El Mono Pereira se rió al ver que en el fondo de la sala de zoom del periodista, en la redacción de Ovación, había una gigantografía donde lo tiene a él como protagonista, cuando sale a correr junto a Diego Forlán y Nicolás Lodeiro, cuando Uruguay le ganó por penales a Ghana en el recordado Mundial de 2010, mientras Mauricio Victorino, emocionado, se arrodilló en la cancha. “Está lindo. Fue espectacular, ese Mundial es imposible de olvidarse. Me genera orgullo haber sido parte de esa generación de jugadores, pasamos momentos espectaculares”, cuenta el exdefensa a la distancia, desde su casa de Porto (Portugal), donde se ven unas cortinas de fondo y por detrás un día soleado.
“Es difícil disfrutar en el momento, pero con el tiempo vas valorando más las cosas, cada instancia”, agrega Pereira, y se da unos instantes para recordar el momento exacto de los penales contra los africanos: “Yo pasé los penales muy nervioso, incluso erro el penal, fueron un montón de situaciones que fuimos pasando en un partido de fútbol, donde habíamos empezado perdiendo y hubo de todo. Fueron dos horas y media pero parecía que había sido todo un día”.
En su relato, Carlos Muñoz dice “no te puedo creer, le pegó un metro afuera. Era el cuarto penal para Uruguay, los liquidaba, se iba la novia Mono, pero no te voy a echar nada en cara mijo, no te puedo echar nada en cara”. El Mono tiró su penal por encima del travesaño, pero igualmente Uruguay seguía 3-2 arriba en la tanda y enseguida historia conocida: Fernando Muslera volvió a atajar un penal y el Loco Abreu hizo el suyo para que la Celeste se metiera entre los cuatro mejores. “Fue ese momento de preguntarme por qué a mí, por qué justo me toca errarlo. Uno empieza a pensar, ¿y ahora? ¿y si quedamos afuera? Se te pasan por la cabeza un montón de cosas, con estadio lleno, sabés que tu familia te está mirando. La frustración y la amargura de haberlo errado se me pasó enseguida porque ellos erran de vuelta, y dije ‘gracias Dios’”, recuerda.
Si uno dice Mono Pereira, enseguida se lo identifica con el proceso Tabárez. En este mes se cumplieron 21 años de su debut en Uruguay, y alcanzó la impactante cifra de 125 partidos con la Celeste: “Debuté contra México en el Azteca. Fue todo una locura, nunca me imaginé poder ser parte tantos años de la selección. Si bien uno puede pensar que puede estar en algún momento, o disputar algún torneo, nunca me imaginé estar tantos años en la selección y haber vivido lo que se vivió. Me llena de orgullo haber tenido la suerte de estar y compartir con esos grandes jugadores, compartir la época del maestro que es alguien que te deja mucho como persona, con muchos principios que me sirvieron para formarme y crecer, que es lo más importante”.
Un estilo que marcó una época
Sin dudas que la forma de conducción de Óscar Tabárez marcó un antes y un después en la vida reciente de la selección uruguaya, porque todos coinciden que su estilo iba mucho más allá de lo que pasaba adentro de una cancha. Pereira analiza que “tener un líder como el maestro fue muy importante. Cuando él empezó nos dejó unos puntos muy claros, no había cómo equivocarse. Desde que llegó dijo ‘no voy a aceptar las agresiones’, Uruguay siempre tuvo selecciones muy aguerridas y siempre terminaban con alguna confusión o alguna patada fuera de lugar. También se habló de la conducta afuera de la cancha, de las tarjetas, él dejó todo claro. Al principio quedamos todos como ‘esto no va a ser fácil’, pero con el tiempo uno reconoce que fue el camino que marcó y que nos hizo formarnos como grupo. A mí me ayudó muchísimo, es una persona muy directa, con las cosas muy claras. Se ganó la confianza de los jugadores, todo el mundo hacía todo para poder estar en ese grupo, poder escuchar las charlas del maestro. Fue muy importante esa cercanía que él siempre tuvo”.
