Alberto Kesman: la noche con Pelé en Punta del Este, su opinión sobre Bielsa y lo que piensa de su retiro

En la antesala de su Mundial número 13, el relator repasó anécdotas de casi 60 años de carrera. Habló de coberturas históricas, de la selección uruguaya y el vínculo con el público: “Con la gente todo, sin la gente nada”.

Alberto Kesman en Canal 12.
Alberto Kesman en Canal 12.
Foto: Ignacio Sánchez.

Jugaba al fútbol con botones porque en su casa del barrio Fraternidad no había plata para comprar un futbolito. Alberto Kesman nació el año del Maracanazo, pero sus padres no le contaron nada de ese Uruguay campeón. “No eran futboleros. Mi mamá quería que fuera médico, pero a mí ya me picaba el bichito del relator. Un día le dije: ‘No estudio más’, y lloraba porque dejé la carrera para apostar a ese sueño”, cuenta quien lleva casi seis décadas frente al micrófono.

A los 16 se fue a probar a Radio Sport y le dijeron que volviera seis meses después. Tachaba los días en el calendario esperando esa oportunidad. Regresó y no lo atendieron. Entonces fue a Radio Ariel y lo recibió Julio César Fattoruso. Había una vacante, hizo la prueba y quedó. Así empezó a escribirse la historia del hoy relator de Radio Universal y periodista de Canal 12.

Se prepara para cubrir su Mundial número 13 y es consciente de que podría ser el último. Antes de viajar a Estados Unidos, repasó anécdotas de su extensa trayectoria, opinó sobre el presente de la selección uruguaya y de Marcelo Bielsa, recordó encuentros inolvidables con Pelé y Diego Maradona, e incluso habló de la posibilidad del retiro.

—¿Cuál fue el primer Mundial que viste con verdadera conciencia?
—El de 1966 en Inglaterra. Ya lo veía con perfil analítico. Eran figuras excepcionales que uno juntaba en las figuritas. La radio a lámpara estaba prendida todo el día en mi casa. Escuchaba partidos de todos los cuadros y conocía perfecto a los jugadores. Disfrutaba enormemente de los relatos de Carlos Solé. Le tengo una admiración enorme. Para mí es inigualable. Quisiera, en algún momento, parecerme.

—¿Y no sentís que te parecés?
—Es lo que dice la gente. Lo que sé es que no soy tan bueno como él.

—La FIFA te entregó un premio por los 12 mundiales y vas a vivir el número 13. ¿Te pasa por la cabeza que pueda ser el último?
—Seguramente sí, porque voy a cumplir 76 años y para el próximo tendría 80. Uno tiene que ser consciente. Viví mundiales de todas las características. Hoy son 24/7. Ya no podés hacer cosas que antes sí: conocer más las ciudades, recorrer, ir a la playa.

—Siempre decís que Italia 90 fue el mejor Mundial, ¿por qué?
—Porque tenía una organización pendiente del torneo. No había tanto misterio para llegar a hacer notas a las selecciones. Hoy existen las conferencias de prensa por la cantidad de periodistas. Daba el tiempo para recorrer el país. Llevabas tu grabación al satélite en el centro de prensa y te ibas.

—¿Tenés alguna anécdota de aquel primer Mundial juvenil en Túnez, en 1977?
La Asociación Uruguaya de Fútbol nos había regalado un bolso que decía Uruguay. Viajé de Túnez a Roma, estaba por salir el avión de Varig y tenía que entregar los rollos con el material. En aquel momento no había tanto control como ahora y corrí por la pista. Me metí en la aduana, me para un italiano y le digo: “Periodista”. “¿Uruguay?”, me pregunta. “¿Schiaffino?”, me dice. “Avanti”.

—La entrevista con Maradona y esa charla de 40 minutos en la Copa América de 1989, ¿es de lo mejor que te pasó?
—Fue algo maravilloso. En aquella época los fenómenos no daban conferencias de prensa, te atendían mano a mano. Éramos 60 medios esperando para entrevistar a Maradona. Estaba en un bar que habían cerrado para él. Abren la puerta y dicen: “Canal 12”. Entré con el camarógrafo y le digo: “Diego, te voy a molestar cinco minutos porque hay 60 esperando”. “¿De dónde sos?”, me pregunta. “De Uruguay”. “Ah, uruguayo. Quedate tranquilo acá. ¿Qué querés tomar?”. Me habló de la familia, estuvimos como 40 minutos. Cuando salí, me puteaban en japonés los que estaban esperando.

