Los 50 encuentran a Paola Bianco cumpliendo varios sueños. El 11 y 12 de julio saldará una cuenta pendiente al compartir escenario con Pinocho Routin e Imanol Sibes —Figura Máxima del Carnaval en 2025 y 2026— en A ver si te la sabés, espectáculo que llegará a La Trastienda (entradas en Passline). Bajo la dirección musical de Gustavo Montemurro, la dirección escénica de Federico Pereyra y los arreglos corales de Pitufo Lombardo, recorrerán lo mejor del cancionero nacional junto a una banda en vivo.
Como si algo le faltara a este dream team, sus dos hijos menores (Guillermo y Rocío) debutarán en las tablas integrando el coro. “Hay seis generaciones y estamos todos en la misma, con un respeto que no siempre se da”, asegura. De este proyecto, del emprendimiento que encaró con una amiga, del reencuentro con el amor tras 27 años de casada, de su faceta espiritual y una señal que recibió de Cacho de la Cruz; de sus años dorados en la televisión y de sus ganas de volver a los medios, va esta charla con Sábado Show.
—En tu descripción de WhatsApp dice “Siempre soy”. ¿Es un recordatorio personal?
—Es una frase de Cerati que me gusta mucho y estuve a punto de tatuármela. No me había dado cuenta de que seguía ahí. Significa que hay que enfocarse en el presente, que no hay que estar apurado por lo que viene ni enganchado en el pasado. Pero tengo una dualidad con esa idea, a veces pienso que uno tampoco es solo el problema que tiene hoy.
—¿En qué momento personal te encontrás hoy?
—Muy presente con mis hijos, pero ahora están más grandes y valoro muchísimo más el intercambio con cada uno. Estoy disfrutando mucho mi relación con ellos, también de estar sola, y con mi pareja. Álvaro tiene una hija y ensamblamos las familias. Incluso se lleva bárbaro con Darío, mi exmarido. Eso te lo da la madurez.
—Estás cumpliendo varios sueños con A ver si te la sabés: volver a cantar, compartir escenario con referentes que admirás y hacerlo junto a dos de tus hijos.
—Sí. Siempre admiré mucho a Pinocho Routin y a Pitufo Lombardo. Desde que vi Murga Madre dije: “Algún día voy a trabajar con ellos”. En los 90, para la Troupe Ateniense, Pitufo nos iba a dirigir y Pinocho iba a integrar el coro, pero estaban con la banda de Jaime Roos, tuvieron que elegir y nos quedó ese pendiente. Tenía ganas de volver a cantar y que mis hijos me vieran arriba de un escenario, porque nunca me habían visto cantar en vivo. Que, además, dos de ellos se hayan animado a subirse conmigo me emociona mucho.
—¿Cómo nació el proyecto?
—La idea surgió hablando con Gustavo Montemurro, que es amigo. Le conté lo que imaginaba y después se sumó Federico Pereyra. De a poco se fue armando el grupo. Somos seis generaciones arriba del escenario, desde los 12 hasta los 60 años. Aprendemos unos de otros y hay un respeto que no siempre se da. Realmente se formó una familia. En el coro también están Paula Lombardo —hija de Pitufo, que debuta en las tablas— y Camilo Routin, director de Cayó la Cabra e hijo de Pinocho.
—¿Con qué se va a encontrar el público?
—Con canciones que forman parte de la identidad uruguaya. No es un espectáculo de Carnaval ni de murga, sino una historia ficcionada en la que conservamos nuestros nombres. Yo interpreto a una estrella infantil que se alejó de los escenarios y vuelve para un gran show. Pinocho es mi productor e Imanol el asistente. Hay un mensaje muy lindo sobre el valor de transmitir lo nuestro y de confiar en los futuros artistas.
—Cuando cumpliste 50 hiciste una reflexión donde agradecías las cuatro décadas de trabajo y decías que sentías que todavía te quedaba mucho por hacer. ¿Cómo fue mirar para atrás y ver todo tu recorrido?
—A veces es raro mirar para atrás. Hubo momentos en los que estaba siempre con el micrófono y la cucaracha puesta, deseando tener un rato para estar tranquila en mi casa. Y ahora no estoy en televisión y la extraño. Siento que todavía puedo dar muchísimo y que me fui en mi mejor momento.
—Lo has dicho incluso llorando.
—Sí. No tengo 80 años. Y aunque los tuviera, si tengo ganas de trabajar, está buenísimo. Me duele que mucha gente me haya dicho: “Ya trabajaste 40 años, dedicate a otra cosa”. A un arquitecto si lo echan de un trabajo no le decís eso. Estudié toda mi vida para esto. Puedo hacer teatro, que me fascina, pero lo mío es la comunicación. No fue que me dijeron que no servía. Hubo una reducción de personal, son cosas que pasan. Lo que no entendí fue por qué no se buscó alguna forma para que pudiera seguir.
—¿Nunca intentaste presentar proyectos o golpear puertas?
—En Canal 10 me dijeron que Mi casa es tu casa era un producto tan bueno que siempre tendría lugar. Es un programa caro, hay que venderlo, producirlo y hacerlo con menor calidad no me interesa. Hasta el día de hoy la gente me pregunta cuándo vuelve, y la verdad es que me encantaría. Sé que todavía tengo mucho para dar y la experiencia se nota.
