Hay futbolistas que a base de goles, títulos o liderazgo se convierten en ídolos de la hinchada. Lo mismo pasa con entrenadores que encabezan procesos largos, que atraviesan planteles y dejan una huella la historia de los clubes. Pero alcanzar la idolatría del pueblo que representan, primero como jugador y después como técnico, es una gesta y honor reservado para unos pocos elegidos.
Como Roque Gastón Máspoli, multicampeón uruguayo con Peñarol y campeón del mundo en 1950 con Uruguay como arquero, y campeón de América y del mundo ante el Real Madrid en el Bernabéu en la época más gloriosa del Carbonero. Pero también como Diego Vicente Aguirre, autor de quizás el gol más emblemático en la historia de la Copa Libertadores de América, en el último segundo del alargue contra América de Cali en 1987, y como entrenador dueño de una mística incomparable que le devuelve la ilusión al pueblo aurinegro cuando parece perdida.
Cortó el tetracampeonato de Nacional con el título de 2003, cortó con una racha de siete años sin salir campeón ni clasificar a la Libertadores en 2010, lo llevó a la final de la Libertadores en 2011 tras siete ediciones ausente, lo llevó a semis de Libertadores en 2024 luego de 12 ediciones sin pasar la fase de grupos y ese año fue campeón uruguayo de punta a punta y con puntaje récord.
La Fiera sigue escribiendo su historia en la del club de sus amores y ahora se metió en el podio de entrenadores con más victorias:174, solo detrás de Máspoli (235) y Gregorio Pérez (183). Superó los 173 de Leonardo De Lucca y quedó a nueve del segundo puesto. Dirigió 294 (60 empates y 60 derrotas).
Le quedan seis fechas del Clausura más posibles finales de la Liga Uruguaya, y cinco posibles de Copa Uruguay: si gana 10 supera a Gregorio. Está a 61 triunfos de Máspoli: por ejemplo, este año ganó 22 partidos. Es decir que para alcanzar el récord le hace falta más de una temporada más en el club.