A 20 años del debut de "Bailando": jurados, peleas y los uruguayos que pasaron por el show que cambió la tv

Un repaso por el certamen encabezado por Marcelo Tinelli que pasó de ser un segmento más a convertirse en un fenómeno que redefinió el entretenimiento en el Río de la Plata.

Tinelli conduce "Bailando por un Sueño" en 2006.
Tinelli conduce "Bailando por un Sueño" en 2006.
Foto: archivo

En 2006 el mundo funcionaba a otro ritmo. Los jóvenes se comunicaban a través del MSN Messenger, mientras que entre los adultos la comunicación móvil se limitaba a mensajes de texto que solamente podían enviarse entre celulares de la misma compañía. En los bolsillos dominaban el resistente Nokia 1100 y el económico Motorola C115; apenas unos pocos podían presumir el elegante Motorola V3. YouTube daba sus primeros pasos, las películas todavía se alquilaban en DVD y la televisión seguía siendo el gran centro de la vida cotidiana. En ese contexto, el 17 de abril de 2006, Marcelo Tinelli estrenó un formato que reordenó el tablero para los próximos años.

Ese día debutó Bailando por un Sueño como segmento dentro de Showmatch. Lo que comenzó como una sección más del programa terminó convirtiéndose, en muy poco tiempo, en el eje alrededor del cual giraría buena parte de la industria del entretenimiento. Aquella primera edición distaba bastante del formato que luego dominaría la pantalla. Era un certamen breve, con apenas ocho parejas, donde el foco estaba puesto en la destreza técnica y, sobre todo, en los "sueños" solidarios que cada dupla representaba. En esta etapa, figuras como Carmen Barbieri, Dady Brieva y Jésica Cirio se sometían a un jurado de perfil prestigioso compuesto por Laura Fidalgo, Reina Reech, Jorge Lafauci y Zulma Faiad. El ciclo duró apenas unas semanas y coronó a Barbieri como la primera ganadora, sentando las bases de un formato que, ante el éxito arrollador, se replicaría otras dos veces ese mismo año.

Desde el estreno y durante años, los distintos actores de la industria giraron en torno a lo que sucedía en esa pista. El rating, las tendencias y la agenda mediática se definían en gran medida por lo que ocurría cada noche en el Bailando. El impacto fue tal que, tras esa primera experiencia, Tinelli tomó una decisión clave: dejó de lado los tradicionales segmentos de humor que habían definido durante años a Showmatch para volcar el programa por completo al certamen. Con el tiempo, además, expandió la idea original con variantes como Patinando por un Sueño, Cantando por un Sueño y El musical de tus sueños, replicando una estructura que ya había demostrado su eficacia: competencia y conflicto, todo bajo una conducción que marcaba el ritmo y ordenaba el caos.

Tinelli, que ya era el conductor más importante de la televisión, dio un paso más con estos formatos y su impronta fue el verdadero motor del fenómeno. Su rol no se limitó a presentar participantes o dar paso al jurado; moldeó los tiempos, tensó silencios, incentivó cruces y convirtió cada devolución en una escena. La previa, ese espacio anterior al baile, pasó de ser un trámite a transformarse en un territorio narrativo donde se construían personajes, se instalaban conflictos y se definía buena parte del interés del público.

El animador se entregó al show como nunca y se lo pudo ver tirado en el piso del estudio jugando con el perro guía del participante no vidente Serafín Zubiri, protagonizando una guerra de tortas con Bicho Gómez y Anita Martínez, o pidiendo una tijera para cortarle la pollera a las participantes y que exhibieran su figura, algo que con el tiempo y el avance de una mirada de igualdad de género fue duramente condenado. Pero al margen de las polémicas, el éxito no se explica sin su capacidad para leer al público y convertir situaciones ordinarias en eventos televisivos. Más que conducir el show, lo dirigía en tiempo real, marcando el pulso de cada emisión.

Con el correr de las temporadas, el conflicto ganó cada vez más terreno. El estrado del jurado fue el epicentro de enfrentamientos que quedaron grabados en la memoria colectiva, como la cruenta disputa entre Graciela Alfano y Aníbal Pachano, o las intervenciones de Moria Casán y su inconfundible “lengua karateca”. Imposible olvidar el histórico desplante de Pampita abandonando el estudio en vivo tras un cruce con Marcelo Polino, o las devoluciones lapidarias de Nacha Guevara. La polémica no demoró en convertirse en la parte esencial del engranaje que sostenía el show.

Participantes.

La pista de Showmatch se convirtió también en un puente de integración para numerosas figuras uruguayas que buscaban en Buenos Aires una plataforma de consagración masiva. La presencia oriental fue constante y, en muchos casos, histórica. Un ejemplo emblemático fue la participación de Abigail Pereira en 2007, quien no solo cautivó por su destreza en el baile, sino que se convirtió en una pionera de la visibilidad trans en la televisión abierta. A ella se sumó la elegancia de Eunice Castro, quien en 2008 conquistó al exigente jurado porteño, y la versatilidad de Claudia Fernández, quien brilló tanto en el baile como en el patinaje en la edición de Patinando por un Sueño.

Uno de los pasos por la pista más recientes y celebrados fue el de Maxi de la Cruz en la temporada 2023. El humorista uruguayo no solo aportó su carisma habitual, sino que protagonizó instantes de gran sensibilidad, como cuando invitó a Valeria Lynch a cantar en vivo mientras él bailaba un adagio, logrando un puntaje perfecto y el aplauso cerrado del estudio.

Otra de las participaciones más comentadas fue la de Javier Rojas, el soñador uruguayo que bailaba con la modelo activista de Gualeguaychú Evangelina Carrozo. El bailarín fue de los primeros en desatar una escandalosa pelea en la pista al enfrentar nada menos que a quien era el presidente del jurado, Gerardo Sofovich. A fines de 2006, cuando el jurado todavía era una autoridad incuestionable, Rojas tildó de "soberbio" al histórico productor teatral, lo que provocó su renuncia temporal y terminó abriendo una nueva era para el show. Rojas rompió el hielo para que la discusión con el jurado se convierta en moneda corriente dentro del programa.

El historial de campeones refleja la evolución del gusto popular, alternando entre el virtuosismo técnico y el carisma arrollador. Tras el debut triunfal de Barbieri, la corona pasó por manos de Florencia de la V y Carla Conte. Al año siguiente el triunfo fue de la vedette Celina Rucci, y más adelante, la excelencia llegó con el bicampeonato de Hernán Piquín y Noelia Pompa, quienes marcaron un antes y un después en la pista. Otros nombres que grabaron su nombre en el trofeo fueron Fabio “La Mole” Moli, demostrando que el apoyo telefónico podía imponerse al criterio del jurado, la popular dupla de Pedro Alfonso y Flor Vigna, y más recientemente figuras como Tuli Acosta, quien en 2023 se consagró campeona representando a las nuevas generaciones surgidas de las redes sociales.

Más que un concurso de baile, Bailando por un Sueño fue un espacio que redefinió el lenguaje de la televisión de entretenimiento en la región. Instaló formatos, popularizó disciplinas que hasta entonces eran marginales como el aquadance o el baile del caño y, sobre todo, consolidó una forma de hacer televisión en vivo. A dos décadas de aquel estreno, el legado no se mide solo en el rating que alcanzaba cada noche, sino en haber establecido contenidos que dejaron una huella imborrable en el Río de la Plata.

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