—¿Qué te pasa cuando ves a tus hijos y pensás en tu adolescencia en televisión?
—Me alegro de que no lo hagan, porque cambió todo. Con Maxi De la Cruz tuvimos la suerte de estar bien rodeados. Siempre fuimos muy amigos y nos cuidábamos mucho. El mundo artístico es así: un día sos los Rolling Stones y al otro no te conoce nadie. Podés creer que de ahí no te mueve nadie, pero te mueve cualquiera.
—¿Te pasó de perder la noción?
—No, era imposible que me pasara porque siempre tuve una familia al lado. Con Maxi nos conocimos de chicos, estábamos acostumbrados a ver gente muy famosa en casa, era natural. En un momento éramos los Stones, después cada uno siguió su camino, volví a tener un éxito enorme con Loco de vos, y pasé de no poder ir al shopping a que al otro día nadie me reconociera.
—¿Y eso cómo lo viviste?
Me da gracia. Digo: “Mirá lo que es la exposición”.
—¿Sentís que te perdiste cosas por trabajar desde chica?
—Sí. En el momento lo disfrutaba, pero tengo pocos recuerdos de una infancia típica. Maduré antes, empecé a trabajar y a ganar mi propio dinero siendo menor. Pero siempre tuve el apoyo de mi familia. Y esto es Uruguay, tampoco me va a pasar como Britney Spears.
—¿La faceta espiritual apareció de grande en vos? Porque has contado que recurriste a constelaciones y registros akáshicos.
—Mi abuelo murió en mis brazos en 1995 y en ese momento sentí como una liberación. Estaba muy enfermo, lo sostenía como a un bebé, y sentí que algo pasaba. “No puede haber terminado acá”, pensé. Tenía 19 años y empecé a investigar. Leí metafísica, después a Brian Weiss, y fui a dos regresiones.
—¿Con qué te encontraste en esas vidas pasadas?
—Estuve en la Alemania nazi y la Alhambra en Granada. Aparecieron fechas y detalles que me impactaron. Fue muy fuerte.
—¿Cómo cultivas hoy esa espiritualidad?
—Con mantras, afirmaciones, una japamala. En su momento mi meditación era correr, ahora prendo el fuego y me quedo mirando las llamas. La espiritualidad puede estar en cualquier lado, incluso en una fiesta techno. Me gusta mucho cuidar plantas, sahumar, y estudié sobre piedras.
—¿Y la terapia qué lugar ocupa?
—Hoy no estoy en un proceso constante, pero tengo una relación cercana con mi terapeuta. Cuando necesito trabajar un vínculo, la llamo.
—¿Te ayudó a superar la tragedia de Young durante la filmación del programa Desafío al corazón?
—Muchísimo. Hicimos terapia grupal porque quedamos con estrés postraumático. Si no lo hubiera hecho, creo que hubiera quedado muy tomada.
—¿Te quedaron secuelas?
—Sí. El dolor sigue, los recuerdos también, pero ahora me dejan dormir. Durante años soñaba con eso. Tenía hijos chicos y me daba miedo que vieran un tren y preguntaran.
—¿Volviste a subirte a un tren?
—No. Pero sé que lo voy a hacer. Pasaron 20 años, pero cada 17 de marzo siento que fue ayer.
—Tenías un vínculo muy cercano con Cacho De la Cruz, ¿sentiste alguna señal suya luego de su muerte?
—Sí. Cuando volví de su funeral estaba muy triste y entró un pajarito a mi casa. Lo agarré y no se asustó. Lo acaricié, cantó y se fue. Pensé: “¿Habrá sido una señal?”. Después miré el cielo y vi una formación de pájaros increíble.
—¿De qué va Talismana, el proyecto de objetos de arte que empezaste con una amiga?
—Diseñamos objetos con una intención, cosas que nosotras mismas usaríamos: plantas, macetas, hornitos para sahumar, mates, porta inciensos, piedras. Es todo muy artesanal, hacemos pocas unidades y no repetimos.
—¿Te sorprendió volver a enamorarte de estar casi 30 años con tu exmarido?
—Sí. Cuando me separé pensé que nunca más me iba a enamorar. Estoy muy feliz. Es un amor distinto, pero no menos profundo o pasional. Hay cosas que puedo disfrutar con más tranquilidad porque mis hijos son más grandes. Hemos viajado solos.
—¿Te volverías a casar?
—No. Estoy muy bien así. Elegimos no convivir, pero nos vemos todos los días y compartimos mucho.
—¿Qué planes tenés para el futuro? ¿Algún sueño pendiente?
—Ahora estoy enfocada en la obra y ojalá siga porque se armó un grupo precioso. Me gustaría volver a la televisión y a la radio, y también probarme en cine. Es algo que siempre digo que quiero hacer y voy postergando.
-
Es psicóloga, ganó un certamen en Canal 12 y cumple el sueño de cubrir un Mundial: "Se me caían las lágrimas"
Llenan teatros, evitan las pantallas y hacen jugar a toda la familia: el secreto detrás del éxito de Pim Pau
Sorpresivo cambio en el Concurso Oficial: Daecpu anunció que elimina un cupo para el Carnaval 2027; el motivo