Sábado: espesa cobertura de nubosidad, probables precipitaciones aisladas. Domingo: cubierto, neblinas por la mañana, baja probabilidad de lluvias. Lunes: nublado, tiempo inestable con chubascos en la tarde. Martes: alta probabilidad de lluvias, viento, tiempo frío. Miércoles: algo de lluvia, nublado. Jueves: lluvia débil en la mañana. El pronóstico recién prevé, al fin, un día con sol pleno para el próximo viernes.
Y no es que los días previos hayan sido muy luminosos; más bien abundaron las nubes en el cielo uruguayo.
“Por siete días no se va a ver el sol”, había anunciado el martes pasado el meteorólogo Guillermo Ramis en su tradicional espacio en radio Sarandí. Y eso se está cumpliendo: solo apareció una tímida ventana de sol en la tarde de este viernes, al menos en Montevideo.
Gris, todo gris. El cielo cubierto ha sido el denominador común en esta parte del globo durante buena parte de julio y lo que va de agosto, como si una nube inmensa se hubiera instalado sobre Uruguay y se negara a moverse de ahí. El tibio sol invernal se hace desear y, por momentos, Montevideo parece haberse transformado en esa postal de cliché londinense: cielo gris, niebla eterna.
¿Y qué pasa con el ánimo? Hay algo que causa que en estos días plomizos muchos se sientan más cansados, con sueño y hasta con un bajón anímico; incluso hay más casos de depresiones, según señalan los psiquiatras.
De eso hablaremos más adelante. Primero veamos qué datos permiten confirmar que, en los hechos, estas han sido semanas donde el sol se dejó ver menos de lo normal y, sobre todo, por qué sucede este fenómeno.
¿Cuántos días de cielo cubierto hubo en lo que va del invierno? ¿Esto llegó para quedarse y es consecuencia del ya famoso Súper Niño o es pasajero?
Aunque parezca extraño, en el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) no tienen disponible una base de datos de horas de sol y de horas nubladas. Ante la consulta de El País, la respuesta baja el ánimo tanto como los días grises: “Para ver cuán diferente fue este año precisaríamos un análisis de imágenes satelitales y calibrarlas con datos en superficie, incluso definir parámetros de poca o mucha luz y no tenemos sensores muy especializados en eso”.
Juan Luis Pérez, director de la empresa Nimbus Weather Services, dice que sin necesidad de hacer un complejo estudio que lo compruebe, es claro que “estamos teniendo bastante menos horas de sol” de lo habitual en esta época del año.
Pero hay un dato que permite acercarse al fenómeno y tener una idea clara: la información que generan los parques solares. Según los datos disponibles de generación fotovoltaica en la web de UTE, en lo que va de agosto la producción fue 33% menor al mismo período de 2025, en julio 22% menos (si se mide solo la segunda quincena del mes, cuando estuvo más nublado, 28% menos) y 10% menos en junio. En lo que va del año la baja es de 6%. En forma paralela, hay un aumento en la generación de energía hidráulica y energía eólica, lo que indica que hubo más lluvias y vientos.
Una fuente de la industria de los parques solares dice a El País que la producción es proporcional a la radiación solar recibida. Al haber más nubosidad, que es lo que sucedió, hay menor radiación solar: las nubes bloquean o dispersan la luz del sol antes de que llegue a los paneles, por lo que menos horas de sol despejado o más días nublados se traducen directamente en menor irradiancia recibida.
Ahora bien, cuando está nublado igual hay radiación solar pero depende del espesor de las nubes: se le llama radiación indirecta.
El meteorólogo José Serra tiene sus propios datos: dice que desde el 21 de junio hubo 27 días con cielo algo nuboso, 15 días con cielo cubierto a nuboso y solo 11 de cielo claro.
Mario Bidegain, exasesor de Inumet y hoy meteorólogo independiente, confirma que sobre todo la segunda quincena de julio estuvo caracterizada por “numerosos días nublados o cubiertos, mayor frecuencia de días con lluvias y bajo número de horas de sol en especial al sur y este del país”. En Durazno y Cerro Largo, por ejemplo, se registraron ese mes montos superiores a 200 milímetros.
Bidegain relata que el sur y el este de Uruguay han sido particularmente afectados por la disminución de la radiación solar, de acuerdo a datos analizados por expertos argentinos, que estudiaron la radiación entre 1940 y 2016 y que concluyeron que se está “significativamente por debajo de lo normal” en la época, lo que “se traduce en cielos cubiertos la mayor parte del tiempo, muy nuboso, con escasa radiación solar efectiva”.
¿Y por qué pasa esto? Hay “una circulación de mayor cantidad de vapor de agua sobre la región, que es la materia prima para formar las nubes”, dice Bidegain. A eso se suma el contraste de temperaturas entre el continente y el océano, lo que provoca las nieblas y neblinas, tan típicas en esta época del año.
Y, aunque no llueva, las nubes altas o medias merman en forma notoria la cantidad de luz solar, dice Pérez de Nimbus. Algo así como si hubieran puesto un enorme toldo encima de Uruguay. “En un país con una matriz productiva basada en la agricultura y la ganadería, las pasturas son el primer censo negativo de la carencia de energía solar”, dice el meteorólogo. “Es decir, el pasto necesita muchas horas de sol para crecer determinada cantidad de centímetros por día”.
Serra explica que hay un sistema de baja presión conocido como vaguada, que se instala en las capas medias y altas de la atmósfera y se traduce en humedad, cielos cubiertos y nubosos.
Y a eso se suma, coinciden Serra, Bidegain y Pérez, la creciente influencia del fenómeno de El Niño, que provoca “aumento de la humedad relativa”, precipitaciones y cielo cubierto y nuboso. La fase crítica de El Niño, de todos modos, no llegará hasta fin de año, a partir de octubre o noviembre. En la primavera, ya se sabe, también habrá menor cantidad de horas de sol efectivas. El fenómeno se extendería hasta entrado 2027.
El reloj biológico en el cerebro
¿Y qué tiene que ver el clima con el ánimo? Mucho más de lo que imaginamos. Primero porque existe lo que se llama ritmo circadiano, una suerte de reloj biológico que regula en el cerebro los ciclos de sueño y vigilia, y que es bifásico: tiene una fase diurna y otra nocturna.
La neuróloga Cecilia Orellana, especialista en medicina del sueño y presidenta de la Asociación de Medicina del Sueño del Uruguay, dice que con la falta de luz solar “efectivamente hay alteraciones sobre el humor y el ánimo”, “menos ganas de hacer cosas” y “quedarse más tiempo en la cama” que cuando hay días soleados. Es un efecto real aunque, claro, no le ocurre a todas las personas y se potencia si además se durmió poco o mal de noche.
A menor luz solar, “menos ganas, mayor apatía, mayor sueño”, resume el psiquiatra Freedy Pagnussat, director técnico de la clínica +Bienestar.
Cuando hay días de buena luz solar, “los ritmos circadianos son más estrictos y más intensos y cuando cae la luz se empieza a segregar una hormona llamada melatonina”, explica Orellana, salvo que la persona esté “prendida” a pantallas como la del celular o la televisión.
Las personas mayores a veces tienen un ritmo circadiano con un avance de fase; es decir, tienen sueño un poco antes de lo que lo tenían cuando eran más jóvenes. “Por ejemplo, quieren acostarse a las ocho o nueve de la noche. Entonces, esas personas se despiertan de madrugada o muy temprano y no reciben la suficiente cantidad de luz, ni del clima ni de ningún lado”, dice la neuróloga. “Muchas veces se quedan en el dormitorio a oscuras y esto no favorece marcar el ritmo circadiano, con lo cual sí pueden estar un poco más cansados”, dice Orellana.
Diversos estudios indican, además, que estos días grises hacen que se produzca menos serotonina, una sustancia química y neurotransmisor que explica el estado de bienestar. Daniel Álvarez, jefe de la Unidad de Patologías del Sueño de la Clínica Universitaria Reina Fabiola de Córdoba, dijo al diario argentino La Nación que “se necesita cierto efecto lumínico para que la serotonina se active durante el día” ya que es uno de los neurotransmisores “que sostienen una vigilia adecuada y, por ende, un mejor estado de ánimo”. Menos serotonina puede ocasionar mayor cansancio, irritabilidad, menos energía y motivación y una sensación de desánimo, todo transitorio.
El psiquiatra Pagnussat sostiene que la serotonina se sintetiza entre otras cosas “a punto de partida de la luz que entra por nuestros ojos” y por eso exponerse a la luz (“no en el sentido de broncearse”) sobre todo en horas de la mañana es beneficioso porque “es como que el sol le dice a nuestro cerebro, ‘activate, despertate’”.
Algunos autores entienden que estos días grises también desregulan la melatonina, una neurohormona producida de manera natural en el cerebro que tiene como función principal regular el ciclo de sueño y vigilia, avisando al cuerpo cuándo es hora de dormir porque aumentan sus niveles en la oscuridad.
En ese sentido, la neuróloga Stella Maris Valiensi, a cargo de la sección Medicina del Sueño del Hospital Italiano en Buenos Aires, dijo a La Nación que “la falta de luz matutina de alta intensidad no logra frenar de forma eficiente la producción de melatonina”. Pagnussat coincide que la falta de luz solar produce un efecto en la melatonina y explica que “tenemos una tendencia a encerrarnos, quedarnos, acostarnos, apagarnos”.
Pero no todos están de acuerdo en este tema. La psicóloga clínica, psicoterapeuta y divulgadora científica Sabina Alcarraz dice que la melatonina se puede “desajustar” en el cambio de estación al pasar, por ejemplo, del frío al calor y con días más largos, pero ella entiende que “no se afecta” con los días grises.
La neuróloga Orellana también dice que en los días nublados “no significa que siga segregándose la melatonina sin parar” porque siempre hay algo de luz. Salvo “que nos encerremos en un cuarto oscuro durante horas pero eso no sucede en la vida habitual”.
Entonces está en juego la serotonina, la melatonina y… la vitamina D, que se estimula por el sol y también está vinculada al ánimo. De hecho, los psiquiatras suelen tenerla en cuenta. Pagnussat, por ejemplo, dice que a muchos pacientes que llegan con síntomas depresivos les pide un análisis de sangre para evaluar cómo tienen esta vitamina.
Lo mismo dice la psicóloga Alcarraz: “Yo sé que muchos psicoterapeutas no lo hacen, pero la verdad es que yo sí lo incluyo porque sé que muchas veces los mandan al psiquiatra a tomar un antidepresivo pero en realidad lo que tienen es la vitamina D baja y eso afecta muchísimo al ánimo. En invierno tenemos menos exposición al sol y en estos días que están tan nublados, imposible. Entonces, la mayoría de la población tenemos baja la vitamina D, esa es la realidad”.
La vitamina D se sintetiza en la piel por la acción del sol y basta con una pequeña área expuesta, explica la dermatóloga Cyntia de los Santos, directora de clínica Montevideo Skin, “cada vez se le encuentran más beneficios, desde la regulación de la respuesta inmunológica, acción antitumoral, rol importante en el envejecimiento”, entre otros.
El problema, dice la dermatóloga, es que en invierno “estamos muchas horas encerrados” (está el llamado síndrome del edificio enfermo): la mayoría de sus pacientes suelen tener dosificación “baja y muy baja” cuando se controlan. Para nivelar ese déficit la única vía es tomar suplementos, pero sin pasarse del nivel. Por eso, De los Santos dice que es vital hacerse análisis periódicos y siempre tomar medicamentos autorizados por Salud Pública.
La depresión estacional por el invierno
La falta de sol también afecta a la salud mental. Para mucha gente el efecto no es un simple bajón de ánimo. En invierno hay un sensible aumento en las consultas por depresión “y tanto más los inviernos como este, más grises, más oscuros”, dice Pagnussat. Esto porque, como se ha dicho, la luz del sol interviene entre otras cosas con la síntesis de serotonina.
La psicóloga clínica Alcarraz también ve que sus pacientes con trastornos del estado de ánimo, como las depresiones o el trastorno bipolar, “se afectan mucho más” con los cielos plomizos, “no se quieren levantar, no se quieren sacar el pijama, no tienen fuerzas para venir a la consulta”, el cerebro “sufre como un sacudón”.
La depresión estacional, explica la neuróloga Orellana, afecta a personas que tienen síntomas depresivos debido a que está oscuro. “Puede ser algo pasajero, no tiene que ser una depresión que dure toda la vida y, por supuesto, luego cuando viene el sol cambia. Pero es gente a la que los días sin sol le va a impactar más fuerte, va a ser un desafío mayor que para otras personas que no tienen tanta dependencia de la luz solar, porque luz tenemos todo el día”, dice la experta. Este tipo de depresión es más fuerte en los países nórdicos que pasan meses con poca luz solar en invierno. Tiene un nombre incluso: Trastorno Afectivo Estacional (TAE).
El meteorólogo Serra ha hablado con psicólogos del tema y tiene bien presente que debe tener cuidado al dar el pronóstico: por eso intenta que la gente vea “la otra cara” del mal clima. “Yo trato subliminalmente de enviar ciertos mensajes alentadores cuando doy el pronóstico o notas en los medios”, dice. Y cuenta que el día antes a esta entrevista dijo, al presentar su pronóstico: “Entramos en un periodo de varios días viendo nubes. Pero el sol sigue estando. Y faltan apenas 19 días para la primavera meteorológica”
Un consejo de psicólogos, psiquiatras y médicos en general para afrontar estos días oscuros es algo tan simple como salir a la calle o al menos tener un contacto visual con el afuera.
“Lo que no hay que hacer es quedarse en una habitación con todas las ventanas corridas, con las persianas bajas”, dice Orellana. “Hay que tratar de estar en una ventana. Si se puede ir al intemperie, mucho mejor”.
Pagnussat le recomienda a sus pacientes salir todos los días a caminar no menos de 45 minutos, lo que “ayuda no solamente a mejorar el estado anímico, sino también a prevenir el envejecimiento cerebral”. Dice que estar “afuera, a la intemperie y de ojos abiertos es importantísimo para nuestro bienestar”.
La psicóloga Alcarraz lo plantea así: “Más allá de que esté frío, de que esté inhóspita la temperatura, abrigate, salí, tené contacto con la naturaleza, hacé una caminata consciente. Y controlá el pensamiento, que no se ponga muy negativo con eso de qué día espantoso”.
Es fácil decirlo, a veces es muy difícil hacerlo.