Flor Infante: la enfermedad que la marcó, cómo la sorprendió el amor y el sueño cumplido con Cristian Castro

Con una agenda cargada de estrenos, giras y nuevos desafíos, la actriz y comunicadora habló con Sábado Show sobre su presente profesional y sentimental, la vuelta al Carnaval y el camino recorrido.

La actriz, humorista y comunicadora Florencia Infante.
La actriz, humorista y comunicadora Florencia Infante.
Foto: Kevin Miranda

La agenda de Florencia Infante impresiona: sigue de gira por el interior con su unipersonal Austero —que el 24 de octubre presentará en el Movie a pedido del público—; el 30 de julio estrena Loop en La Alianza (entradas en Redtickets); será una de las cuatro actrices que se suba al escenario del Movie a hacer Las cosas maravillosas en octubre, y vuelve al Carnaval de la mano de La Gran Muñeca. A pesar de este notable presente y de poder vivir de lo que ama, dice que le cuesta disfrutarlo y convive con el miedo a que todo se desmorone. En ese afán de perseguir siempre una zanahoria, confiesa extrañar la tele y la radio. Mientras, sus seres queridos suelen repetirle una frase: “Valorá”.

Tiene mucho para agradecer y lo sabe. El inconformismo y el temor a que un día falte el trabajo no opacan el gran momento que atraviesa. Al soñado presente profesional se suma que el amor volvió a tocar su puerta cuando ya había decidido rendirse, después de un divorcio y varios intentos fallidos.

El destino puso en su camino a Andrés Pazos, integrante de Agarrate Catalina, y pese a las resistencias iniciales, asegura que la conquistó simplemente por ser “un buen tipo”.

El caos que la había acompañado durante la pandemia —la leucemia y posterior muerte de su padre, el dolor de la separación y las primeras Navidades sin sus hijos— se canalizó en La tormenta, el espectáculo con el que se convirtió en la primera mujer en llegar y llenar el Auditorio Nacional del Sodre con un unipersonal, y que luego también presentó en el Teatro Solís.

Es la misma que, más de dos décadas atrás, arribó al teatro por casualidad para acompañar a Victoria, una amiga que se había anotado en la Casa de la Cultura para vencer la timidez. No tiene dudas de que el arte estaba escrito en su destino y que todo la empujaba hacia ahí: desde aquella amiga, que hoy es contadora, hasta el día en que escuchó en un tablado a Los Buby's promocionar un curso y se acercó a Arteatro.
“Siento que era para mí”, asegura, aunque reconoce que esa Florencia que estudiaba Ciencias Económicas primero y Ciencias Sociales después parece sacada de “otra temporada” de una serie.

“Hoy felicitaría a la Florencia del pasado por la lucidez de haber aceptado: 'Es esto'. Cuando encontrás lo que es para vos empieza a pasar algo mágico, aunque cualquier sueño implica sacrificio. Estudiaba muchísimo, me rompía el lomo e hice un montón de trabajos valiosos gratis para que me conocieran. La gente me tiene muy asociada al sacrificio, en el buen sentido, y eso me emociona”.

Antes de continuar con la gira de Austero, estrenar Loop y Las cosas maravillosas, Florencia Infante charló con Sábado Show sobre la enfermedad que le cambió la vida, los sacrificios, el éxito, la vez que cantó con Cristian Castro, el polémico twit que escribió en el debut de Uruguay en el Mundial, el reencuentro con el amor y los sueños pendientes.

Florencia Infante estrena "Loop" el 30 de julio en La Alianza.
Florencia Infante estrena "Loop" el 30 de julio en La Alianza.

—¿Cuánto hay de esfuerzo y cuánto de suerte en tu carrera?
—Hay una cuota de suerte: estar en el momento justo, en el lugar indicado y con las herramientas para aprovecharlo. Eso es el Kairós. Mucha gente se rompe el lomo por un sueño y no lo logra. En mi caso tuve la suerte de que aparecieran personas que vieron algo que yo no veía y me dieron oportunidades, como Gustavo Rey o María Mendive.

—La meningitis que sufriste a los 21 años te obligó a replantearte la vida. ¿Cuánto cambió tu rumbo?
—Todo. Estaba estudiando Ciencias Sociales, me enfermé y pasé un mes acostada. Tuve que aprender de nuevo a caminar y a comer. Ahí pude resetear: dejé esa carrera, una relación y entendí que el camino era por otro lado. Fue un renacer.

