ANÁLISIS

El futuro del régimen tras las protestas: ¿es el principio del fin de la Revolución Cubana?

Las manifestaciones del pasado domingo marcan un cambio. ¿Son realmente el principio del fin de la Revolución o eso está lejos de ocurrir? Opinan analistas, periodistas y dirigentes políticos.

Manifestación en Cuba. Foto: AFP
Manifestación en Cuba. Foto: AFP

Es posible que la jornada del domingo 11 de julio, cuando miles de cubanos salieron rabiosos a las calles de La Habana y de otras ciudades y pueblos de Cuba, quede marcada en la historia de la isla gobernada por el régimen castrista desde hace 62 años. Unos cuantos pedían libertad (“Patria y vida” y “abajo la dictadura” eran algunos de los gritos de guerra), muchos otros simplemente poder comer, no hacer más colas de siete u ocho horas para comprar alimentos básicos, acceder a medicamentos y vacunas o no sufrir apagones cada día.

La comparación con el recordado Maleconazo del 5 de agosto de 1994 era inevitable: aquella había sido la protesta más masiva desde 1959. Ocurrió en pleno período especial y después miles se lanzaron en balsas hacia Estados Unidos. Tras esa crisis, Fidel Castro inició una apertura económica.

Hoy, 27 años más tarde, muchos dicen que el estallido, alentado desde las redes sociales, es aún más relevante que el Maleconazo porque ocurrió en casi toda la isla y no solo en la capital. Tanto que llevó al gobierno cubano a “apagar internet” durante 48 horas y hasta ayer sábado seguían bloqueadas las redes y plataformas de mensajería, que fueron claves en este proceso (aunque, hecha la ley hecha la trampa, muchos cubanos se las ingenian para conectarse igual).

El claro descontento popular —en un país donde la pandemia ha afectado la industria turística y ha provocado más pobreza en la isla— generó una primera reacción: el gobierno liderado por Miguel Díaz-Canel permite ahora que los viajeros que lleguen a Cuba lleven productos de aseo, alimentos y medicamentos. Todo sin limitaciones ni aranceles aduaneros. La medida regirá hasta fin de año y se trata de un reclamo popular, hasta ahora sin respuesta.

En los días posteriores al estallido bajó la cantidad de protestas y el país ingresó en una tensa calma, aunque el Ministerio del Interior confirmó el martes la muerte de un hombre durante un enfrentamiento en un barrio periférico de La Habana.

No hay datos oficiales sobre la cifra de detenidos y algunas organizaciones opositoras aseguran que pueden ser unos 170. Desde Amnistía Internacional, la directora para las Américas, Erika Guevara-Rosas, denunció en una entrevista con BBC que hay al menos 247 personas detenidas o desaparecidas.

En Cuba la rutina sigue, así como las colas en las tiendas o la espera a ver si vuelve Internet. Pero hay muchas preguntas que quedan planteadas. ¿Estas inéditas protestas fueron el inicio de un cambio en la isla? ¿Son el principio del fin de la Revolución o eso está muy lejos de ocurrir? ¿Qué significado concreto tienen, en los hechos?

Desde La Habana.

Suena el teléfono y responde el periodista Reinaldo Escobar, jefe de redacción del diario digital 14ymedio y además esposo de la famosa periodista y bloguera Yoani Sánchez (“ella es la que manda, tú sabes”, bromea). Cuenta que, a su juicio, la del domingo pasado fue “la más extensa e intensa manifestación de inconformidad del pueblo cubano con su gobierno, en estos 62 años”. El Maleconazo, recuerda, fueron unas pocas miles de personas durante menos de una hora en un lugar específico de La Habana. “Esto ocurrió en todas las provincias y se calcula que participaron decenas de miles de personas en esta manifestación espontánea”, indica.

Escobar niega que sea algo organizado desde Estados Unidos, como afirma el gobierno cubano. “Es absurdo, muy tonto”, dice el periodista. “Si eso fuera así, significaría que en el país no habría órganos de inteligencia ni de seguridad del Estado”, afirma y explica que el origen fue bastante más simple: la bronca estalló en el pueblo San Antonio de los Baños —que, contradicciones de la vida, es llamado la “capital del humor”— y los videos se viralizaron rápido. “Eso circuló y la gente se entusiasmó”, dice Escobar. “Si en el Maleconazo del 94 hubiera habido redes sociales, posiblemente las protestas se hubieran extendido por toda Cuba”.