Presente y futuro del Mono Pereira
Después de retirarse en River Plate en 2023, el Mono volvió a Portugal y se quedó a vivir en el Viejo Continente. “Los nenes se quedaron acá, juegan al fútbol, las nenas tienen sus actividades. Siempre estoy vinculado al fútbol, ahora acompañando a los nenes. Estamos muy contentos. Acá estuvimos muchos años y nos sentimos cómodos”, dice a sus 42 años, haciendo referencia a los ocho años que defendió al Benfica y a su posterior pasaje por el Porto, donde estuvo cuatro temporadas.
Cuando dejó su etapa de futbolista, y regresó a Portugal, enseguida tuvo la posibilidad de ser asistente técnico de Daniel Sousa; pasaron por el Sporting Braga y después llegaron al Vitoria Guimarães. No era algo que estaba buscando, pero se dio así y fue una experiencia que le sumó mucho. Cada tanto se siguen reuniendo, aunque no han vuelto a trabajar.
Pereira está esperando si le aparece alguna propuesta para dirigir o en otra función, pero transmite tranquilidad y demuestra estar disfrutando de sus hijos y de la etapa que ellos están transitando. Tiene el curso de técnico hecho en Uruguay hasta la licencia B, pero le falta el curso UEFA en Portugal para seguir creciendo y poder ejercer como entrenador. “No es algo que lo tenga definido ser técnico o asistente, cuando lo hice se dio, no fue que lo busqué”, reconoce.
Aunque no es un objetivo en sí mismo trabajar en Uruguay, de llegarle una posibilidad de un club o de la selección, Pereira dice que lo pensaría. Forlán, el Ruso Pérez, Nacho González, el Tata González y el Flaco Fernández (todos compañeros en la Celeste) forman hoy en día parte de la estructura de técnicos de las selecciones uruguayas, pero Maxi reconoce que al estar en Portugal es difícil sumarse y no se quiere ilusionar con un trabajo de ese estilo.
El Mono no es mucho de las redes sociales, aunque ahora está queriendo cambiar y mover su cuenta de Instagram. Le costó encontrar una foto reciente con sus hijos gemelos (que nacieron el 14 de julio de 2011, días antes de la semifinal de la Copa América contra Perú) pero al final uno de ellos le mandó para la nota.
“Disfruto mucho de acompañarlos, de ir a verlos a los entrenamientos y partidos. A veces coinciden los horarios pero le buscamos la vuelta para estar; Tomás juega en el Leixões, un equipo más de barrio, y Thiago en el Braga. Los dos son Sub 16 y uno juega en el lateral derecho y el otro en el lateral izquierdo. Los veo felices y eso es lo más importante, estoy disfrutando como padre, me gustaría que hagan lo que a ellos les gusta más. En el día de mañana uno nunca sabe en el mundo del fútbol”, cuenta sobre dos de sus hijos (también tiene dos nenas que nacieron en Lisboa).
En muchas ocasiones, a Maxi le han pedido referencias de jugadores uruguayos, pero no quiere meterse en el mundo de la representación, más allá de que en algún momento dio una mano en Faro Sports, la agencia que actualmente manejan Gonzalo Sorondo y Sebastián Taborda. Siente que la portuguesa es una liga que le calza muy bien a los uruguayos y destacó los rendimientos que han tenido Maxi Araujo y Rodrigo Zalazar, hoy figuras entre los lusos.
Sincero: “En Peñarol fui feliz; me hubiera gustado ir antes”
“Peñarol siempre fue un sueño. Mío, de mi familia, también de mi padre, que hoy no está conmigo, y era muy hincha. Mi idea era ir más joven, cuando fui fue después de la pandemia, hacía un año y medio que había terminado el contrato con Porto, me estaba entrenando con un profe pero nunca es lo mismo que con un equipo. Físicamente me sentía bien, pero hubiese querido ir antes. Tuve la chance de ir antes pero Porto me renovó el contrato por un año después del Mundial de 2018. Fue lo que fue y en el momento que tuvo que ser, tuve la suerte de ser campeón, fue un sueño realizado, fui feliz. No me arrepiento, no me puedo quejar. Me hubiera gustado jugar más pero justo agarré a Giovanni (González) je”.