—¿Fue una responsabilidad ser la primera mujer en presentar un unipersonal de comedia en el Sodre?
—Sí. La posibilidad apareció porque La tormenta lo necesitaba. Para hacer llover en escena hacía falta una infraestructura que pocas salas tienen. No gané plata, pero sí prestigio y reconocimiento. Es tremendo orgullo, pero también me hace pensar por qué no hubo otras antes y no hay más después. A las mujeres se nos sigue exigiendo más.

—Después vino el Solís y al terminar esa función escribiste: “Fui tormenta y fui feliz. Salió el arcoíris para mí”. ¿Qué había detrás de esas palabras?
—Cuando estrené La tormenta estaba atravesando un momento muy doloroso: mi padre tenía leucemia, estaba separada, venía de la pandemia y de las primeras fiestas sin mis hijos. Cuando llegué al Solís estaba en otro lugar: había aparecido Andrés, tenía estabilidad psicológica y económica, y sentía que, de verdad, había atravesado la tormenta. Maduré como intérprete, como mujer y como persona. Me expandí. Mi papá ya estaba en otro plano, pero estaban las monedas de oro del arcoíris.

—El amor apareció cuando habías decidido rendirte. ¿Cómo te conquistó Andrés?
—Habitábamos los mismos espacios y un día empezamos a hablar. Yo venía muy lastimada y convencida de bajar la persiana. Me conquistó porque es un buen tipo. Mis hijos lo adoran y me reconcilié con la idea de que todavía hay hombres buenos.

—Este año viajaron juntos a Italia y él te impulsó a cumplir ese sueño, ¿no?
—Sí. Entendí que el amor también es escuchar y habilitar los sueños del otro. Le dije que no quería morirme sin conocer Italia y me respondió: “Obvio que no”. Empezamos a soñar eso y pasamos espectacular.

—¿Pensaste que no te ibas a volver a enamorar?
—Sí. Hoy el amor está difícil porque estamos todos un poco rotos. La vara está alta. Aprendí a estar bien sola: tengo hijos divinos, amigas, trabajo de lo que me gusta y estoy sana. Ya no necesitaba estar con otro. Y ahí apareció.

Florencia Infante y su novio Andrés Pazos de viaje por Italia.
Florencia Infante y su novio Andrés Pazos de viaje por Italia.
Foto: @florinfanteok

—El día del debut de Uruguay en el Mundial publicaste un tuit que generó mucho revuelo. ¿Qué pasó?
—Yo solo hice una pregunta: cuántos de los hombres que estaban en la tribuna habían pagado la pensión alimentaria de sus hijos. No nombré a nadie ni insinué nada. Los hombres que se sintieron aludidos me trataron de resentida y me insultaron. A los pocos días salió la noticia de que los deudores alimentarios no podían ingresar a los estadios. Esa era la respuesta: ninguno. Pero nadie me la contestó.

—También fuiste la primera mujer en integrar Segunda Pelota (Océano FM), un ambiente muy masculino. ¿Qué significó para vos?
—Fue un privilegio. Pasé de no jugar al fútbol al Barcelona. Aprendí muchísimo de radio escuchando a mis compañeros. De ese grupo tengo la mejor con todos y al amigo que me llevé fue a Diego González. Además, muchos hombres que me conocieron ahí después fueron a verme al teatro. Se me abrieron muchas puertas.

—Volvamos a las tablas. Austero interpela los mandatos que heredamos. ¿Parte de una necesidad personal?
—Siempre me pregunto por qué y para qué hago un espectáculo. La tormenta fue para sanarme; Eugenio, para hablar de cosas más livianas. Austero nace de los mandatos que ya no queremos sostener. Arranca con la frase “calladita te ves más bonita” y termina con un ritual para sanar a las mujeres de nuestro clan. Una lectura de Registros Akáshicos me hizo pensar en mis ancestras y entendí que vine a poner voz a esas mujeres invisibilizadas. La respuesta del público es alucinante: llenamos cuatro veces el Sodre, vamos a Durazno, Tacuarembó y Canelones, y el 24 de octubre haré un Movie.

—Estrenás Loop, una comedia francesa premiada con el Molière. ¿Qué te sedujo y cuál es tu personaje?
Diego Sorondo me llamó y solo me dijo el elenco: Luis Alberto Carballo, Rusito González, Danna Liberman y vos. Con esos nombres ni pregunté cuál era la obra. Hago de la abogada del Rusito y es un desafío enorme porque habla de la teoría del caos y el efecto mariposa. Es un texto dificilísimo.

