José Fabini ganó un Premio Florencio a los 17, consiguió un rol destacado en la serie Margarita (Max) y la rompió en Tu cara me suena (Teledoce). El presente le sonríe a este artista de 19 años y no es casualidad. Imitaba a Jim Carrey en el espejo de su casa hasta que su madre lo anotó en la Escuela de Actuación de Vicky Rodríguez y Gustavo Antúnez y, desde entonces, se toma el arte con absoluta seriedad y compromiso. “No hay otra cosa en mi vida que no sea esto”, asegura a Sábado Show.
Dar lo máximo para llegar a lo más alto es su seña típica y, aunque trabajó para ello y confiaba en que iba a triunfar, no imaginó que todo se daría tan rápido. El estreno de la segunda temporada de la serie de Cris Morena y de la obra Desconectados es la excusa para esta charla.
El último personaje que le tocó en suerte es Lorenzo, un adolescente oriundo de la ciudad de Mercedes (Soriano) que no usa celular. Ese rasgo, atípico para su generación, resonó fuerte en él: no está pendiente de las redes sociales ni filma los conciertos a los que va; prefiere disfrutarlos.
Ese punto de contacto entre el rol que encarna en Desconectados -musical que se estrenó el 7 de mayo y va todos los jueves en el Teatro Stella- y su propia realidad no le alcanzó para construir el papel con total verdad. Para profundizar en su historia y ahondar en su personalidad, optó por instalarse unos días en Mercedes para vivir su cotidianidad.
“Quise ponerme en sus zapatos y me fui tres días solo a su ciudad, a vivir en un hotel. Como él no usa teléfonos, me moví con mapas y pidiéndole a la gente que me llevara de un lado al otro. Me encantó vivir esa instancia”, resume.
No es la primera vez que José Fabini decide ir a fondo y arriesgarse. Cuando asume un proyecto, deja todo en la cancha.
Cuando imitó a Carlos Gardel en Tu cara me suena, estaba lejísimo del universo del tango, así que le pidió a su padre que le enseñara palabras en lunfardo y lo acompañara a Bar Fun Fun para empaparse del mundillo arrabalero.
Y se metió tan en el cuerpo y alma de su ídolo, Charly García, que cuando Valeria Lynch lo vio caracterizado como el rockero argentino en los pasillos de Teledoce, lo saludó impresionada.
La oportunidad de lucirse personificando un amplio abanico de artistas -de Gardel a Charly o Jim Morrison- le llegó gracias a que encarnó al carismático Sasha en Margarita, que el 4 de mayo estrenó su segunda temporada en Max.
La serie rodada en Uruguay le valió el salto a la fama antes de cumplir la mayoría de edad. Acá lo reconocen por la calle y lo saludan sin mayor efusividad. En Argentina, en cambio, supo lo que era ser una celebridad la noche que fue a ver a sus compañeros de elenco actuar en el Movistar Arena. Lo llevaron camuflado hasta la primera fila, con un patovica que lo escoltaba.
“Como el show demoró en arrancar, me reconocieron y una horda de gente se paró a saludarme. Cuando terminó, salí a escondidas y me despejaron el camino para que pudiera ir directo al VIP. Una locura”, relata.
A pesar del éxito en una plataforma internacional y de haber ganado un Florencio a Mejor Actor de Reparto por Lucy en el cielo con diamantes, Fabini sentía que tenía una deuda: probarse en el drama. Venía de explorar su veta más lúdica y extrovertida, así que la propuesta de Las Ophelias, el colectivo teatral de adolescentes, le vino como anillo al dedo para saldarla.
Con Desconectados —entradas por RedTickets—asumió el reto de ir hacia un registro más íntimo y confirmó que podía transitar ese terreno que lo inquietaba desde niño.
Sin ánimo de spoilear, resume el argumento de la obra en una anécdota: “Fui a ver a AC/DC y no llevé el celular por miedo a que me lo robaran, pero igual no hubiese grabado nada porque se pierde la conexión con el mundo real. Y es un poco de lo que habla la obra: busca que los jóvenes se identifiquen y que los padres sean más conscientes de la realidad”.
La vida después del furor en la plataforma Max
Confiaba en que la vida le tenía reservado algo prometedor, aunque no imaginó que todo sucedería de forma tan vertiginosa. “Trato de no autosabotearme y dar lo máximo, pero nunca pensé que iba a ser de un día para el otro”, confiesa.
Cautivó a Cris Morena con una imitación de Frank Sinatra y un monólogo bizarro sobre un hecho real, y así logró ser Sasha en Margarita. Desde entonces, todo ha sido soñado. “Fue como un tren que llegó de un momento a otro y me llevó puesto. Lo tomé y vino con todo”, dice.
La fama no lo abrumó: la intensidad de este lado del charco no se compara con la que viven sus compañeros en Argentina. “Les sacan fotos de sus casas o cuando salen. Cuando fui al Movistar Arena no podía creer la locura de la gente. Quizás algunos no lo pueden aguantar, pero acá no me pasa”, comenta. Al contrario, disfruta cuando se le acercan los niños en patota y le preguntan por chismes de la serie como si fuera el personaje.
