Luego de varios años investigando por su cuenta, Silvia Kliche se decidió y publicó Pachacuti, un libro donde cuenta su experiencia con extraterrestres y seres “de otros mundos”. La periodista y exconductora de Telemundo de Canal 12 ha desarrollado una exitosa carrera como ufóloga, con conferencias y charlas en todo el mundo, avistamientos y conexiones que, a priori, no tienen explicación.
Ahora, antes de viajar a Perú junto a un grupo de “sky watchers”, como llama a las personas que la acompañan, Kliche habla con Sábado Show de las momias de Nazca, de la esfera de Buga y de su pasión por intentar explicar este fenómeno que ha presenciado y documentado tanto en Perú y Argentina como en Uruguay.
—Este año ya estuviste en Perú. ¿Qué te dejó ese viaje y cómo ves hoy el tema ufológico?
—El tema ufológico pasó a otro nivel. Porque es la primera vez que los civiles tenemos en nuestro poder tecnología y cuerpos alienígenas, como la esfera de Buga y las momias de Nazca. Tener estos elementos permite investigarlos seriamente, y eso es lo que se está haciendo.
—¿Qué es exactamente la esfera de Buga?
—Es una esfera metálica, un “explorador” con tecnología no humana. Tiene fibra óptica y, según las investigaciones de los científicos que trabajan con [el ufólogo mexicano] Jaime Maussan, tiene miles de años de antigüedad, bastante más de lo que se pensaba. Cayó en Buga, Colombia. Un campesino la encontró y finalmente terminó en manos de Maussan. Cuando se dio a conocer, muchos dijeron que era un invento, que estaba sostenida con un hilito o un dron. Pero yo sabía que era real porque hace más de 20 años, en la zona del Uritorco, tuve un encuentro cercano con una esfera igual.
—¿Cómo fue ese encuentro?
—Fue a plena luz del día. Estábamos unas cinco o seis personas y la esfera apareció a un metro y medio de mi rostro. Suspendida en el aire, metálica, del tamaño de una pelota de básquetbol. Me observó, la observé, y luego hizo lo mismo con cada persona del grupo. Cuando terminó de escanearnos, se alejó a muchísima velocidad, pero a baja altura -unos tres metros del suelo- y a los pocos metros se hizo invisible. Ahí confirmé no sólo que existen, sino que tienen tecnología avanzada para hacerse invisibles. En vigilias diurnas y nocturnas he visto cómo las naves grandes siempre van acompañadas por estas esferas. Hay de distintos tamaños.
—Según informes oficiales, los registros de avistamientos de ovnis han crecido en los últimos años. ¿Qué está pasando?
—Hay una oleada impresionante, miles de registros diarios en todo el mundo. Antes vos podías decir: “vi una luz rara” y quedaba la duda. Ahora cualquiera levanta el celular y graba. Hace 10 años no podías hacerlo. Ahora sí. Pero además, y esto te lo digo por toda una vida dedicada al tema, la movida ufológica actual es poco común.
—¿A qué se debe este aumento? ¿A menos prejuicios o a más personas abiertas a lo que existe más allá?
—En mi libro Pachacuti, ya es momento de que Nazca la verdad (2018), interpretando una antigua profecía inca, ya anunciaba una gran transformación de las conciencias: un despertar. Eso está ocurriendo. También conté que en Cusco hay túneles -chincanas- que conectan Sacsayhuamán con el templo de Coricancha y se internan en los Andes. Este año, arqueólogos peruanos confirmaron esos túneles. Así que mi libro está más vigente que nunca. Esa información la recibí en parte de una hermandad cósmica con la que tuve contacto en mi primer viaje a Perú en 2003.
—¿Qué te movió a investigar este fenómeno?
