La faceta desconocida de Pichu Straneo, el papel en cine que no pudo ser y el gesto de Charly García

El humorista uruguayo repasa su historia, las oportunidades que marcaron su carrera y las anécdotas de su época dorada en TV, mientras transita nuevos desafíos y proyectos pendientes.

El humorista Pichu Straneo en su debut como cantante de tango.
El humorista Pichu Straneo en su debut como cantante de tango.
Foto: Aro Vázquez

El dos por cuatro es la banda sonora de la infancia de Pichu Straneo. Es también la voz de su madre repitiéndole que, con su timbre arrabalero, tenía que sacar un disco de tango. Por entonces, él andaba distraído con el Carnaval, pensando en cómo triunfar haciendo reír y con sus personajes.

Algo de eso quedó resonando en su corazón y siempre algún tanguito mecha en sus shows privados. Lo hace de forma inconsciente, porque siempre hay un veterano en la vuelta que se enloquece al oír estos clásicos. Y le recuerdan a su abuelo, su padre, su tío, su padrino -el mismo que lo llevaba al estadio a ver a Racing, el club que le regaló la alegría de coronarse campeón del Torneo Apertura-: todos tangueros de ley.

Tiempo atrás, un productor amigo lo escuchó, le dijo que el tango le quedaba muy bien y le propuso grabar un disco. “¿En serio? Mirá que tengo una deuda con mi mamá, que siempre me decía eso”, le respondió. Así germinó Gotanguayo -bautizado así porque mezcla el lunfardo argentino con su nacionalidad-, con el que cerró un círculo amoroso y homenajeó a su difunta madre.

“Me cumplió un sueño. No creo que vaya a vivir de esto, pero es una ventana más que se abre para trabajar”, asegura Pichu Straneo a Sábado Show. Y cuenta que planea traer el show a Uruguay en verano, ya que los compromisos laborales no se lo permiten por ahora.

El álbum - disponible en Spotify- incluye siete clásicos que escuchaba de niño y grabó con amigos artistas: “Chiquilín de Bachín” (Rodrigo Manigot), “Naranjo en flor” (Ariel Ardit), “La última curda” (Cucuza Castiello), “Garganta con arena” (Laura Álvarez), “Vieja viola” (Daniel Suárez), “Los mareados” (Nina Portella) y “Sur” (Cóndor Sbarbati).

La mayoría lo acompañaron el 17 de abril en Torquato Tasso, el bar que el exVideomatch eligió para su debut.

“Fue una noche de mucha emoción. Vino mi hermana de sorpresa y me dijo: ‘Estoy acá en representación de mamá, que ya no está, y de papá, que no puede venir’. Fue fuerte. Mis hijos y mi señora también estaban muy emocionados”, relata.

Su padre no pudo asistir porque está en un residencial, pero quedó feliz luego de ver videos y recibir una remera del disco. “Se emocionó. No habla mucho porque tuvo un ACV pero se le llenaron los ojos de lágrimas. Es el mejor premio. Después de esto, no quiero más nada”, dice.

El lanzamiento es un buen motivo para repasar sus inicios en Carnaval, contar anécdotas, poner al día su gran presente en la vecina orilla -estrenará el musical Anastasia, está en La peña de Morfi por Telefe y en La gambeta junto a Yayo Guridi y Eber Ludueña por Olga-, además de los sueños por cumplir.

El Carnaval, su amistad con el Fata y Cavani

El tango es, para Pichu, un túnel al pasado. Es volver a esos asados de domingo, con su padre en la parrilla y los clásicos arrabaleros de fondo; o a esas noches frente al televisor, mirando de reojo Grandes valores del tango, el programa insignia de sus padres. Así, por inercia y contagio, se fue enamorando del género.

Gotanguayo lo llevó a reconectar con su raíz, aunque Uruguay -dice- está todo el tiempo en su corazón. De este lado del río vivió 30 años inolvidables y forjó su esencia artística en Carnaval.

“Fue una etapa inolvidable, mi gran escuela y estoy eternamente agradecido”, comenta el que viene de una familia arraigada a Momo. Su primo Eduardo Rigaud es de los mejores letristas de Carnaval, Horacio Rubino se casó con su prima y Santiago Vodanovich, arreglador coral de Zíngaros, es hijo de otro primo.