No necesitó terapia para lidiar con el éxito: su familia es su sostén y cable a tierra cuando está “muy arriba” y necesita estímulo constante. “Margarita es un tren que no para y, una vez que frena, sentís que no puede ser que estés quieto. Está bueno decir: ‘Tengo 19 años y ya viví algo increíble’. Mis padres me lo repiten todo el tiempo: ‘Tomate tu tiempo’”, reflexiona.
Toma el consejo al pie de la letra y decide aprovechar el tiempo libre para seguir formándose. Empezó a componer y asiste a clases de canto y teoría musical. También va a un taller de actuación con Chepe Irisity y realiza distintos intensivos para incorporar nuevas técnicas.
Una masterclass con Juan Minujín le voló la cabeza y despertó sus ganas de trabajar con él. “Es muy crack y humano”, lo define.
En paralelo, mejora su inglés con miras irse a vivir a Estados Unidos: su meta a largo plazo es instalarse en Nueva York para estudiar. “Es un paso muy grande mudarme tan lejos, pero desde chico sueño con hacer la carrera e incluso armar mi vida allá”, asegura. Tampoco descarta una transición en Buenos Aires para estar más cerca de su familia.
La experiencia de José Fabini en "Margarita 2"
El estreno de la Margarita 2 coincidió con el debut de Desconectados y, hasta entonces, Fabini había decidido no ver nada: “No quiero salir de la sintonía en la que estoy. Quiero tener la cabeza en el estreno”, expresó en la previa al gran día.
Sin embargo, anticipó que esta nueva entrega iba a estar buenísima y que disfrutó mucho hacerla. Sasha ganó terreno y tuvo más escenas que en la temporada pasada, pero además, como los directores advirtieron que la fórmula funcionaba, le dieron más libertad para interpretar al personaje.
“Me encanta improvisar y pude hacer lo que quise: lo hice más enojón, más inquieto, hasta lo puse a tocar la armónica. Con Joaquín Reficco (Zeki), Martiniano Rodríguez (Otto) y Valentino Petrilli (Jano) estuvimos muy juntos y aprovechamos para jugar un montón”, cuenta
Carismático, terco, lleno de ansiedad e histrionismo: así define a este rol que fue su pasaporte a la fama mundial. Y dice que se divirtió llevándolo hacia un lugar más lúdico.
Reconoce que la autoexigencia puede jugarle malas pasadas e incluso nublarlo, pero intenta bajar la pelota al piso para poder disfrutar de semejante experiencia. “Tuve muchas más escenas esta temporada, pero no soy Merlín (Ramiro Spangenberg) o Margarita (Mora Bianchi), que tienen toda la serie para remontar; tengo que aprovechar al máximo las que tengo para que sean memorables”, dice.
El primer mes de rodaje fue intenso: 12 horas diarias con jornadas que arrancaban a las seis de la mañana. “Nos venía a buscar una camioneta y pasábamos el día entero en un lugar increíble, lejos de todo. Era un campo abierto, con cancha de polo, y podíamos jugar al golf y al fútbol en los ratos libres. Tuvimos mucha suerte porque el otro grupo grababa en un set cerrado”, relata.
Trabajó con dos directores -Eduardo Ripari y Mariano Ardanaz- con dinámicas distintas, y a la vez acató las directivas de Cris Morena. La coach actoral Cecilia Echagüe también lo ayudó mucho. “Me gusta tener alguien que me diga: ‘Estuviste bien’”, comenta.
—¿Cómo es el día a día con Cris Morena?
—Se preocupa por todos: si tenés frío, si te sentís bien. Es la gran madre, contiene. Me llevo muy bien con ella y me mato de risa. Ya en la instancia de casting me dio una vida tremenda. La onda fue inmediata.
Los planes del uruguayo José Fabini
Margarita le abrió un mundo. Le llegaron propuestas teatrales, creció en redes —hoy tiene 12 mil seguidores, aunque las usa y aprovecha poco— y siente que estas dos temporadas le dieron experiencia y currículum. Aun así, elige concentrarse en un proyecto a la vez para entregarse al máximo.
Gracias a la serie le ofrecieron ser parte de Tu cara me suena. Disfrutó especialmente interpretar a Jim Morrison y a Charly García: “Me fascina. Es muy espontáneo y te permite hacer lo que quieras”, dice sobre el músico argentino. Quedó tan entusiasmado que incluso le mandó la imitación por Instagram, pero no obtuvo respuesta: “Anda a saber quién maneja esa cuenta. Debe de odiar las redes”, dice.
De cara al futuro, quiere seguir explorando en cine y teatro: “Me encantan los personajes bien locos, los agresivos, los que tienen un rango emocional amplio. Me gusta hacer de todo, pero sueño con interpretar a Charly en su biopic”, cierra. Y, hasta ahora, sus sueños han sido órdenes.
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