—Desde niña sabía que no estábamos solos. Siempre fui periodista y curiosa. He tenido centenares de avistamientos: naves de día, de noche, de distintas formas, y también contactos con seres. Generalmente estos encuentros ocurren en zonas de alto magnetismo, “zonas calientes” se llaman: hay en Perú, el norte de Chile, en el Uritorco y la Capilla del Monte en Argentina, y también en puntos del interior de Uruguay donde el fenómeno es muy fuerte.
—¿Hacés estos viajes seguido?
—Permanentemente. Y hay personas que quieren ver: le digo los “sky watchers”. Me acompañan en mis viajes y tienen la posibilidad de vivir experiencias. Porque el que no cree, no viene. Generalmente son personas que quieren ver, que creen en esto, pero nunca vieron. O gente que ya ha tenido experiencias en su juventud y quiere más. Ese tipo de personas son las que me han acompañado durante estos años y me siguen acompañando en este viaje de investigación. Me escriben por WhatsApp porque yo estoy permanentemente yendo a esos lugares donde, de acuerdo a las fotografías y los registros, se producen fenómenos increíbles.
—Ahora volvés a Perú. ¿Qué incluye el viaje contigo?
—En enero voy con un grupo. Vamos desde Lima hasta Nazca recorriendo museos, los geoglifos de Palpa y Nazca y la Universidad de Ica, donde siguen analizando los primeros cuerpos de las momias de Nazca. Ningún gobierno del mundo pudo probar que son falsas, aunque el peruano las resista porque hay muchos intereses sobre lo ufológico, tanto a nivel geopolítico como científico.
—Participaste de una instancia histórica sobre las momias.
—Sí. En 2018 estuve en la reunión del Congreso del Perú, donde un pequeño grupo presentó los primeros cuerpos con ADN desconocido, por lo tanto no humano. Tuve el privilegio de ser una de las pocas personas en el mundo en tocarlas, sostenerlas, examinarlas. Para mí, investigadora del fenómeno OVNI, fue la cúspide.
—¿Y después de eso cómo se sigue?, ¿hay algo más?
—Cuando creí que ya había vivido lo máximo, empecé a tener contactos con inteligencias luminosas, seres interdimensionales. Creo que se están dando dos fenómenos que van en paralelo. Por un lado, las naves físicas y los seres físicos que se ven más. Pero por otro lado, están las inteligencias luminosas. Son luces que atraviesan lo físico, se aproximan a ras del piso y cambian de forma hasta convertirse en seres frente a nosotros. Tengo registro de una imagen humanoide que vimos hace poco. En una vigilia, una luz se acercó hasta un metro mío, antes de desaparecer. Un mes antes, otra se detuvo en seco cuando alguien del grupo sintió miedo y se alejó. Registramos esas presencias en fotos y videos, y al hacer un acercamiento apareció un humanoide. Lo hice analizar y la IA confirmó que se trataba de una figura humanoide que emitía luz. Increíble.
—También te han invitado a congresos internacionales por tu experiencia.
—Desde la última vez que me entrevistaste representé a Uruguay en congresos en Chile, en Nazca junto a Jaime Maussan, y en el Congreso Internacional Ovni de Rosario, donde estuve hablando entre Sixto Paz y Maussan. Es heavy, y me están entrevistando de todas partes. Porque hacerse un nombre en este mundo no es fácil. Pero hago investigación de campo y no estoy sola: tengo testigos, fotos, videos.
—Con una vida dedicada al periodismo y como cara visible de un informativo como Telemundo, ¿cómo influyó tu vida profesional en esto?
—Durante mis 25 años en televisión leí muchísimo. De todo: religiones, misticismo, ufología. Me preparé por muchos años. Y cuando me desvincularon del noticiero, viajé a Perú y allí me contactó una hermandad cósmica a través de una indígena que me dijo: “Te estábamos esperando”. Desde entonces trabajé en silencio hasta publicar mi libro en 2018. Y ahí me destapé.
—Lo que ha pasado con tu libro también ha tenido algo de inexplicable.
