Gonzalo Larrazábal, una historia de superación: de pasar 10 meses sin jugar a convertirle un golazo a Nacional

El volante de Deportivo Maldonado repasó lo más difícil de su carrera: la rotura de ligamentos a los 16 años, las lesiones que lo alejaron casi un año de las canchas y la valoración de su presente.

Gonzalo Larrazábal de Deportivo Maldonado.
Gonzalo Larrazábal de Deportivo Maldonado.
Foto: Deportivo Maldonado.

A los 23 años, Gonzalo Larrazábal atraviesa uno de sus mejores momentos de su carrera. Su presente en Deportivo Maldonado, protagonista del Campeonato Uruguayo y líder de la Tabla Anual, contrasta con una etapa reciente en la que las lesiones, las recaídas y la incertidumbre pusieron a prueba su fortaleza mental.

El volante creció en Malvín Norte y todavía recuerda aquellos días en los que el fútbol parecía quedar demasiado lejos. El primer obstáculo fue la rotura de ligamentos cruzados cuando apenas tenía 16 años, una lesión que amenazó con derrumbar el sueño que había construido desde niño.

“Pensé que se me terminaba ahí el sueño de jugar al fútbol”, confesó al recordar aquel duro momento.

Tras completar su proceso formativo en River Plate, encontró en Uruguay Montevideo una oportunidad para crecer y seguir desarrollándose. Allí se cruzó con una persona que marcaría su carrera: Joaquín Boghossian. El exdelantero fue su entrenador en el conjunto celeste de Pueblo Victoria y, años después, volverían a encontrarse en Deportivo Maldonado.

“La experiencia en Uruguay Montevideo fue muy linda, me dio la posibilidad de crecer y prepararme”, recordó Larrazábal.

Aquella etapa también significó un cambio importante en su vida. Pasó de la Segunda División a la máxima categoría y de Montevideo a instalarse en Punta del Este, encontrando una realidad muy diferente en cuanto a infraestructura, profesionalismo y comodidades en el conjunto fernandino.

Sin embargo, el golpe más duro todavía estaba por llegar. A partir de agosto de 2025 comenzó una seguidilla de lesiones musculares y recaídas que lo mantuvieron más de diez meses alejado de las canchas justo cuando buscaba consolidarse en Primera División. Fueron tiempos complejos, marcados por la frustración y la ansiedad de querer volver cuanto antes.

“Había hecho una buena pretemporada, no estaba jugando y eso me estaba afectando mucho. Creo que la lesión vino un poco por ese bajón anímico. ”, recordó.

Gonzalo Larrazábal festejando su gol con Deportivo Maldonado ante Nacional.
Gonzalo Larrazábal festejando su gol con Deportivo Maldonado ante Nacional.
Foto: Deportivo Maldonado.

La recuperación se extendió durante casi un año y le dejó importantes aprendizajes. Con el respaldo de compañeros, integrantes del cuerpo técnico, familia y amigos, comenzó a cambiar su manera de afrontar las dificultades.

“Intenté verlo desde otro punto de vista, entender que si me estaba pasando esto era por algo y tratar de ver qué me estaba enseñando la lesión”, explicó.

En ese proceso también aprendió a escuchar más a su cuerpo, a cuidar aspectos vinculados a la alimentación y a saber cuando tener que parar. Antes de lesionarse, Deportivo Maldonado ya le había manifestado su intención de renovarle el contrato. Pero cuando comenzaron los problemas físicos aparecieron las dudas.

“Se me pasó por la cabeza que capaz no me renovaban. En el fútbol pasa mucho. Pero el club me dio tranquilidad todos los días y me hizo sentir que confiaban en mí”, contó. Esa confianza fue clave para que pudiera enfocarse únicamente en recuperarse.

“Fueron bastantes malas. Viene desde los 16 años, cuando me lesioné la rodilla. No era por hacer las cosas mal, sino por una cuestión de mala suerte”, resumió sobre el difícil camino que le tocó recorrer.

Hoy, recuperado, disfruta el fútbol desde una perspectiva diferente. El golazo anotado frente a Nacional y sus buenas actuaciones recientes representan mucho más que un buen presente deportivo: son la recompensa a meses de esfuerzo silencioso.

“Antes capaz entraba cinco minutos y no estaba feliz. Hoy juego 15 o 20 minutos y lo disfruto como si hubiera sido titular. Entendí lo difícil que es estar jugando en Primera División y trato de disfrutar cada momento”, afirmó.

Larrazábal tampoco olvida sus raíces. El joven que creció jugando en los campitos de Malvín Norte sigue manteniendo los pies sobre la tierra y recuerda cada paso que dio para llegar hasta este presente. “Yo sé de dónde salí y no me voy a olvidar nunca. Esté en Punta del Este o mañana en otro lado, sigo siendo el mismo pibe de Malvín Norte”.

Quizás por eso su actualidad tiene un sabor especial. Porque detrás de cada gol y cada buen partido hay una historia de perseverancia, paciencia y resiliencia. Por todo esto, hoy Gonzalo Larrazábal aprendió a valorar y disfrutar cada minuto en cancha como si fuera el primero.

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