Este febrero celebró el bicampeonato de Momosapiens, conjunto del que es fundador; y aprovechó para viajar en el bus de La Trasnochada y visitar a sus amigos de Falta y Resto.

Siempre que puede regresa para palpitar la fiesta desde adentro, y no descarta volver a salir. “Rubino siempre tiene ganas, pero vivo en Argentina y laburo acá. Algún día voy a embocar y quizás vuelva”, asegura.

Las comilonas con sus amigos uruguayos también lo acercan a casa. En ese grupo están Maxi de la Cruz, el “Loco” Abreu, Osvaldo Laport -que oficia de presidente-, Sebastián Almada, Álvaro Navia y el Fata Delgado, su hermano de la vida.

Con el líder de Los Fatales se conocieron cuando ambos daban sus primeros pasos en humoristas Los Carlitos y la química fue inmediata. También fueron compañeros en el curso de peluquería, oficio que Pichu ejerció hasta 1997.

Gracias al Fata conoció a su esposa. El músico también fue su testigo de casamiento y le presentó a Edinson Cavani. “Compartimos un par de comidas, he ido a su casa, es un crack, un anfitrión bárbaro”, dice sobre el futbolista.

Pichu Straneo junto a Edinson Cavani.
Pichu Straneo junto a Edinson Cavani.
Foto: El Aguante

La época de oro con "Videomatch" y "Sin Codificar"

Su historia hubiera sido muy distinta si no se cruzaba Videomatch en su camino. Seguramente, dice, seguiría haciendo Carnaval y tendría algún programa en la tele uruguaya, como antes de cruzar el charco, cuando hacía Jugo de colores. Probablemente tampoco estaría cerca del millón de seguidores en Instagram.

Cada vez que se junta con la vieja barra de Videomatch, cuentan las mismas anécdotas y se ríen como si fuera la primera vez. Las historias crecen con el paso del tiempo y siempre esperan qué nuevo invento surgirá.

Le quedó un agradecimiento eterno a Marcelo Tinelli, con quien ya no tiene contacto, pero reconoce como alguien clave en su historia.

Define aquella época como “dorada”, aunque la disfruta más ahora. “Extraño muchísimo Peligro Sin Codificar porque éramos un grupo de amigos que íbamos todos los domingos a divertirnos nosotros primero. No importaba si la gente se reía: íbamos a disfrutar”, afirma.

En esos años de Sin Codificar se dio el gusto de conocer a Charly García, uno de sus grandes ídolos, quien además era fanático del programa. Allí armaron la banda La García, como tributo, y versionaban sus temas.

“Nos invitó a uno de sus últimos recitales en el Gran Rex. Fue hermoso. Su compañera se acercó a agradecernos y a decirnos que él estaba muy contento. Esas cosas son impagables”, cuenta. Hoy tiene una foto de perfil junto a Charly en su WhatsApp, aunque aclara, entre risas, que es IA.

Los sueños pendientes de Pichu Straneo

Disfruta de La Gambeta en Olga, un proyecto que le permite hacer humor “con mucho menos presupuesto”. En paralelo, audicionó para Anastasia y consiguió el papel de Vlad. Ensaya ocho horas diarias de cara al estreno -será el 5 de mayo en el Teatro Astral-; está exhausto, pero sarna con gusto no pica.

“Tiene mucho canto y baile y, de alguna manera, aunque más profesional, vuelvo a la parodia y al Carnaval”, dice. De hecho, el coreógrafo se sorprendió por su facilidad para aprender los pasos y Pichu le explicó que lo traía de sus años de parodista.

Días atrás, su hija le dijo entusiasmada que con el proyecto de comedia musical ya no le quedaba nada por hacer. Su respuesta fue: “Siempre hay algo”. Aunque el presente le sonríe, tiene pendiente encarnar un personaje más serio en el universo audiovisual.

Adrián Suar lo convocó para 30 noches con mi ex (2022) y se mostró en otro registro al interpretar a un hombre con problemas de salud mental. También estuvo cerca de participar en Relatos salvajes pero quedó afuera.

Pudo haber sido el villano de una de las historias del filme de Damián Szifron, a quien los personajes interpretados por Rita Cortese y Julieta Zylberberg envenenan, pero su lugar quedó en manos de César Bordón. “No me olvido más. Me dijeron: ‘hiciste un buen casting, pero das muy bueno’”, cierra entre risas.

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