida y salís siendo parte de la vida de la gente. Hoy en día no volvería a encerrarme en un formato así porque estoy enfocada en otro lugar de mi carrera y no quiero exponerme tanto, pero en su momento lo disfruté mucho.
-¿Cómo viviste todo el proceso judicial que enfrentaste para poder cobrar los premios?
-Fue un tema angustioso por el tiempo que se dilató, pero con el diario del lunes entiendo que todo se dio como se tenía que dar. Hubo que recurrir a la vía legal, se demoró más de lo pactado, pero finalmente todo se cumplió.
-¿Cómo está tu vínculo con Facundo Santo Remedio, tu pareja de aquel entonces, con quien protagonizaste acusaciones cruzadas?
-Tuvimos las charlas que teníamos que tener, nos supimos perdonar y hoy tenemos una relación linda, sana y de mucho respeto. Fue un proceso de separación y divorcio hecho desde el cuidado.
-¿Aquella ruptura mediática afectó el inicio de tu relación con Rafa Beltrán?
-No, para nada. Todo se dio naturalmente y hoy estamos consolidados y felices. Casarme de nuevo no está en los planes, quizás en algún momento hagamos una celebración, pero no es una prioridad. Lo que sí deseamos y tenemos claro es que en algún momento nos gustaría agrandar la familia y tener un hijo juntos. Hoy disfrutamos mucho de acompañarnos y de compartir la pasión por lo que hacemos.