De Famosa a Norteña, Pili y Ancap: qué hay detrás de la crisis de la industria en Paysandú

El reciente parate en la planta de AmBev y la incertidumbre sobre el futuro del negocio del pórtland en Paysandú son los últimos dos casos de una larga serie de golpes que afectan a un departamento históricamente industrial.

 La histórica planta de Norteña en Paysandú
La histórica planta de Norteña en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour.

Paysandú tenía —tiene, en realidad, porque algo queda— un barrio industrial. También supo contar con una asociación de empresas exportadoras, Asapey, que era la única de todo el interior del país. Ese barrio industrial forma parte de una época dorada: el perfil que hizo famoso al departamento del litoral se forjó a impulso de grandes empresas como Paylana, Paycueros, Galletitas Famosa, Norteña y Azucarlito. Entre esas y otras industrias, que eran casi todas líderes en su sector y con un modelo paternalista donde los empleos eran algo así como de por vida, daban trabajo en total a más de 7.000 personas solo en forma directa. Al decir del intendente Nicolás Olivera, era un formato “donde entrabas limpiando y terminabas de jefe de sección, podías poner un hijo, podías sugerir a tu señora”.

La historia arranca en la década de 1940, cuando gente del campo de la zona aprovechó el modelo de sustitución de importaciones y cruzó a Europa a buscar socios, lo que hoy se llamaría joint ventures. Así las cosas, con franceses se fundó Azucarlito. Y con alemanes, Norteña. Pero el tiempo pasó y allá por los años 2000 la cosa se empezó a complicar: se inició una lenta y progresiva debacle industrial sin fin que sigue hasta el día de hoy. La crisis no para.

Paylana ocupaba un inmenso espacio de tres o cuatro manzanas en el corazón de esa zona industrial que hace no tanto latía bien fuerte. Cerró en 2011 y dejó atrás un tendal. Fue una empresa histórica, fundada como Industrial Lanera en 1946: en Paysandú todos conocen a alguien —un familiar, un amigo, un conocido del barrio— que trabajó allí. Era la principal empresa textil de Uruguay y exportaba a mercados muy exigentes. Llegó a tener más de 600 trabajadores directos y dicen que con la cantidad de empleos que se movían alrededor de ella llegaba a los 1.500. Dicen que hacían tejidos de la misma calidad de los italianos, pero a un costo mucho menor. Pero un día aparecieron los chinos, “se empezaron llevando los tops y terminaron haciendo todo; contra China es imposible competir”, cuenta a El País un exgerente de la empresa que pide no ser identificado.

Fachada de la ex Paylana en Paysandú
Fachada de la ex Paylana en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour.

Testigo de una época, el cartel de Paylana todavía se ve bien de lejos por la ancha avenida Salto en la zona norte de la ciudad de Paysandú. Pero hoy en el enorme predio hay de todo menos una fábrica textil: funciona la sede de la Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC), una empresa colombiana de software que se llama Sofka, una oficina de la Intendencia de Paysandú, un CAIF y cooperativas de vivienda y edificios de apartamentos.

Pegado a Paylana, un poco más hacia la costa del río Uruguay, está Paycueros, que tambalea por los costos pero sigue en pie y ocupa también un gran espacio en Salto y Luis Batlle Berres. Hoy la empresa forma parte del grupo Sadesa: una curtiembre líder en el mundo dirigida por Miguel Galperín, hermano del CEO de Mercado Libre, Marcos Galperín, proveedora de marcas globales como Adidas, Nike y Ralph Lauren. La firma atraviesa una situación financiera compleja: Infobae publicó días atrás que en Argentina logró la extensión del Procedimiento Preventivo de Crisis que había solicitado en marzo del año pasado, afectada por una fuerte caída en el mercado interno, cambios regulatorios y un entorno macroeconómico que le impedía competir en el exterior. En 2024 eran 750 empleados directos en la planta sanducera de Paycueros, hoy quedan 500, de los cuales cerca de 400 están activos y hay unos 80 en seguro de paro desde hace más de un año. Hubo despidos, más algunas pocas jubilaciones.

Planta de Paycueros en Paysandú
Planta de Paycueros en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour.