¿Esto puede implicar el inicio de un cambio?

—Esa es la pregunta que nos hacemos todos. Ahora la protesta entró en una pausa, pero si el gobierno mete la pata, la gente saldrá con más fuerza. Todo depende de lo larga que sea la película para decir que es el principio del fin, ¿no? —se ríe Escobar—. Esto lleva 62 años. Puede ser el principio del fin en término de meses o de un año... Pero sí ha abierto una situación nueva: los ciudadanos cubanos saben que es posible gritar la inconformidad en una plaza pública. Eso se hace en todos los pueblos del mundo. Aquí no pasaba por el pánico o miedo.

Ahora, ¿la gente reclama por libertad o por los problemas cotidianos, como los apagones o la falta de medicamentos?

—Si tú ves los videos en Internet, la consigna que más se repite es “libertad, libertad, libertad” -dice Escobar.

Reynaldo Escobar, jefe de redacción del medio cubano 14ymedio.
Reynaldo Escobar, jefe de redacción del diario digial cubano 14ymedio.

El periodista uruguayo Fernando Ravsberg no está muy de acuerdo con la visión de su colega. Él vive en Cuba desde 1990 y trabajó 22 años como corresponsal de BBC, Telemundo de Estados Unidos y la radio pública de Suecia, hasta que el gobierno cubano le quitó la credencial, molesto con su trabajo. Dice que no lo expulsaron del país, como a otros colegas, porque tiene familia en la isla.

En una entrevista en el programa Desayunos Informales de canal 12, Ravsberg dijo esta semana que las protestas llegaron por una combinación de factores, desde los apagones cada vez más habituales, la lentitud con la que el gobierno concreta las reformas anunciadas, las enormes colas para comprar alimentos, la crítica situación económica complicada más por el bloqueo de Estados Unidos (“han cortado las remesas, un ingreso importante para muchas familias”) y la falta de turismo, así como el agravamiento de la pandemia con hasta 7.000 nuevos casos diarios de contagios. El reclamo de mayores libertades no está presente, según su versión, en la mayoría de los manifestantes.

Pero, en diálogo con El País, Ravsberg dice que es difícil predecir si se viene el fin del comunismo en Cuba. Y entonces enumera con cierta ironía: “En 1959 los ricos se fueron de Cuba porque en tres meses los americanos tumbarían a Castro. Pocos años después, la invasión de Bahía de Cochinos acabaría con el régimen en pocas horas. Cuando desapareció la Unión Soviética, Cuba tenía los días contados. Al morir Fidel Castro se acabaría el comunismo en la isla”. Y nada de eso pasó, por ahora.

Algo parecido opina un funcionario que trabajó en el pasado en un puesto diplomático en Cuba, quien pide no ser identificado pero afirma que “esta protesta quedará por ahí nomás” debido a los mecanismos fuertes de represión y control que existen en ese país. “Ellos han nacido, vivido y acostumbrado a un sistema, por lo que es difícil el cambio a pesar de las carencias. Lo que sí puede pasar es que haya influencias externas que lleven a que el tema crezca en un momento de transición donde los viejos comandantes están todos fuera de circulación”, admite.

En tanto, para el historiador uruguayo Fernando López D'Alesandro, las protestas son la consecuencia de una situación económica y social “insostenible y crítica”, producto básicamente de dos grandes razones: el bloqueo y sobre todo el “fracaso” del modelo basado en la economía planificada al que el gobierno cubano se ha aferrado, donde la burocracia “vive bien” y “el resto del pueblo no”.

“Y ta, la gente salió a la calle como pasa en tantos países del mundo”, sintetiza López D'Alesandro, autor de los libros Historia de la izquierda uruguaya y Vivian Trías: el hombre que fue Ríos. ¿Es el fin del régimen? “Yo no me animo a hacer futurología. Sí creo que para Díaz-Canel es un golpe muy fuerte”.

Ignacio Bartesaghi, doctor en Relaciones Internacionales y director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica, advierte que crece la situación de “incomodidad“ y cansancio de la población cubana. “Es un gobierno cada vez más débil por un desgaste social, sumado a la crisis del COVID y su efecto directo en el turismo”, opina Bartesaghi.