¿Cómo será la cobertura de La Tele?

La Tele se prepara para una cobertura incomparable de cara a un nuevo Mundial, con un gran equipo: Alberto Kesman, Federico Buysan, Rodrigo Romano, Diego Jokas, Gonzalo Ronchi, Diego Muñoz, Gerardo Pelusso y Nadia Fumeiro.

Antes del inicio, Alejandro Figueredo hará una serie de especiales para mostrar los preparativos de los países anfitriones, las ciudades y estadios donde jugará la Celeste.

Habrá dos ediciones de El diario de la Copa, el debate a las 21:00 y todos los goles a la medianoche. Lucía Rodríguez y un "compañero especial" llevarán adelante La otra cara del Mundial, encargándose del color, la alegría y la fiesta de los hinchas.

—¿Qué fue lo más increíble que hiciste para conseguir una entrevista?
—La entrevista a Pelé fue increíble por lo impensada. Jorge Gutman era un contratista uruguayo que trabajaba con él. Pelé iba mucho a su casa en Punta del Este y hasta tenía una habitación con su nombre. Un verano, la señora de Gutman me llama para invitarme a una fiesta y me dice: “Está Pelé desayunando”. En ese momento estaba Verano del… en Canal 12 y mandaron con una cámara para hacerle una nota. De noche, en la cena, Pelé me dice: “Alberto, ¿dónde podemos divertirnos?”. Lo llevé a una discoteca frente al hotel San Rafael. Pasamos una noche espectacular con todo su séquito.

—¿Lo volviste a ver después?
—Sí, en el Mundial del 94. Estábamos a metros y me hizo señas para que fuera adonde él estaba, pero el policía no me dejó pasar. Quedó en el saludo lejano. Igual me puso contento porque habían pasado años y se acordó de mí.

—Sudáfrica 2010 fue un mojón importante en la historia futbolística de Uruguay. ¿Cómo lo viviste vos?
—En el 70 se consiguió un cuarto puesto y la gente no lo festejó. En 2010 sí, porque Uruguay había quedado afuera de varios mundiales o no iba, entonces era como salir campeón. Me tuve que quedar 10 días más en Sudáfrica porque no tenía vuelo. Acá era una fiesta bárbara y la vimos por televisión desde allá: la llegada, la caravana por la rambla. Decíamos: “Mirá, estamos acá pudiendo estar en Uruguay”.

—La selección, liderada por el Maestro Tabáez, generaba mucha conexión con la gente…
—Más allá de que uno quiere que Bielsa sea campeón con Uruguay o haga un gran papel, no tiene la idiosincrasia del uruguayo, que sí la tuvo Tabárez. Aunque puede ser antipático, tiene una forma de ser que permite una unión relacionada con nuestra manera de sentir. Bielsa no la tiene. Él mismo se define como tóxico y el tóxico lo es dentro de un plantel. Dios quiera que me equivoque, porque lo máximo que deseo, ya casi en un retiro de los mundiales, es transmitir lo mejor para Uruguay. Pero no me cae simpático.

—¿No le tenés fe a Uruguay?
—A Uruguay siempre le tengo fe. Tenemos un amor propio bárbaro. El otro día escuchaba una nota que les hicieron a Pelé y Maradona juntos y Pelé dijo: “Los uruguayos eran los mejores”. Entonces nunca nos den por perdidos, aunque sea dificilísimo ganar.

—Será el primer Mundial sin Luis Suárez y Edinson Cavani. ¿Se va a sentir esa ausencia?
—No tengo dudas. A Suárez, entre 26 jugadores, yo lo hubiera llevado. Un fenómeno sabe dónde colocarse. Y cuando se coloca bien y la pelota va donde él está, la manda a guardar. Dale 10- 15 minutos y sabe dónde entrar, sabe convertir y es un ganador.

—¿Tenés cábalas?
—Una sola: no relatar partidos imaginados, solo los reales. Me han querido contratar para hacer avisos publicitarios relatando y no.

—El periodismo también implica sacrificios. ¿Qué resignaste?

—Esta profesión es 24/7. Son todos los días del año y no importa la hora: la información y el comentario tienen que estar. Lo más importante es la gente. Con la gente todo, sin la gente nada. Si la gente no cree en vos, no sos nadie.

—¿Te sentís querido?

—Sí. Aunque de repente alguno en redes sociales me putea también. Pero no bloqueo, por principios. Cada uno tiene derecho a pensar lo que quiera.

Alberto Kesman en "Telemundo".
Alberto Kesman en "Telemundo".

