Ganó un reality, pasó por la construcción y ahora vuelve a Canal 4 mientras vende propiedades

Antes de regresar a la pantalla como guionista de "Escape perfecto", atravesó años de incertidumbre laboral, pasó por oficios de todo tipo y encontró en el stand up una vocación que le cambió la vida a los 27 años.

El comunicador y humorista Pablo Magno.
El comunicador y humorista Pablo Magno.
Foto: Leonardo Maine

El deseo de ser artista, famoso o aparecer en televisión no estaba ni en los planes más remotos de Pablo Magno (41). Hace memoria, pero no logra rescatar entre sus recuerdos con qué soñaba de chico. Probó con marketing y administración de empresas, pero los intentos duraron poco: se aburría rápido y abandonaba.

Lo único que el hoy comediante y comunicador sí tenía claro desde la adolescencia era que quería irse a vivir a Italia y probar suerte en la tierra de sus abuelos. Cumplió ese anhelo y, en 2008, se mudó solo, sin un peso y sin conocer el idioma. Lo aprendió a los tumbos, mientras trabajaba en una fábrica de ladrillos. Recorrió todo lo que pudo y volvió al año porque extrañaba mucho y se sentía solo. “No me arrepentí nunca de irme ni de volver”, cuenta.

El historial de empleos que tuvo al regresar de Europa es bastante amplio: fue remisero, vendedor de papel y pasó por distintos rubros hasta que comenzó a trabajar en la constructora de un amigo, donde se dedicaba a pintar casas y levantar paredes de yeso.

Harto de la monotonía del trabajo, empezó a buscar actividades para pasar el rato y lo primero que encontró al googlear fue un curso de stand up en Club de Comedia. Su reacción inmediata fue: “Qué chantas”. Pero no le importó y se anotó igual.

Es más, había agarrado el primer trabajo por su cuenta y aprovechó: con el dinero que cobró pagó el curso de una. “Me arriesgué a que no me gustara o me aburriera en la segunda clase. Por suerte no pasó”, dice.

Se entusiasmó tanto que ese mismo año se inscribió en un intensivo de 12 clases en Buenos Aires sobre chistes de una línea. Viajaba todos los martes en modo gasolero: se tomaba la cachola -era lo más barato-, se alojaba en un hostel que costaba 100 pesos uruguayos la noche y comía un refuerzo.

Poco después empezó a presentarse en bares y descubrió que había encontrado algo que hasta entonces nunca había sentido: una vocación.

Un resumen de la charla que Pablo Magno mantuvo con Sábado Show antes del estreno de Escape perfecto, un formato internacional que lo tiene maravillado y es la gran apuesta de Canal 4 para el 2026. “Estamos laburando a full para que salga espectacular y la gente se divierta”, adelanta.

Pablo Magno haciendo stand up en un bar.
Pablo Magno haciendo stand up en un bar.
Foto: Under Fotografía

—Ser comediante terminó abriéndote una puerta inesperada. ¿Cómo llegaste a La noche menos pensada (Canal 4)?
—Sí, en 2013. Hacía un año que había empezado en el stand up y conseguir un puesto en televisión era muchísimo. Me llamó uno de los guionistas del programa, de la productora Sinapsis, porque me conocía de los boliches donde hacía comedia. Me preguntó si seguía escribiendo chistes cortitos. Le dije que sí, me contó que iba a salir un late night show y que necesitaban a alguien que escribiera ese tipo de humor a partir de las noticias. Hice una prueba y quedé.

—Después de ese comienzo como guionista empezaste a aparecer delante de cámara. ¿Cómo se dio ese paso?
—Lo primero que hice fue en los especiales de fin de año de Agitando una más (Canal 4). En 2016 fui productor de Sé lo que viste (Canal 4), me metí en algún sketch y en 2017 Oscar Barreto me ofreció sumarme a Agitando.

En 2018 empiezo en Vamo arriba (Canal 4) como productor y movilero, hasta que levantaron Agitando y me fui. Pasé a Canal 10 con Dale que va —con el mismo equipo de Agitando— y me sumé a los móviles de El show de la tarde. Cuando ese programa terminó, me quedé en bolas, hasta que llegó Fuego Sagrado Famosos (Canal 12).

—En los medios muchas veces hay que convivir con esa incertidumbre. ¿Cómo la manejás?
—Si vivís de esto, precisás varios kioscos porque con un solo sueldo no te da. Fueron decisiones que me costó tomar, pero en su momento dije: “Ya que se levantó Agitando, una sola cosa no me sirve, me voy y me arriesgo a que en otro lado salga algo”. Por suerte pasó, hasta que levantaron El show de la tarde.

—¿Te arrepentiste de haber renunciado?
—No me arrepiento. No es que considere que haya hecho todo bien y que todas las decisiones fueron correctas, pero todas me llevaron a un lugar que hoy agradezco. Cuando pasaron dos o tres meses, no tenía laburo y la estaba pasando mal, pensé: capaz que si me hubiese quedado. Pero con todo lo que vino después, siento que estuvo bien.

—¿Qué hiciste cuando te encontraste sin trabajo?
—Llamé a mi amigo y volví a la construcción. Tiré currículums y me llamaron de una empresa para vender alimentos.

—Después de ganar Fuego sagrado también atravesaste un momento de incertidumbre. ¿Cómo fue ese proceso?
—Sí. Ganar Fuego sagrado fue la perfección, pero después de eso también me quedé sin nada. El padre de un amigo tiene una inmobiliaria y me dijo que podía hablar con ellos. Aunque no estaba muy convencido, fui a la entrevista y empecé a trabajar.

Pablo Magno es el nuevo Maestro Asador, tras coronarse campeón de "Fuego Sagrado Famosos"
Pablo Magno es el nuevo Maestro Asador, tras coronarse campeón de "Fuego Sagrado Famosos"
Foto: Ignacio Sánchez

—¿Cómo te llevas con ese nuevo rol?
—El primer tiempo me autoboicoteaba, no iba a la oficina, no hacía nada, como es un laburo libre, no te exigen un horario. Después no me quedó otra que empezar a laburar porque tenía que pagar las cuentas, pero además le fui agarrando el gusto. Cuando me empezó a ir bien ahí, se volvieron a abrir puertas artísticas. Pero decidí no dejarlo porque sé que en los medios un día hay, otro no. Además, me permite hacer las dos cosas y me da más tranquilidad.

—¿Es tu principal ingreso?
—Me reparto entre el canal, la inmobiliaria y los shows privados que nunca los dejé.

—Después de ganar Fuego Sagrado querías hacer algo vinculado a la gastronomía. ¿En qué quedó esa idea?
—Lo pensé, pero no lo ejecuté, después pasó el tiempo y se fue diluyendo.

—En ese momento contabas que con los 10.000 dólares del premio querías ponerte al día con algunas deudas y viajar a Machu Picchu con tu novia. ¿Pudiste hacerlo?
—Logré ponerme al día con las cuentas, que era importantísimo porque hacía un tiempo que no estaba en tele, el laburo estaba medio flojo y se me habían venido unas deudas encima y logré saldarlas. El viaje no lo hice pero lo tengo pendiente.

—La descripción de tu Instagram dice: “No soy gurú, estoy aprendiendo y lo comparto”. ¿Qué significa? ¿Hay una búsqueda más espiritual detrás?
—A veces, sin darte cuenta, la vida te va llevando por ese camino. No estoy en ninguna corriente, pero estoy más grande y eso te da otra perspectiva y experiencia. Lo aprovecho para vivir un poco mejor. “No creo en nada y creo en todo”. Me apoyo en algunas creencias. Hoy no me caliento por cosas que antes sí, y tengo muy presente el lenguaje que uso conmigo: hablarme bien, que durante mucho tiempo no lo hice, te da beneficios.

—¿Has hecho terapia?
—En este momento no estoy haciendo, pero hice y me sirvió.

—¿Cómo te llegó la propuesta para ser guionista de Escape perfecto?
—Cuando me llamaron de Sinapsis estaba en el Chuy con un amigo. Había ido a pasar fin de año con unos compañeros de la inmobiliaria a Punta del Diablo. Me contaron de qué se trataba y me encantó. Les dije que contaran conmigo y, cuando corté, me cayó la ficha.

—¿De qué?
—Es volver al primer lugar donde trabajé en los medios, Canal 4, haciendo la misma tarea, que es guion. Es como empezar de nuevo y en mi vida es algo que está sucediendo. Es mágico, pensé. Coincidía con varios cambios: me separé, arranqué en la inmobiliaria, dejé de fumar, empecé a hacer ejercicio.

—Si pudieras elegir un proyecto para los próximos años, ¿cuál sería?
—Dejo que la vida me sorprenda, pero me gustaría conducir un programa de entretenimiento o de juegos.

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