Nacional y Juventud empataron 2-2 en un encuentro entretenido, por momentos con un ritmo por encima de la media y en un partido que parecía ser de los tricolores, al menos hasta la última jugada. De cierta forma el resultado terminó siendo justo, pero finalizó siendo una casi derrota para los tricolores, y una casi victoria para los pedrenses.
Los dirigidos por Sergio Blanco fueron superiores en el primer tiempo, mostraron varios circuitos bien hilvanados, con pases a un toque y encontrando los espacios. Así fue que la visita encontró el 1-0 con una gran definición de Bruno Larregui, un delantero que hay que seguir porque cada vez que estuvo bien físicamente, realizó muy buenas actuaciones. Pero Juventud tuvo exceso de confianza en la salida del fondo, y un error de Emanuel Cecchini le dio la posibilidad a Lucas Rodríguez de poner rápidamente el 1-1 cuando el reloj ni siquiera llegaba a los 10 minutos.
Nacional, con un esquema táctico similar al del clásico, aunque llamativamente parado bastante atrás en el campo, buscó ofender por derecha donde Gastón Martirena y Emiliano Ancheta se están entendiendo, lo que llevó a la amarilla de Kevin Rolón y a que Juventud sufra ese sector de la cancha. Por izquierda a Nacional le sigue costando mucho, porque Juan Cruz De los Santos sigue sin levantar y porque Tomás Viera no tiene una vocación ofensiva. Sí entró bien Rodrigo Martínez en el complemento, un jugador que elevó su rendimiento respecto al clásico.
Como rememorando lo que había pasado contra Peñarol, otra pelota quieta de Martirena terminó con una pifia de Boggio (en el CDS fue una asistencia) y en el gol de Francisco Calvo para el 2-1 promediando el complemento, cuando ya Juventud estaba más bajo de energías y sin realizar variantes, mientras Nacional se mostraba con seguridad para mantener la diferencia. De hecho, el panameño Luis Mejía, que había sido figura en el primer período, no tuvo intervenciones en el segundo tiempo.
La realidad es que no se veía el empate de Juventud de Las Piedras, Nacional tenía controlado el juego y saboreaba ganar tres partidos de forma consecutiva por primera vez en el año. Pero el equipo se hundió en la última incidencia del juego, Fernando Mimbacas vio solo a Agustín Alaniz y el número 7 la mandó a guardar para el silencio de todo el Gran Parque Central. No hubo silbidos, no hubo reproches, pero la euforia por la victoria clásica se desmoronó con esa igualdad.