La murga que ensayaba en un jardín de infantes y cantaba a la gorra llega al Sodre con invitados de lujo

El conjunto prepara un espectáculo especial para celebrar sus casi tres décadas y compartir escenario con artistas invitados, en una noche que promete emoción y sorpresas. Esta es su historia.

Murga La Mojigata se presenta en el Sodre el próximo 22 de julio.
Murga La Mojigata se presenta en el Sodre el próximo 22 de julio.
Foto: Diego Martínez

Un taller de música popular que dictaba Edú "Pitufo” Lombardo allá por 1998 reunió a cinco jóvenes inquietos, con ganas de decir cosas y amantes de la murga. Convocaron a amigos a sumarse y así nació La Mojigata, que debutó en un Encuentro de Murga Joven. En 2001 dio el salto al Concurso Oficial y, desde entonces, la murga ha sido su espacio de militancia y su refugio, más allá de las idas y vueltas. El 22 de julio llegará al Sodre y sus integrantes sienten que es un premio.

Los cinco fundadores que coincidieron en aquel Taller Uruguayo de Música Popular (TUMP) eran desconocidos entre sí, pero los unían la edad, el espíritu participativo y un profundo amor por la murga.

Pitufo Lombardo plantó el germen en aquellos veinteañeros e incluso les dejó servido el nombre. El histórico director propuso escribir una retirada y, entre las consignas, pidió que terminara con “La” y una palabra de determinada métrica. Aparecieron varias propuestas hasta que Rafa, uno de los fundadores, lanzó: “La Mojigata”. No pensó en el significado de la palabra, sino en que funcionara para el ejercicio. Le gustó a todos y quedó.

Así, cuando en 1999 decidieron continuar con lo que había comenzado en esas clases y presentarse al primer Encuentro de Murga Joven, el nombre del conjunto ya estaba resuelto.

Mucha historia transcurrió desde aquellos inicios a pulmón, cuando desfilaron por lugares de ensayo de lo más pintorescos -desde parques hasta un jardín de infantes- y cantaban a la gorra en plazas y ferias para subsistir. Después llegaron tres alejamientos del Concurso Oficial de Carnaval, actuaciones en los 19 departamentos del país, festivales de rock y giras por Argentina.

Casi tres décadas más tarde, les toca afrontar uno de los retos más importantes de su carrera: el 22 de julio La Mojigata debutará en el Auditorio Nacional del Sodre con el espectáculo Los inadaptados con relaciones. Para Diego Martínez, fundador de la murga, llegar a ese venerado escenario es un premio al trabajo, la perseverancia y el esfuerzo de tantos años. Las entradas se compran en Tickantel.

El prestigio les exige, además, “estar a la altura”. Por eso convocaron a artistas amigos para que la noche, más que un recital de La Mojigata, sea una celebración de su recorrido.

Compartirán escenario con “Pitufo” Lombardo, Pinocho Routín, Mario Carrero, Los Mareados, Luana, El Alemán y varios exintegrantes. Los invitados harán parte de su repertorio y también interpretarán canciones y cuplés de La Mojigata. “Ver a Mario Carrero o a Luana hacer un cuplé, no sé si se dio en otro momento. Esa simbiosis genera mucha expectativa”, destaca Martínez.

La Mojigata, una murga austera y con estilo propio

La Mojigata en el Teatro de Verano durante el Carnaval 2012.
La Mojigata en el Teatro de Verano durante el Carnaval 2012.
Foto: Archivo El País

Las primeras reuniones fueron en un club de Punta Carretas y, poco después, se mudaron al Yvyra, el jardín de infantes de la madre de uno de los integrantes de la murga. El centro educativo se convertía en local de ensayo cuando los niños se retiraban y los murguistas, recuerda Martínez, intentaban cuidar el lugar y no dejar colillas de cigarrillos tiradas, en tiempos en que aún se podía fumar en espacios cerrados.

También guardan un recuerdo especial del primer recital en Arteatro y del debut oficial en Murga Joven. “Era divertirnos, encontrarnos con amigos, militar como generación; tratar de decir y hacer algo distinto”, resume sobre el espíritu de esos primeros años.

