Faltaba un minuto para el desenlace del primer tiempo y Lucero Álvarez (40) cayó al suelo. No se levantó por el dolor que sintió en el partido entre Rampla Juniors y Uruguay Montevideo por la Segunda División en el Olímpico. Debió ser sustituido y ese encuentro, que se jugó el 20 de agosto, fue el último en la temporada del arquero que comenzó a vivir un calvario. “Estuve una semana sin poder caminar”, reconoció en entrevista con Ovación.
Los estudios arrojaron una lesión compleja. “Se me rompió el tendón en el posterior y por eso no hay operación en Uruguay”, detalló. Al tener ese diagnóstico recurrió al club para saber cómo afrontarlo y la única solución era someterse a un proceso de rehabilitación. Sin embargo, el Picapiedra le aclaró que no podía costearlo.
“En Rampla no estábamos al día con los sueldos y no tenía dinero para pagar la recuperación, que valía 800 dólares”, recordó. Álvarez no sabía qué hacer porque debía poner el dinero de su bolsillo ante la promesa de la institución de que se lo iba a devolver, cuando arrastraba adeudos con el plantel, cuerpo técnico y funcionarios.
Las dudas eran enormes y, en ese entonces, Álvarez tuvo un guiño del destino: “Recibí un mensaje anónimo de una persona que me quiso ayudar, hincha de Peñarol, nada que ver con Rampla, que siempre me veía de chico y me pagó el tratamiento”.
Por esa “situación increíble” el futbolista formado en Nacional arrancó con los trabajos para volver a las canchas y pactó una promesa con ese hincha que le dio una mano en su peor momento. “Le dije que cuando me pagaran, le iba a devolver la plata. Pero él no quiso eso, sino que le invitara un asado cuando me devolvieran el dinero. Así que está pendiente el asado; a veces pasan cosas buenas en el fútbol y me tocó una vez. Estoy muy agradecido con esa persona”, sostuvo.
El complejo 2025 de Rampla Juniors
El 2025 fue durísimo para el Picapiedra: bajó por primera vez a la C, la Primera Divisional Amateur. Además de lo deportivo, el rojiverde atraviesa una compleja situación porque tiene una deuda cercana a los “650 mil dólares”, le dijo el presidente de Rampla, Gabriel Kouyoumdjian, a Ovación.
Sostuvo que esa deuda —en la que entran el plantel principal, cuerpos técnicos y funcionarios del club— fue hecha por la Sociedad Anónima Deportiva (SAD) que pertenece al empresario Foster Gillett. “Queremos que pague la deuda que se generó y ya se comprometió a hacerlo”, aseguró el mandamás picapiedra.
Álvarez espera por el pago. El club le debe “cinco meses de sueldo”. Tras un breve revisionismo, el arquero afirmó que a principio de año la película no parecía que iba a tener un final terrorífico, debido a que el proyecto de la SAD de Gillett daba ilusión.
Bajo esa consigna, Álvarez dejó Miramar Misiones, donde jugó la primera fecha del Torneo Apertura, para enrolarse a Rampla. “Conocía a Leandro Somoza (DT de Rampla en ese entonces), porque lo tuve de compañero. Me comentó que iban a armar un buen equipo”, apuntó el arquero.
Firmó su vínculo y vio el primer problema: “Empezamos a entrenar tarde, el 14 de febrero, y el 5 de marzo comenzó el torneo; no habíamos hecho fútbol y en el debut arrancó el declive” (la derrota 8-0 frente a Colón).
Fue el primer golpe del Picapiedra, ya que se trató del inicio de una racha de 11 partidos sin ganar. “Tras el debut se veía difícil. Los ánimos no eran los mismos; las cosas no salían y así terminamos”, opinó.
Durante los primeros tres meses Rampla parecía un “equipo de Primera al estilo de Nacional y Peñarol” por todas las bondades que le brindaba al plantel. “Teníamos proteína para consumir, cereales, gatorade, sueldo en fecha, buen lugar para entrenar, ropa, traslados a un buen gimnasio y un buen hotel para concentrar”, dijo.
Esas ventajas que tenía el plantel se disiparon. “No se dieron los resultados, se fue el técnico y decayó todo: empezó a faltar el lugar para entrenar, la proteína, los gatorade, el hotel para concentrar y los sueldos”, soslayó.
El golero esgrimió que “el día a día no fue llevadero a pesar de que se dieron algunos buenos resultados”. Además, el plantel estuvo alerta por ciertas informaciones que marcaban la salida de la SAD y que Rampla no iba a jugar la última parte de la B. “El barco no se podía levantar porque nos jugaba en contra el día a día y al final se vino a pique”, puntualizó.
Álvarez espera que Gillett pague y “se ponga al día”. “Le debe a todo el club y más. Porque también está la gente de los traslados, de los hoteles y de los lugares donde entrenábamos. Esas personas confiaron -como nosotros- en el proyecto, se pusieron a disposición, y quedaron adentro”, enfatizó.
La situación inédita que vivió Lucero Álvarez en Venezuela
La carrera de Álvarez tiene más de 20 años en el fútbol profesional. En el extranjero jugó en Colombia, México y Venezuela.
En 2019 estuvo bajo los tres palos del arco de Atlético de Venezuela. Fueron siete los partidos que disputó en ese equipo y en uno de ellos vivió una situación surrealista: le arrojaron bolívares, plata venezolana. “Fue en un encuentro como visitante y no nos la tiraron a nosotros, sino a su equipo. En vez de festejar tirando rollos de papel, arrojaban bolívares, que no valían nada”, rememoró con una sonrisa.
Las razones por las que Lucero Álvarez no tiene representante
Lucero Álvarez desde hace muchos años que no trabaja con contratista. “Soy el que negocia con los directivos y hablo con los técnicos”, ahondó.
¿El motivo? Malas experiencias con gente de ese rubro. “No tuve suerte con ellos y por eso, tal vez, no realice una carrera jugando en mejores equipos. Pero no me arrepiento”, remarcó.
Trabajó con varios agentes porque, para Álvarez, son “un mal necesario”. Y eso a raíz de un episodio que atravesó con un representante. “Tras mi pasaje en Colombia (Deportivo Pasto) me venden a un equipo de México por un monto importante y no recibí ningún porcentaje para mi familia”, aseveró.
La actualidad de Lucero Álvarez entrenando en el equipo de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales
Para los últimos encuentros de la temporada de la B, Álvarez se sentía bien de su lesión. Igualmente no estuvo a la orden porque le “faltaba ritmo”. Fueron 23 los partidos que jugó en 2025 (uno con Miramar Misiones y 22 con Rampla Juniors).
Ahora, Álvarez está sin club y entrena con el equipo de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales a la espera de una oferta. “Por suerte la pierna reacciona bien, no se me carga, no tengo impedimento para entrenar y estoy sin dolor”, marcó.
Pudo realizar una diferencia económica cuando se concretó su pase al fútbol mexicano, pero dejó en claro que aún precisa del fútbol. “Necesito seguir jugando porque es el ingreso de mi familia”, detalló el guardameta que sueña con ponerle punto final a su carrera dentro de un campo de juego.
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