Al fondo de Paycueros está la también histórica Azucarlito, en cuya creación participaron unas 400 familias sanduceras que en su momento compraron acciones. Al principio allí se fabricaba el azúcar con remolacha azucarera de la zona pero en un momento eso dejó de ser competitivo. La empresa se reconvirtió y hoy solo refina el azúcar: la materia prima viene de afuera. A fines del año pasado el grupo tucumano Budeguer adquirió el 53% de las acciones de la empresa, que sigue en pie desde 1943.

Tres cuadras al norte, en la calle Instrucciones del año XIII, está la monumental planta de AmBev, con sus edificios de ladrillo a la vista y un icónico cartel de Norteña.

Allí, en la planta industrial de Cervecería y Maltería Paysandú, no se produce la tradicional cerveza desde 2005 (hoy se fabrica en Minas, en Montevideo y en Brasil), sino solo malta que se usa para hacer la bebida. Pero la planta está parada desde hace varias semanas: el 90% del personal —unas 115 personas, aunque se calcula que afecta a casi 300— se encuentra en seguro de paro; al principio la medida iba a ser por dos meses pero luego se extendió a cinco.

El destino final de AmBev, junto al de la planta de pórtland de Ancap en el departamento, donde dejaría de funcionar el horno (ver recuadro más abajo), es la gran incertidumbre a nivel industrial este año.

Planta de AmBev en Paysandú
Planta de AmBev en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour

Pegado a Norteña, hay un edificio moderno que hoy luce abandonado y hace que la imagen de la zona sea aún más triste. Allí, donde antes funcionaba la citrícola Sandupay, se instaló Pili en la década pasada. Esta empresa del sector lácteo, nacida en 1962 y especializada en quesos, se había mudado de su histórica ubicación céntrica hacia un edificio que casi no se llegó a usar: iba a ser la planta del sector más moderna de Uruguay. Lo de esta empresa lechera fue casi una tormenta perfecta. Por diversas razones, entre ellas la caída de los negocios con Venezuela, quebró y cerró en 2018, dejando a los 150 trabajadores en la calle y con el despido sin cobrar. Contando productores y servicios, se calcula que afectaba a 600 familias. Los seguros de paro especiales de los trabajadores se vencieron recién el año pasado. Y los exempleados aún están intentando cobrar el despido. “Muchos están sin trabajo ahora, viviendo de la familia o haciendo changas”, dice Alfredo González, quien fue gerente de producción hasta el final.

Galpón de la ex Pili en Paysandú
Galpón de la ex Pili en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour.

Una imaginaria lista de históricas industrias de Paysandú que hoy ya no existen o se reconfiguraron se podría completar con Cármica (que hacía laminados para los muebles y se hizo tan famosa que dio su nombre a ese tipo de laminado plástico decorativo, pero al final no pudo con la competencia brasileña), Famosa (cerró en los años 90 tras ser vendida a la empresa Nabisco), el frigorífico Fricasa en Casa Blanca (considerada la primera planta procesadora de carne vacuna en Sudamérica, desde 1806; hoy está prácticamente paralizada) y una embotelladora de Coca-Cola, Refrescos del Norte, que ocupaba casi una manzana en el centro de Paysandú, donde hoy funciona la UTE.

COMERCIO

"Está quieta la cosa"

María Belén Capurro, presidenta del Centro Comercial de Paysandú, dice que enero y febrero fueron “muy bajos en ventas” y adelanta que los efectos de los últimos cierres “sin duda se van a sentir en el comercio” a nivel local en los próximos meses, sumado a que los cruces para comprar a Colón no se han detenido. Un empresario del rubro distribución de bebidas, quien pide no ser identificado, cuenta que en los últimos tres años ya hubo una tendencia a la baja en todas las ventas: “Las ventas caen y los costos suben. Hay menos dinero en la calle, te lo dice cualquier bolichero. Los 80 no van a volver, cuando había 12 fábricas”. Y explica, con un dejo de tristeza: “La gente aprieta los pesos. Ta quieta la cosa”.