—¿Te has perdido muchos momentos por la profesión?
—Horas con mis hijos y mi familia. Pero se puede estar de distintas formas.

—¿Te lo reprochan?
—Ni me reprochan ni reprocho. ¿Cómo voy a reprocharle a una profesión que me dio la oportunidad de vivir bien de lo que me gusta?

—¿Ser frontal te costó enemigos o peleas?
—Peleas existen siempre. A veces se arreglan dialogando y otras con las manos.

—¿Te pasó?
—Sí. Pero lo guardo para los íntimos.

—¿Y te has reconciliado?
—Sí. No soy rencoroso, siempre y cuando no me toquen a mi familia.

—Si volvieras el tiempo atrás, ¿harías todo igual?
—Sí. Aprendí mucho por la época y el barrio donde nací.

—Será el primer Mundial sin Jorge Da Silveira. ¿Caés en la cuenta de las pérdidas?
—Es una falta importante. Fue un periodista de ley. Marcaba la cancha con su opinión. Podías coincidir o discrepar, pero el respeto como periodista y conocedor era enorme.

—Te tocó despedir a Enrique Yanuzzi, Ariel Delbono, Julio César Gard y Eduardo Mazzei. ¿Están presentes en tus relatos?
Siempre los tengo en mi corazón. Me ayudaron y me enseñaron porque fueron maestros de esto.

—Fuiste peón de barraca, vendedor de pijamas y calzoncillos. ¿Pensás qué hubiera sido de tu vida sin el fútbol?
—Yo qué sé. A los 14 años, durante el verano, trabajaba en una sanitaria. Después iba a dar un examen en un banco y un conocido me propuso ir a trabajar a su barraca. “Te voy a pagar más”, me dijo. Fui de traje y corbata, con los mejores zapatos, y el capataz me preguntó por qué había ido vestido así. “Porque voy a trabajar en la oficina”, le contesté. “No. Acá vas a cargar y descargar camiones y a limpiar los baños”, me dijo. Me fui para mi casa, me cambié y trabajé cinco años ahí. También vendí casmisas, calzoncillos y pijamas en el interior. A los 25 hubo un cambio radical por la muerte de Solé, me dediqué exclusivamente a la radio y pasó a ser mi medio de vida.

—Tu hijo Martín dijo que tu mejor pasatiempo es trabajar. ¿Tenés otros hobbies?
—Mi hobbie es preocuparme de que todo salga bien. Soy muy exigente: me gusta que los tonos de salida al aire y los volúmenes estén bien; que estén todos los elementos.

—También dijo que sos su orgullo y vos has dicho que es tu sucesor...
—A esta altura del campeonato, Martín es mejor que yo. Para mí es el mejor relator de radio de este país. Te doy mi palabra que si no lo pensara, me lo guardaría.

—¿Pensás en el retiro?
—Mientras me sienta bien y la gente me acepte, voy a hacer algo siempre. El retiro nunca sabés cuándo llega. A esta edad hoy estás bien y mañana regular. Cuando te gusta y además es tu medio de vida, cuesta largar. Pero pienso que tanto más no va a haber. A veces también te toca acompañar. En el canal no conduzco y me encanta estar. Sé que todavía tengo cosas para aportar, pero no me quita el sueño estar al costado. La gente es la que te pone en el lugar.

—Tenés un estilo único y dejaste frases instaladas en la cultura popular. ¿Cuál es la más usás?
—“Es lo que hay, valor” ya es un patrimonio. Fui a pedir un whisky, me dieron uno berreta y dije: “¿Qué me das?”. “Es lo que hay, valor”, me contestaron. Me gustó el dicho y me apoyé en él.

—¿Qué balance hacés de estos casi 60 años como relator?
—Positivo, porque siento que la gente todavía está con nosotros. Y hablo en plural porque no soy el único. Tengo compañeros que me apoyan y eso es fundamental.

—Pero Kesman es Kesman...
—Puede ser, pero los compañeros son los compañeros. Si no te ayudan, sos boleta.

—¿Qué sentís cuando alguien te dice: “Mi infancia tiene la voz de Kesman”, como a vos te pasa con Solé?
—Mi voz se fue cascoteando con los años. Pero Solé tenía algo inigualable: parecía que hablaba desde una cámara de eco. Era fantástico el tono. El mejor de todos. No te voy a negar que cuando me lo dicen lo hacen con amor y convencidos, pero otra cosa es lo que pienso yo de mí mismo. Yo lo imitaba de niño… y salió bien.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar