El domingo amaneció gris en Montevideo y la lluvia, no tan intensa pero persistente, no dio respiro en toda la jornada. Sin embargo, el color apareció igual: lo llevaron cientos de argentinos que, ilusionados con una cuarta estrella que al final no llegó, coparon bares y restoranes del Centro de la capital para vivir la final del Mundial como si estuvieran del otro lado del Río de la Plata.
Las camisetas albicelestes dominaron en la Avenida 18 de Julio. Muchas de Messi y de Maradona, pero también del Dibu Martínez, Lautaro Martínez, Julián Álvarez. Incluso algunas retro de Juan Román Riquelme y el Burrito Ortega también se dejaron ver. Unas gastadas y otras brillantes, casi estrenadas para la ocasión. Pero todas desbordantes de ilusión y ese sentimiento patriota que caracteriza a los argentinos cuando la pelota rueda sobre el césped.
Los hinchas se desperdigaron en los alrededores de la Intendencia de Montevideo. Llenaron el bar El Gaucho y, a pocos metros, Pizza Subte. Más hacia sur de 18 en el El Club de la Papa Frita y Bar Facal tampoco cabía un alfiler. Mientras que Kentucky, cadena argentina de pizzerías ubicada a pasos a Plaza Cagancha, volvió a ser el lugar de referencia como en cada partido de la Albiceleste.
En medio de todos esos lugares apareció una postal tan curiosa como simbólica: casi escondido entre el fervor albiceleste, el Club Español de Montevideo reunió a cerca de un centenar de españoles, familiares y descendientes que también se juntaron para alentar a su selección. Sin bombos ni tanto escándalo, reconocieron a Ovación, pero la misma ilusión por levantar, en su caso por segunda vez, la mítica Copa del Mundo.
Donde alentaban los argentinos, las principales ovaciones fueron para Emiliano Martínez, figura albiceleste que intervino varias veces para mantener a su equipo en partido. Y los primeros insultos fueron para Álex Baena, que a los 15’ le metió un codazo a Lionel Messi por la espalda.
Con España dominando la pelota y Argentina lejos del arco rival, las mejores reacciones del primer tiempo llegaron por una fuerte entrada sobre Marc Cucurella: desde típico “¡bien metida!” hasta un pintoresco “andá a hacer una paella, bobo”.
Y en el complemento creció la tensión. Sobre el final, una atajada del Dibu a Mikel Oyarzábal se gritó como un gol, mientras que la expulsión de Enzo Fernández en los descuentos fue un baldazo de agua fría: silencio y preocupación.
En el alargue, el gol anulado a Nico Williams alimentó la esperanza: abrazos y desahogo colectivo. Pero con uno menos y España instalado sobre el área argentina, el desenlace parecía inevitable. Y con el gol de Ferrán Torres: fastidio, insultos al aire y gestos de resignación. Hasta hubo tiempo para gritos desgarradores cuando faltó un poco más de fortuna para meter una de las últimas dos claras que tuvo Argentina.
Al final: derrota, tristeza y niños con ojos hinchados por las lágrimas. Pero nunca silencio: orgullosos por la entrega de su equipo, se despidieron alentando a su selección.
🏆 Montevideo también juega la final.
— OVACIÓN (@ovacionuy) July 19, 2026
Argentinos y españoles viven la definición del #Mundial2026 con la misma ilusión: ser campeones.
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