Lucas Ferreira: "Este año en Peñarol lo es todo para mí, porque vine a préstamo y sé que tengo una bala"

El zaguero de 25 años, una de las figuras aurinegras en este inicio de temporada, habló con Ovación sobre su "sueño de niño", el clásico en el Gran Parque Central y el compañero más difícil de marcar.

Lucas Ferreira junto a unas mascotas que ingresaron con el equipo de Peñarol para el duelo ante MC Torque.
Lucas Ferreira junto a unas mascotas que ingresaron con el equipo de Peñarol para el duelo ante MC Torque.
Foto: Estefanía Leal.

Un puñado de partidos le bastaron a Lucas Ferreira para marcar la cancha y convertirse en un bastión del equipo de Diego Aguirre, del que destaca "la confianza que trasmite" en el día a día en Peñarol.

Zaguero diestro formado en Huracán Buceo y Progreso, y con paso por Danubio y Defensa y Justicia de Argentina, llegó sin hacer mucho ruido y dejó que la cancha hable por él.

La rompió en los dos clásicos contra Nacional y dijo, en entrevista con Ovación, que se le eriza la piel cuando se acuerda del banderazo en el Campeón del Siglo, camino al Gran Parque Central. "Ahí te das cuenta que la gente de Peñarol están todos locos, y decís: 'No podemos perder'".

Habló de los consejos de su suegro, el Pato Aguilera, de su camino para llegar a donde está hoy y de la obsesión "por ganar la sexta" de todo el club y el plantel. Y habló del compañero más difícil de marcar, que a su entender no es Leo Fernández ni Matías Arezo.

Lucas Ferreira y Nicolás Lóepz disputan la pelota en el clásico entre Peñarol y Nacional por la Supercopa.
Lucas Ferreira y Nicolás Lóepz disputan la pelota en el clásico entre Peñarol y Nacional por la Supercopa.
Foto: Leonardo Mainé.

Entrevista a Lucas Ferreira, zaguero de Peñarol

—Llevás solo seis partidos oficiales en Peñarol y estás siendo una de las figuras de este inicio de temporada. ¿Qué significa para vos estar defendiendo esta camiseta?

—Una alegría enorme, es lo máximo. Jugar en Peñarol es un sueño para todo niño y más aún si siempre fuiste hincha del club. Intento disfrutar cada día, cada entrenamiento y cada partido. Pero, además, lo vivo de una forma especial porque estoy a préstamo hasta diciembre. Este año lo es todo para mí porque no sé si después voy a volver. Ojalá que sí y pueda jugar muchos años, pero entiendo que depende de cómo me vaya. Entonces pienso que hoy es hoy, yo sé que tengo este año, es una bala y voy a intentar aprovecharla al máximo.

—¿Qué te aconseja al respecto tu suegro, el Pato Aguilera, y qué te dijo antes de jugar el clásico en el Gran Parque Central?

—Bueno yo siempre hablo con él, me apoyo mucho porque, como siempre le digo, para mí es como un padre prácticamente. En general siempre me dice que disfrute del lugar donde me toca estar y siempre me habla de la gente que trabaja en el club porque conoce a todo el mundo (entre risas). Sobre el clásico en el Parque no me dijo mucho más que lo de siempre, que juegue tranquilo, que él conoce mis condiciones y básicamente que haga lo que sé hacer.

—¿Cómo viviste esa experiencia de jugar tu primer clásico de visitante, en un contexto completamente adverso, en contra de todo un estadio?

—La verdad que en la previa con bastante tranquilidad. Cuando íbamos camino al estadio iba pensando que en realidad la presión la tenían ellos: jugaban en su cancha, con toda su gente, venían de perder la Supercopa… Nosotros todo lo contrario y teníamos mucha confianza en lo que habíamos trabajado, en la unión del equipo y en cómo había que jugarles. Me dio tranquilidad.

Tomás Verón Lupi y Lucas Ferreira disputan la pelota en el clásico entre Nacional y Peñarol en el Gran Parque Central.
Tomás Verón Lupi y Lucas Ferreira disputan la pelota en el clásico entre Nacional y Peñarol en el Gran Parque Central.
Foto: Leonardo Mainé.

—En ese camino pasaron por el banderazo: ¿cómo lo viviste?

—Pah, fue una locura. Se me eriza la piel de acordarme. El ómnibus paró cuando llegó a la 102 y no nos dejaron doblar. Entonces dijeron: “Bueno, si no nos dejan doblar, por lo menos esperamos a la gente acá”. Y no te miento, miramos al Campeón del Siglo y eran, no sé, cuatro cuadras de gente. Veías como se venía el malón hacia el ómnibus. Toda la gente cantando, se tiraban a cruzar la ruta saltando, se subieron arriba el bondi, fue una locura. Se me eriza la piel, te juro. Ahí te das cuenta que la gente de Peñarol están todos locos. Fue una locura vivirlo y en ese momento es cuando decís: “No podemos perder”.