¿Y el embargo? “Tiene sus efectos. Es un instrumento político de peso que utiliza Estados Unidos para agobiar al régimen. Pero es evidente que no ha tenido resultados concretos y termina siendo una justificación para Cuba”.

Manifestaciones en Cuba. Foto: AFP
Manifestaciones en Cuba. Foto: AFP

El debate político.

Cuba sí, Cuba no. Como siempre, este nuevo punto de inflexión en la historia de la isla ha servido para plantear en Uruguay duras discusiones en el Parlamento y a nivel mediático entre oficialismo y oposición.

Y es un tema de debate en la interna del Frente Amplio, donde hay notorias diferencias entre la postura del Partido Comunista (leal al régimen cubano) y los sectores más moderados (que tienen una visión crítica), con el MPP y el Partido Socialista en una postura quizás intermedia.

El asunto fue tratado el viernes en la Mesa Política. Allí Asamblea Uruguay el sector que lidera el exministro de Economía Danilo Astori— votó en contra de una declaración que condenó las injerencias internacionales en Cuba porque no se agregó una mención sobre el respeto de los Derechos Humanos, en especial la libertad de expresión y manifestación, según publicó ayer El País.

La resolución cuestiona “los dichos injerencistas” del presidente Luis Lacalle Pou, quien dijo que en Cuba hay una “dictadura que obviamente no respeta los derechos humanos”. La Mesa reivindicó los principios de “no injerencia” y “libre determinación”, rechazó el bloqueo, aunque también respaldó el “derecho inalienable que tienen los pueblos a manifestarse pacíficamente en forma legítima, así como a defender sus conquistas”.

La mayoría de los dirigentes de la izquierda se mostraron en forma pública del lado del gobierno cubano, en particular los comunistas. La diputada Ana Olivera, por ejemplo, dijo durante la discusión en el Parlamento que el bloqueo “ha sido criminal”, mientras que el secretario general Juan Castillo dijo a canal 5 que hay “una provocación financiada y fundamentada por parte del imperialismo norteamericano que siempre trata de hostigar a todos los pueblos que se quieran liberar y ser dueños de su destino”.

Desde el MPP, el senador Alejandro “Pacha” Sánchez dice a El País que “está bien” que la gente se manifieste en Cuba debido a que hay problemas, pero no cree que eso haga caer al gobierno en un país con un sistema político distinto al uruguayo. “Hay investigaciones que se han hecho acerca del hashtag #SOSCuba que revelan que hay enorme participación de bots. Hay una movida internacional del lobby anticubano”, advierte Sánchez.

Sin vueltas y en una línea distinta al resto, Fernando Amado de Unir —hoy director de Turismo de la Intendencia de Montevideo— escribió en Twitter que “Cuba fue y sigue siendo una dictadura” y que no se puede defender “lo indefendible”, más allá de que el bloqueo de Estados Unidos “es deleznable”.

Tanto en Diputados como en el Senado y solo con los votos oficialistas, se aprobaron declaraciones de condena al uso de la fuerza y la escalada represiva en Cuba frente a las manifestaciones.

El diputado blanco Juan Martín Rodríguez, uno de los que llevó la voz cantante en el tema, dice que la izquierda defiende a Cuba “por necesidad”, salvo los comunistas, que lo hacen “por convicción”. A su juicio, lo más valioso es que los cubanos “terminaron perdiendo el miedo” que les impedía expresarse. Y adelanta: “A mí me dicen que se respira otro aire en la isla. Seguro lleve mucho tiempo pero un régimen tiránico ha empezado a caer”.

El que conoce mucho de Cuba es el expresidente Julio María Sanguinetti. En su primer gobierno retomó las relaciones diplomáticas y en el segundo recibió a Fidel Castro en Montevideo. Y dice que entiende “la explosión por la libertad en la isla”. Pero enseguida aclara: “Cuba no es una dictadura, es un Estado totalitario, organizado sobre la base de la abolición de la propiedad privada, de un partido único y de un medio de comunicación único”.

El secretario general del Partido Colorado adelanta que la represión “es y será muy dura” en la isla y opina que el embargo estadounidense “es una idiotez” porque “regala una bandera”.

¿Entonces las protestas son el comienzo de algo?

—Eso lo dirán los hechos.

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