En esa época, todas las decisiones de La Mojigata se resolvían en asambleas. Fue tras uno de esos debates maratónicos que el grupo votó dar la Prueba de Admisión para el Carnaval 2001.

Los impulsó la respuesta del público, que tras los reconocimientos obtenidos en Murga Joven reclamaba su presencia en el Concurso Oficial, así como la posibilidad de presentar más veces un espectáculo que les demandaba meses de trabajo.

La solidaridad de la familia de Luciano Pérez, bombista de la murga por entonces, fue clave para que dieran ese salto. En el fondo de su casa se realizó aquella reñida votación y allí ensayaron durante meses el espectáculo del debut en el Carnaval.

Confeccionaron los trajes en el taller de cuero que funcionaba en su vivienda, y además los Pérez colaboraron con gran parte del dinero. “Los primeros tablados no cobrábamos para poder devolverles todo”, cuenta.

Esa forma de construir, a pulmón y con una fuerte impronta colectiva, marcó la identidad de La Mojigata desde el origen.

Junto a otras murgas, como Agarrate Catalina, Queso Magro y Demimurga, formó parte de una generación que exploró otros caminos. El absurdo, la ironía y la sorpresa aparecieron como herramientas para crear una voz propia y evitar repetir fórmulas que ya habían funcionado.

“La Mojigata desde que nació hizo más énfasis en lo que queremos decir que en lo que pasaba con el concurso y la mirada externa”, resume Martínez.

La Mojigata cantará en el Sodre y piensa en el Carnaval 2027

El primer premio, asegura, nunca fue un objetivo. La aspiración pasa por armar espectáculos que la gente disfrute y quiera ver. “Si eso va de la mano de un posicionamiento en el concurso viene bárbaro, porque está atado a un montón de cosas que fortalecen. Pero nunca partimos del ganar”, comenta.

Aunque reconoce que cuando la propuesta logra buena recepción en los tablados y el comentario general es positivo, las ganas de que el triunfo se dé, aparecen.

Más allá de los resultados, La Mojigata construyó un repertorio que quedó asociado a una forma de ver la realidad. Los inadaptados de siempre, uno de sus primeros cuplés quedó en la memoria del público. Allí planteaban que los verdaderos inadaptados no eran quienes se alejaban de la norma, sino quienes concentraban poder y no aceptaban que hubiera cosas lindas para la gente.

Martínez destaca también las retiradas de 2000 y 2005, que todavía forman parte de sus shows. La segunda —"Mudanzas que demoran"— incluso fue interpretada por otros artistas, como Alejandro Balbis, algo que llena de orgullo a la murga. Con más de cuarto siglo recorrido, Martínez cree que la imagen que existe desde afuera no siempre coincide con lo que sucede puertas adentro de la murga.

“Creo que no somos lo mismo, ni lo que la gente ve, ni lo que creemos ser de lo que somos”, plantea. Reconoce que suelen ser más críticos de lo que se necesita y que puede existir una visión idealizada sobre el funcionamiento del grupo. Sin embargo, advierte que los procesos colectivos también están atravesados por discusiones y momentos no tan luminosos.

“El nombre”, responde cuando se le pregunta qué sigue igual desde los inicios. Y menciona otros elementos que permanecen intactos: el amor por la murga, las ganas de decir y el deseo de “conservar un espacio bien ganado”.

“La murga ha ido fluctuando, creciendo, envejeciendo. No somos los mismos del año 98 y ese proceso también la llevó a modificarse”, resume.

La próxima parada de La Mojigata es el Sodre el 22 de julio. Luego, cruzarán el charco para presentarse en Buenos Aires y La Plata, y reencontrarse con un público que siempre les regala alegrías.

Mientras tanto, el colectivo ya piensa en una estrategia para decir presente el próximo Carnaval. “Se está empezando a escribir”, adelanta.

“Estamos en esa búsqueda de la permanencia en el Concurso Oficial, de sacar fuerzas en un momento no muy fácil. Tratar de que no nos gane la frustración sino la energía constructiva”, concluye.

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