—Al rato se encontraron solos, el plantel contra todo un estadio. ¿Cómo es la comunicación entre ustedes en ese contexto?

—Y bueno, ya sabíamos cómo iba a ser y tenemos jugadores con mucha experiencia en el equipo. Cuando uno la pierde y le pega para afuera, sabíamos que venían los chiflidos. Pero con una mirada ya nos entendemos y enfocamos otra vez. Jugamos muy concentrados y metidos en lo nuestro.

—¿Qué decís del pitazo final y el minuto extra?

—Yo me di cuenta enseguida que el juez se había equivocado y que iba a seguir. Y el Washi (Aguerre) también porque nos empezó a gritar. Yo vi que el Mati Arezo había entrado corriendo a la cancha para festejar y enseguida le grité que se quedara para que el partido no arranque, porque nos agarraba mal parados y si nos hacían un gol ahí se armaba un lío bárbaro. Pero después fue todo alegría, yo sentía que igual no nos iban a entrar por ningún lado porque no habían podido en todo el partido.

Maximiliano Gómez con pelota ante Lucas Ferreira en el clásico entre Nacional y Peñarol en el Gran Parque Central.
Maximiliano Gómez con pelota ante Lucas Ferreira en el clásico entre Nacional y Peñarol en el Gran Parque Central.
Foto: Ignacio Sánchez.

—¿Te sentís más cómodo en una línea de 4 o 5?

—No me incomoda ninguna. Te acostumbrás porque posicionalmente es parecido: cuando un carrilero rompe, los otros forman la línea de cuatro, y a la hora de defender sí estamos más cerrados con un cinco fijo adelante. Creo que lo importante es tener la alternativa para jugar de las dos formas, según el momento del partido.

—¿Qué expectativa tenés por jugar la Libertadores?

—Todas las expectativas. Yo jugué Sudamericana con Defensa y Justicia, pero la Libertadores nunca. Jugarla es un sueño de por sí y hacerlo con Peñarol sería increíble. Se habla de eso todo el tiempo en el plantel: que falta un mes para la Copa y tenemos que estar al 100%, hay una manija bárbara de todos porque, si bien nuestro objetivo también es ganar el Apertura y todo lo que juguemos, ganar la sexta es la obsesión de todos. El que más habla de eso es Maxi (Olivera), está loco por la Copa.

—¿Y Diego Aguirre no?

—Sí, por supuesto. También nos lo recuerda en cada oportunidad que tiene, pero del lado de enfocarnos al máximo en llegar al 100.

—¿Disfrutás el día a día con Aguirre como DT, con lo que significa en el club?

—Ni hablar, todos sabemos lo que representa. En su rol de técnico es alguien que exige mucho, además las prácticas se hacen muy intensas porque tenemos jugadores con mucha calidad. Pero Aguirre lo que transmite es mucha confianza. Él te da libertad para jugar, hacer lo que sentís y sabés hacer adentro de la cancha, siempre con criterio obviamente.

—¿Quién es el compañero más difícil de marcar?

-El Cepillo. El enano agarra la pelota y te encara todo el tiempo, es muy difícil sacársela. Leo es diferente porque por ahí te mete un pase o busca el tiro. Y Arezo es pura potencia, se choca contra todo, te tira y siempre va para adelante.

—¿Qué te dio el paso por el fútbol argentino?

—Desde el punto de vista técnico y táctico, muchísimo. Primero porque fui a un cuadro como Defensa y Justicia que tiene una identidad muy marcada: jugar por abajo, al pie, no reventar la pelota. Desde que llegás te meten esa idea y lo entrenás todos los días, con reducidos que hacen los entrenamientos muy intensos. Aprendí a tomar un tiempo antes de reventarla, como generalmente se hace acá. Y después porque se juega a otro ritmo más exigente, intenso, y hay muchos duelos uno contra uno. A mí me hizo crecer mucho y hoy siento que soy un zaguero más completo.

—¿Siempre fuiste zaguero?

—No, de juvenil era lateral en Huracán Buceo, donde debuté en Primera (en la “C”, amateur) con edad de Quinta. Después me fui a Progreso, pasé a ser zaguero y jugué el segundo año de Cuarta y debuté en Primera profesional. Y después Danubio.

—¿DT que más te marcó?

—Julián Delgado en Huracán. Nos enseñó a pararnos y movernos en la cancha. No dábamos dos pases seguidos y terminamos peleando el campeonato.

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