Santiago Rodríguez es enfermo de Wanderers. También es enfermo de la historia del club. Así fue que con el paso de los años fue comprando y consiguiendo distintos elementos que hablan de la rica historia del Bohemio. Muchas veces haciendo locuras y poniendo dinero que, quizás, ni tenía. Así fue que armó su museo.
Después de realizar un acuerdo con su pareja, Rodríguez le destinó el garaje de su casa al museo, un lugar donde se huele olor a blanco y negro, donde el rojo de alguna camiseta alternativa es el que rompe la monotonía cromática del lugar. No le cobra a aquellos que quieren ir, porque para él es un mimo al alma que los wanderistas tengan ese lugar para visitar en su casa. Así como cuando fue el maestro Tabárez. Hijo del Pichu -reconocido hincha y quien supo ser intendente del Viera-, y hermano del Pachi, periodista partidario del club, Santiago actualmente trabaja en Wanderers, haciendo la comida y otras varias tareas en el Complejo Walter Devoto.
Rodríguez tiene reliquias de la época amateur, donde Wanderers es tetracampeón, y muchas camisetas que fueron obsequiadas por futbolistas. Muchas otras fueron compradas o donadas por hinchas, y el museo cuenta también con un futbolito, imanes, shorts, zapatos, brazaletes, figuritas, discos, gorros, diarios y chapitas, entre otros elementos. “Vivía en el Parque Posadas, y tenía un barcito chiquito en el que empecé a poner cosas de Wanderers: fotitos, recortes, llaveros. Después un amigo me dijo que tenía una bolsa con camisetas y así empezó la colección. Una madrugada empecé a colgar banderines y llaveros y cuando quise acordar llené el apartamento de cosas”, recuerda mientras dos pequeños visitantes juegan al futbolito.
“Me mudé en 2019 a esta casa y empecé a llenar el garaje de cosas, y así quedó. Tengo chapitas de 1926 y 1932, que fui consiguiendo en la feria o a través de gente que me llama y que me dice que tiene cosas de Wanderers, hasta de Argentina me han llamado. Me llaman coleccionistas, me hago la cabeza, compro y después no tengo ni para pagar las cuentas”, agrega entre risas mientras va mostrando cada camiseta, recordando de quién es, de qué año y cómo la consiguió. Hay que ir para comprobar la memoria de Santi y la infinidad de objetos que atesora, como un disco que lo pone a andar y lo hace emocionar con la voz de Víctor Hugo Morales: es el relato del gol del Trapo Olivera en 1975, cuando Wanderers cambió la historia y clasificó por primera vez a la Copa Libertadores. También tiene un relato de Zaccará cuando el Bohemio fue campeón del Uruguayo en 1931. “Esto es mi vicio. A veces me encierro acá, reflexiono y ordeno por horas”, concluye.
La visita de Óscar Tabárez que lo impactó
Un mediodía le avisaron a Santiago que iría a su casa, el museo, un tal Óscar Tabárez. Cuando lo recibió, no lo podía creer. No solo intercambiaron historias y anécdotas, sino que el maestro estuvo horas incluso compartiendo algo de comer. También estuvo presente el Chapita Sergio Blanco, amigo de la familia Rodríguez y el máximo goleador de la historia del club e ídolo de varias generaciones de hinchas wanderistas. Tabárez fue parte del plantel que hizo la gesta de clasificar por primera vez en la historia a la Copa Libertadores de América dejando eliminado de forma inédita a un grande como Nacional.
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