Daniel Carreño dio una masterclass en la victoria de Nacional ante Peñarol por el clásico del Torneo Clausura. Con el favoritismo en la vereda de enfrente y apenas 11 días de trabajo desde su asunción, ideó un plan en base a la medida del equipo y lo cumplió a rajatabla.
“Hay que empezar por lo básico”, dijo el día de su presentación haciendo referencia a la fortaleza defensiva. Contra el aurinegro y de visita volvió a conservar la valla en cero por tercer partido consecutivo. Progreso, Albion y Peñarol no pudieron vulnerarlo a pesar de los cambios de nombre en la defensa, y de hecho ya acumula tres partidos invicto entre todas las competencias.
A sabiendas de que no estaban en condiciones de avasallar al rival por la crisis futbolística en la que estaba sumido el Bolso, apeló a una máxima del fútbol: los clásicos se ganan en la mitad de la cancha. Allí estuvo su segundo acierto venciendo a Diego Aguirre en la batalla táctica de entrenadores.
En la banda izquierda de la defensa colocó a Francisco Calvo y a Tomás Viera, quienes lograron anular a Leonel Jaime trabajando en conjunto con Lucas Rodríguez y Luciano Boggio. Por más que jugó suelto detrás de los delanteros, cuando el 11 se recostó por derecha no pudo lucir ni asociarse con Javier Cabrera, a quien solo pudo enviarle un pase filtrado.
Al mismo tiempo, Abel Hernández debía retroceder para buscar la pelota y quedaba fuera de su zona de influencia. A esto se le suma la eficacia del costarricense en la contención de Matías Arezo y su juego aéreo.
El Bolso comenzó a acumular duelos ganados tapando a las figuras del rival y acrecentó la confianza en su fútbol. El tercer punto a favor del plan de Carreño fue priorizar la cuestión física por encima de los nombres.
No le tembló el pulso para sacar a Agustín Rogel ni a Bruno Zuculini, dos de los más experientes del plantel, y en su lugar colocó a Viera y Boggio, uno de los más destacados del clásico por los kilómetros recorridos, su asistencia y la eficacia en la conducción de pelota en campo rival.
El cuarto ítem fue la capacidad de adaptación tras perder a Maxi Gómez por lesión. Hizo una lectura rápida, confió en Maxi Silvera sabiendo que llegaba en la mira de todos y el 11 le respondió con creces en varios sectores.
Con sus recorridos generó mucho desgaste en la zaga rival, que incluso entró en provocaciones y juego brusco, aunque no logró sacarlo del partido. El propio Carreño definió como “emocionante” su partido tras haber dado una muestra de carácter en una parada compleja.
El quinto aspecto a considerar es la gestión de grupo. Desde su primera aparición pública le quitó dramatismo a la cuestión deportiva, dijo que “veía una luz” en el momento de mayor complejidad de esta gestión y logró evidenciarlo con hechos. Insistió en que tarde o temprano Nacional se iba a recuperar y, con pocos entrenamientos disponibles para trabajar en cancha, puso el foco en la cuestión anímica.
Le golpeó la puerta a Viera y a Santiago Silva en la previa del partido con Albion para avisarles que iban a ser titulares en el clásico y después tuvo una charla distendida con Silvera sobre el desafío que estaba por afrontar contra su exequipo. También le avisó con mucha antelación a Emiliano Ancheta que estuviera preparado porque, aunque no iba a jugar por Copa AUF, sería titular en el partido decisivo.
Ni bien terminó el partido, Carreño colocó la mira en el comienzo de “una nueva historia” y ahora su gran desafío es lograr que el tricolor reluzca por su nivel colectivo.