—En octubre vas a protagonizar Las cosas maravillosas, una obra con un texto complejísimo. Habías visto la versión de Natalie Pérez y ella te hizo subir al escenario, ¿no?
—Habla de la salud mental de los hijos de padres que deciden terminar con su vida. Es durísima, pero tiene una mirada muy amorosa y reparadora. Cuando vi la versión de Natalie Pérez en El Galpón salí con ganas de hacerla. Shulay Cabrera me dijo: “Cuando te vi arriba del escenario pensé que esa obra la tenías que hacer vos”. Poco después, Soledad Ortiz consiguió los derechos, yo propuse que la dirigiera Jimena Márquez y me respondió: “Hace años que quiero hacerla”. Me genera una responsabilidad enorme y estudiarla está siendo dificilísimo.

—¿Te hizo conectar con tus propios temas de salud mental?
—No tanto por ahí, sino con la necesidad de ser menos duros con nosotros mismos. La obra recuerda que estar vivos ya es algo maravilloso. Nos pasan diciendo cómo ser felices y vivimos persiguiendo algo. Me pasa con mi carrera. A veces me dicen que debería irme a Buenos Aires. Obvio que por la plata puede ser tentador, pero ¿y después qué? Me gusta trabajar acá.

—¿Te llegaron propuestas?
—Sí, alguna vez coqueteamos con Dalia Gutmann para que fuera a Argentina, pero me gusta ser profeta en mi tierra. Quise hacer Austero en el Solís y todavía no pude. No la tengo tan fácil como la gente cree.

—Volvés al Carnaval con La Gran Muñeca, la murga donde debutaste en 2023 dirigida por “Pitufo Lombardo. ¿Qué te hizo aceptar otra vez?
—Mi cuerpo se acuerda del sacrificio, pero el Carnaval es una escuela enorme y llega a lugares increíbles. Además, cuando le conté a mis hijos que me habían llamado me dijeron: “Obvio, mamá”. Ellos disfrutan mucho porque es muy familiar el ambiente. Está en la duda de si sale Agarrate Catalina y para ellos sería Disney hacer tablados con los dos.

—Te diste el lujo de cantar con Cristian Castro en el Antel Arena y de que fuera a un show tuyo en el Undermovie. ¿Cómo se dio esa historia?
—Estábamos haciendo Flor de verano y mientras tomábamos un vermut en un bar, nos llega una foto de Cristian Castro en una parrillada en Carrasco. Juan Pablo Olivera (productor) me dice: “Vamos ya”. Y yo le dije: “No, porque el sueño no es ese”. Seguro estamos a un grado de separación. Tengo que conseguir a alguien que se prenda y conozca a mucha gente. Ahí apareció Gonzalo Cammarota, mi compañero de todas las locuras.

—¿Qué hicieron?
—Subimos a nuestras redes que queríamos invitar a Cristian a mi espectáculo y a los cinco minutos nos contactó Andrea, escribana y amiga personal de él. Me reenvía un mensaje de Cristian diciendo: “Qué buena historia, dile a la chavita que allí estaremos”. Se montó todo un operativo para recibirlo porque nadie podía enterarse.

—¿Cómo fue para vos tenerlo ahí, en tu espectáculo, teniendo en cuenta de que fuiste presidenta de su club de fans cuando eras adolescente?
—Empecé la función haciendo de cuenta de que no estaba, porque si no no iba a poder. En un momento cuento la historia del club de fans y digo: “La vida es como el 5 de Oro, siempre da revancha”. Entonces pregunto: “¿Cristian, estás ahí?”. Se levanta una persona, empieza a caminar hacia el escenario y te juro que pensé que era otro, pero a medida que avanzaba escuchaba un coro de gritos. La gente no lo podía creer. Pagaron una entrada y terminaron viendo a Cristian cantando. Un tipazo. Me devolvió la gentileza. Después fuimos con Gonza Cammarota a saludarlo al backstage del Antel Arena y me dijo: “Te voy a llamar para subir al escenario”. De los nervios no sabía ni lo que cantaba.

—Después de todo lo que lograste. ¿Hay algún sueño que todavía no te animas a decir en voz alta?
—Yo hago muchos castings y no quedo en ninguno. El año pasado Diego Parker me invitó a colaborar en una escena muy chiquita de una película que va a protagonizar Gonzalo Deniz y estaba súper emocionada. Esa parte me falta. Durante un tiempo me daba vergüenza decir que extraño los medios, no por el ego, sino por lo que me genera entretener y acompañar. Me da pena darme cuenta de que nadie es tan importante. A nivel profesional, sueño con hacer cine y verme más grande y más vieja en una pantalla gigante (risas).

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