Los golpes al sector industrial en Paysandú, uno a uno

Es verdad, en estos días Paysandú vive su zafra turística anual con la Semana de la Cerveza. Algunos hablan, además, de un auge de proyectos inmobiliarios, hay un claro crecimiento universitario (la sede de la Universidad de la República llega a 9.000 estudiantes, hay una residencia recién inaugurada, que costó seis millones de dólares) y está la expectativa bien alta por la posible instalación de la empresa HIF Global con una millonaria planta de hidrógeno verde a la vera del río, que ha causado polémica y una nueva rivalidad con Argentina. El intendente Olivera, igual, advierte sobre esa posible inversión, que aún no está confirmada: “No podemos estar esperanzados de una bala de plata”.

Pero los golpes a nivel industrial se han sucedido uno atrás de otro: empresas que cerraron o redujeron su plantilla. Las cifras de desempleo son críticas desde hace algunos años. En 2024 se registró la tasa más alta del país con 14,8%, el doble que en Montevideo. El último dato que se conoció este año es de 10,8% detrás de Treinta y tres, que lidera con 13,8%. En todo el país el desempleo es de 7,4%, según las últimas cifras.

El intendente Olivera dice que parte del problema es que en un momento “se relajó el músculo” y como departamento se puso “todos los huevos en una misma canasta, porque vivíamos bien”. El director nacional de Industrias, Adrián Míguez, admite que “cuesta mantener lo de ciudad industrial” por la caída de plantas históricas y tira una cifra: en la industria se perdieron unos 1.400 puestos directos de empleo desde 2016, aunque referentes políticos y sindicales manejan una cifra mayor, de casi 3.000.

Pero Míguez también repasa otros datos que son más alentadores y dice que se trabaja en recuperar el “potencial” del departamento. Afirma, por ejemplo, que hay una creciente diversificación hacia otros sectores estratégicos, como el de servicios globales, tecnología y testeo de software. Y que hoy los motores del departamento son la producción agropecuaria y agroindustrial, en menor medida el comercio y el turismo. Y también dice que desde 2017 a la fecha se pasó de 9.400 empresas a 10.100, aunque eso responde en buena medida al aumento de micro y pequeñas empresas “y no necesariamente refleja un crecimiento en términos de escala, productividad y generación de empleo”.

Un industrial vinculado al departamento dice: “No es que nos quejemos por dos empresitas que caen. Es que a lo largo de la historia han venido cayendo y cayendo... y ahora se cae todo lo que quedaba”.

Nicolas Olivera
Nicolas Olivera, intendente de Paysandú.
Foto: Estefania Leal.

¿Hay algo que une a todos estos casos que conforman un panorama complejo a nivel industrial en Paysandú? “Es culpa de todos y culpa de nadie”, responde Olivera y lo resume en una sola palabra: competitividad. “Resulta que el flete hace la diferencia, resulta que la energía hace la diferencia, resulta que el tema impositivo hace la diferencia mayormente cuando estás lejos de los centros de consumo”.

El director Míguez habla de “empresas multinacionales que responden a decisiones globales” y que eso “escapa a cualquier decisión que podamos tomar porque la demanda mundial cambió”.

El diputado colorado Walter Verri, exsubsecretario de Industria, dice que la globalización llevó a que muchas actividades no sean rentables. “No es lo mismo estar en Montevideo que en el norte para ninguna de las dos cosas que podés poner una empresa: el consumo interno y la exportación”, opina Verri y dice que son vitales las políticas diferenciales al norte del río Negro. Propone, por ejemplo, mejorar los beneficios de la ley de inversiones para esa zona.

A su juicio, medidas recién confirmadas por el gobierno —exoneración de aportes patronales para nuevos puestos de trabajo en las ciudades del litoral, limítrofes con Argentina, y la extensión a 60 kilómetros del descuento del Impuesto Específico Interno (Imesi) en los combustibles, para las estaciones de servicio de toda la frontera— son medidas “muy paliativas” ante un problema de competitividad.

El intendente Olivera cita una reciente charla que tuvo con representantes de una industria en Paysandú, vinculada a alimentos y con proyección nacional. Le dijeron: “¿Vos sabes cuál es la única razón por la que nosotros no nos fuimos a Montevideo o Canelones? Porque somos sanduceros. Tenemos que bancar el flete de nuestra materia prima de Montevideo a Paysandú y luego llevar lo que hacemos de Paysandú a Montevideo”. Está claro: a veces los números no cierran.

Olivera se cansó “del bomberito” y dice que se necesitan herramientas que permitan “ir a buscar a otros para instalarse al norte del Río Negro”.

Planta de la ex Pili en Paysandú
Planta de la ex Pili en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour.

Pero los casos que mencionamos al inicio de este artículo tienen sus obvias diferencias. No todo es lo mismo. Si hablamos de Paylana, por ejemplo, en Uruguay no quedó prácticamente ninguna empresa de ese sector porque era inviable competir con China.

En el caso de la lechera Pili, que cerró en 2018, tuvo mucho que ver un enorme negocio que se cayó con Venezuela, país al que le vendían desde la década de 1980.

La crisis en el frigorífico Fricasa afectó a la enorme mayoría de los 400 habitantes de un pueblo: Casa Blanca, a 10 kilómetros de Paysandú. De ese histórico frigorífico dependía toda la población de la localidad —familias enteras, padres, madres, hijos, tíos, abuelos— y además llegaban cada día tres ómnibus con gente desde la capital departamental, para trabajar allí.

El golpe inicial fue en febrero de 2025, cuando se bajó en forma drástica la faena de ganado. Durante un año la empresa se mantuvo en una producción baja pero a fin de febrero pasado dejó de producir y hoy está todo el personal sin trabajo. Suman más de 400. A muchos empleados se les venció el seguro especial el 17 de febrero pasado y todavía no ha sido renovado. De hecho, trabajadores de Fricasa harán de cuidacoches en esta Semana de la Cerveza, cuenta la presidenta del Pit-Cnt local, Cecilia Sánchez.

Paycueros
Paycueros.
Foto: Pedro Dutour.

“Fue una crisis de confianza de los productores con el frigorífico, asociado al proceso de Conexión Ganadera”, explica el director de Industrias, en referencia al concurso del frigorífico, que le debía 27 millones de dólares a Gustavo Basso. Es simple: los productores dejaron de remitir ganado.

La historia de Fricasa tiene una complicación adicional. Unos años antes, en 2021, había sucedido un hecho trágico: falleció el entonces dueño de la empresa, el argentino-alemán Eugenio Schneider, a sus 81 años de edad, tras irse a nadar al río Uruguay.

En el caso de Paycueros la reducción tiene que ver, dice Míguez, el director de Industrias, con la demanda internacional que ha mutado “más hacia lo sintético que al cuero”. Además, las fases finales del proceso productivo de los clientes de Paycueros, e incluso algunas intermedias que agregan mayor valor agregado, “se concentran cada vez más cerca de la terminación, que es en Asia”, dice Míguez.

Paycueros
Movilización en Paycueros. Foto: gentileza Sindicato Paycueros.

Con otras palabras, así lo explica Antonio Ferreira, representante de la Unión de Trabajadores de Paycueros: “Lo que genera más mano de obra es el segundo y tercer proceso del cuero. Eso ya casi no lo hacemos. Se van en promedio 30.000 a 40.000 cueros a China solo con sal, y 5.000 a 8.000 llegan a la terminación final. ‘Estos’ abrieron en Vietnam, en Tailandia… Llevan para allá la mayoría del cuero”.

Para que se entienda: si se envía a Asia el cuero solo con sal se necesitan seis a ocho operarios. Para el proceso terminado, unos 300.

¿Y lo de AmBev? La demanda en Brasil ha tenido poco dinamismo y hay nuevos proveedores de malteada instalados en ese país, “ahí hay desafíos logísticos que resolver para ser más competitivos”, indica el director de Industrias.

Los trabajadores de AmBev en Paysandú temen que la empresa no vuelva a abrir. Sucede que los parates como el de estas semanas no han sido habituales en la planta, dice el sindicalista Eduardo Alza, y menos uno que dure cinco meses. “Esto puede ser un cierre encubierto si el gobierno no les da cosas que están solicitando”, opina, desconfiado.

Planta de AmBev en Paysandú
Planta de AmBev en Paysandú.
Foto: Pedro Dutour.

El diputado colorado Verri dice que, si fuera trabajador de AmBev, “también pensaría que la próxima noticia es que no vuelven a trabajar”. Y agrega: “Si la empresa ve afectada su rentabilidad, seguramente le sea más conveniente maltear la cebada en otras plantas más grandes. Pero para eso se la debería llevar del país y ahí es donde el gobierno tiene sus fortalezas a la hora de negociar”, dice.

El director de Industrias, en cambio, dice que en las reuniones la multinacional insistió en que el cierre es transitorio pero que hay trabajar “cuestiones vinculadas a los costos logísticos y energéticos así como el acceso a mercados”.

El tiempo dirá si la planta cervecera tiene un final triste como el de Paylana o Pili. O si sigue con oxígeno en estos tiempos tan turbulentos.

PÓRTLAND

El "plan de achique" de Ancap en Paysandú

Hace unos días el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, envió un mensaje al gobierno a través de los periodistas que lo consultaban en rueda de prensa: “Hagan toda la reestructura que quieran para dejar de perder plata en el pórtland, pero que no sea solo Paysandú el que la pague. Porque si a lo de Ancap, usted le suma lo de AmBev y Fricasa…”. En charla con El País, resume: “En realidad lo que va a pasar es que, como industria, Ancap va a cerrar. Te lo doy sin edulcorarlo. Quieren cerrar el horno de Paysandú y concentrar la actividad del horno en Minas. En Paysandú quedaría la molienda y el ensacado. Obviamente, al dejar de cumplir una parte del proceso esencial para la elaboración del pórtland, hay gente que queda ociosa”.

La planta de Paysandú “está concebida originalmente para la extracción de la piedra caliza”, explica Eduardo Zabala, de la Federación Ancap, “se pone en el horno, se somete a fuego a 1.500 grados, se tritura eso que sale del horno que se llama clínker y ese proceso después termina en el cemento pórtland”.

Ahora todo el clínker se produciría en Minas. El plan es hacer en Paysandú solo la molienda de clínker, la expedición de envasado y expedición de cemento, dice el sindicalista. “Es un plan que reduce la actividad industrial alrededor de un 80%. Y, de la mano de eso, un achique de personal de todo lo que implica la actividad industrial en el departamento”, agrega. Según la información que le han dado a los trabajadores, de 190 empleados, 50 irían a Minas, 80 quedarían “a la deriva” porque son tercerizados y 60 seguirían trabajando en la planta de Paysandú.

Planta de pórtland de Minas
Planta de pórtland de Minas.
Foto: Darwin Borrelli.

“Es un plan de achique en un primer momento y de cierre a mediano plazo”, dice Zabala. El tema aún es objeto de negociaciones. Hay una reunión prevista para después de Semana Santa.

Es que el lugar en el mapa, lejos de la zona metropolitana, incide hasta para Ancap (y no solo para los privados) a la hora de pensar su logística, como explicó en diciembre pasado en la comisión de Industria de la Cámara de Diputados la presidenta de la empresa, Cecilia San Román. Allí afirmó: “La planta de Minas está cerca del centro de consumo, lo que abarata los fletes. Su yacimiento está pegado a la planta, por lo que todos los costos logísticos se ven reducidos en Minas frente a Paysandú”. Pero aclaró: “De todas formas, debemos seguir manteniendo productiva la unidad de Paysandú y mantenerla vigente, en primer lugar porque sigue siendo útil en la región como centro logístico, y en segundo término porque cuenta con una caliza especial. Por eso, tenemos que mantener su horno en condiciones para utilizarlo en la producción especial de esa caliza y, también, para abastecer al norte del país con su propia producción de cemento”.

Otra ventaja de Minas: “Posee la mayor capacidad entre las dos y es la única que nos permite abastecer la totalidad del mercado que tenemos actualmente. La planta de Paysandú no nos alcanza para cubrir la demanda nacional o al menos la porción de mercado nuestra que nos sustenta y nos da la razón para seguir adelante con este negocio”.

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