—Sí, antes de escribirlo le daba vueltas al asunto porque me daba pereza. Por eso no le había dicho a nadie que iba a escribirlo. Porque cuesta hacer un libro. Son noches sin dormir, aunque es muy lindo también. Bueno, le daba vueltas, hacía vigilias, y como que nunca encontraba el tiempo para sentarme a escribir. En eso me llama una amiga desde España, muy mística también, y me dice: “Silvia, ¿cuándo vas a escribir libro?”. No entendía nada, y me dice: “me dicen que te pongas a escribir”. Y así fue que lo hice.
—Según contás, siempre tenés testigos de tus avistamientos que pueden confirmar tus relatos. ¿Alguna vez estuviste sola en uno de esos encuentros?
—Una sola vez, hace 15 años, en Capilla del Monte. A las tres de la mañana vi pasar delante mío, a la altura de mi mirada, un objeto alargado, sin luces, completamente silencioso. Lo seguí con la mirada sin poder creerlo, se veía la sombra de eso que pasaba delante mío.
—¿Sentís que tu trabajo tiene credibilidad por la forma metódica en la que lo realizás?
—Sí, porque no soy yo sola. Siempre estoy con gente. Tengo testigos y registros. Incluso cuando doy conferencias, como en Chile, los otros investigadores hablan de casos que leyeron o les dijeron. Yo hablo de lo que viví. Dije: “Yo no les voy a dar nombres ni fechas, les voy a contar lo que viví”. Me aplaudieron de pie. Y ahora en diciembre me entrevista el canal más importante de China para hablar una hora conmigo. Eso demuestra que estoy por el camino que tengo que estar. Mi guía me abre todas las puertas.
—Decías que hay “zonas calientes” en Uruguay...
—Sí, en Uruguay tengo varios puntos de investigación. Uno de ellos es un campo cerca de Tacuarembó llamado Ser de Luz, donde se han dado avistamientos y contactos muy interesantes.
—También has tenido experiencias espirituales ligadas a tu libro.
—Sí, todo esto tiene una guía. Cuando escribí Pachacuti, en Madrid, puse la última frase, salí a la calle, prendí un cigarrillo y tuve un avistamiento. Fue una señal. Ya no hay lugar para procrastinar. Hoy tengo material para escribir una enciclopedia.
—¿Qué crees que debe hacer una persona para ver algo?, ¿hay que estar predispuesto?
—Lo primero es no tener miedo, aunque siempre hay que tenerles respeto. Porque hay razas benignas y otras no tanto para los humanos. Lo segundo es entender que ellos eligen cuándo presentarse. Podés pasarte toda la noche en un cerro y no ver nada… y después se te aparecen en tu casa. Lo tercero: hay que vibrar alto. Ellos tienen una vibración muy alta. Eso favorece la conexión: estar en paz, ser positivo. Hay investigadores famosos que preparan a la gente para los avistamientos o los contactos a través de determinadas técnicas de meditaciones y concentración. Mi técnica es conectarme con lo divino. Otros lo hacen de otra manera, aunque siempre hay que estar en paz y ser positivo. Además, lo fundamental es que se presenten ellos. He visto personas que comen carne todos los días y tienen contactos potentísimos, y veganos y maestros espirituales que hablan de la importancia del ayuno a los que les pasa lo mismo. Así que no pasa por lo alimenticio. Por mi experiencia, lo que sí noté en los “guardianes” de ciertos lugares del Uruguay es que son personas de fe y espirituales. Eso es el vibrar alto que se necesita. Por lo pronto en enero regreso a Nazca, donde todo comenzó. Porque el día que el gobierno peruano reconozca oficialmente a las momias, cambia la historia.
—¿Y por qué no las reconocen?
—Hay mucho interés económico detrás del tema ufológico y los extraterrestres. ¿Por qué ocultaron Roswell? ¿Por qué? Los tenemos en la ventana de casa y desde Estados Unidos se dice que son globos, que es China... ¿Por qué siguen mintiendo? Porque hay intereses económicos y también hay gobiernos por encima de los gobiernos que dan las directivas.
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