El fotógrafo de Pando que trabajó en Argentina, en una película de Hollywood y se lanza como cantante drag

El joven Kevin Miranda habla de su carrera que comenzó como fotógrafo, trabajó para José María Muscari, en la película "El beso de la mujer araña" y estrena carrera en la música como La Miranda.

Kevin Miranda como La Miranda.
Kevin Miranda como La Miranda.
Foto: Juanjo Vazquez

Tiene una historia intensa: proveniente de una familia humilde, a los 18 años se mudó de Pando a Montevideo para estudiar y terminó trabajando en Buenos Aires, como fotógrafo de José María Muscari, Diego Ramos y Valeria Lynch, y con una participación en el musical El beso de la mujer araña que se filmó en Uruguay. “Una locura”: así resume Kevin Miranda su carrera.

Se inició en el arte drag recién hace dos años y ya representó a Uruguay en la Conferencia Internacional de Negocios y Turismo LGBTQ realizada en 2025 en Argentina. “Pisé fuerte en la escena”, asegura.

Ahora se lanza en la música bajo el nombre La Miranda, otra faceta con la que actúa este miércoles 10 en Living. Sobre todo eso y su nueva búsqueda como cantante, Kevin Miranda habló con Sábado Show.

—En la fotografía fuiste de cero a cien en un segundo. ¿Cómo fue ese comienzo en la fotografía teatral?
—Totalmente accidental. Yo había ido a ver la obra Casa Valentina, llevé mi cámara de atrevido y saqué fotos sin que nadie me viera, porque en los teatros eso no te lo permiten jamás. Cuando llegué a casa las edité, publiqué una y me escriben Diego Ramos y [José María] Muscari. Me dijeron que mis fotos eran mejores que las que les habían hecho en Buenos Aires. ¡Las querían todas! Me maté editando y se las llevé al otro día. Eso me cambió la vida. Después Diego me llevó a Argentina, me presentó a Fabián Vena y a pila de gente del ambiente. Hasta usaron mis fotos para afiches y giras. Fue entrar con un gol de media cancha.

—¿Tenías experiencia previa? ¿Qué edad tenías?
—Dieciocho años. Había estudiado en el Fotoclub y en Bellas Artes, pero esas fotos fueron literalmente las primeras que hice en teatro. Y gustaron. Fue como una varita mágica en el momento justo.

Kevin Miranda como La Miranda.
Kevin Miranda como La Miranda.
Foto: Juanjo Vazquez

—¿Cómo pasás de ser fotógrafo a drag queen?
—Mi acercamiento fue desde la fotografía. Hace cinco años me hice un autorretrato en drag como homenaje al arte drag. Me maquilló un amigo, me peinaron, me pusieron una peluca, y cuando me vi en el espejo dije: “Acá hay algo”. Pero recién hace menos de tres años empecé a trabajar profesionalmente: una fiesta electrónica me llevó al Tempo, que es un lugar icónico de la diversidad local. Y de ahí no paré: hice campañas para marcas por el mes de la diversidad, publicidades, incluso un pequeño papel en El beso de la mujer araña, la película que se filmó acá.

—¿Cómo definís a La Miranda, tu personaje drag?
—Miranda es hiperfemenina. No es trash, no es grotesca: es glam, pulida. Tardo cuatro horas en montarla. Entre tapar barba, bigote, peinar peluca, maquillaje, vestuario… Es un laburo enorme. Y caro, además. El drag es precioso, pero también te vacía la billetera si no lo cobrás. Mucha ropa me la hago yo, otras cosas las traigo de Estados Unidos.

—También viajaste como drag a una feria internacional de turismo en Argentina. ¿Cómo fue esa experiencia?
—Fui representando a Uruguay. Fui megaubicada: vestido hasta el piso, peluca impecable. Eso llamó la atención de la gente y de delegaciones de otros países, que venían a sacarse fotos conmigo. Mientras, varias drags argentinas estaban más en modo “personaje de boliche”, lo que no siempre funciona para un evento institucional.

—Cuando se generó una polémica por el show drag que se realizó en Presidencia, ¿cómo lo viviste?
—Yo trabajo con una de las chicas que estuvo ahí. De las dos drags, una hizo su laburo impecable: nadie habló de ella. La otra llevó algo más de boliche, que a la gente le encanta… Pero no era el lugar. Yo la banqué porque el país entero le cayó encima. Después le dije: “Fuiste la perra en el lugar equivocado, amiga”. Fue fuerte, hubo persecución mediática hacia todas las drags esos días. Pero ya pasó.

—Volvamos a tu camino: ¿cómo fue salir de Pando a los 18?
—Mi vida estaba en Montevideo: el estudio, los teatros, el trabajo. Estudiaba Bellas Artes y fotografía. Era otro mundo para mí. Hoy lo miro para atrás y digo: “menos mal que me animé”.

—¿Y cómo es lanzar temas como La Miranda?
—Le puse “La Miranda” porque Miranda ya existe como artista. Tengo dos temas prontos: uno es la presentación del personaje y cuenta de dónde vengo, cómo surgió todo; el otro es más bolichero. Acá casi no hay drags que canten en vivo.

—¿Cómo vivís ese salto a cantar como drag?
—Es una presión porque quiero hacerlo profesional. Tengo un coach vocal para dejar la voz fabulosa… Pero después hay que poder sostener eso en vivo. Ensayos, sonido, escenografía, coreos… Lleva muchísimo tiempo. Entre fotografía y drag no duermo hace dos años y medio, pero me encanta (se ríe). Y con esto siento que es una veta nueva para la escena uruguaya. Algo distinto.

“Se puede vivir del arte”

Kevin Miranda trabaja como fotógrafo profesional y como drag queen en distintos eventos, y una de las claves para su éxito es haber logrado convertir sus pasiones en una fuente de ingreso. “Todo lo que hago, desde la fotografía hasta el drag, me da trabajo. Cuando era adolescente mi hermano me cargaba diciendo que iba a ser un vago por querer dedicarme al arte. Bueno… acá estamos”, dice entre risas. “En Uruguay se puede vivir del arte. No siempre fácil, pero se puede”, asegura.

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