Aguirre vs. Carreño: una historia que ya tiene antecedentes clásicos y enfrentamientos como jugadores

Como hace 23 años, dos nombres históricos de Peñarol y Nacional se vuelven a enfrentar como entrenadores en el Campeón del Siglo. Una rivalidad que se ha repetido cíclicamente.

Carlos Bueno frente a Carlos Valdez en un partido clásico
Carlos Bueno frente a Carlos Valdez en un partido clásico.
Foto: Archivo El País.

En la filosofía griega antigua se sostenía que el tiempo era cíclico y que siempre pasaban las mismas cosas. El fútbol a veces lo comprueba y basta ver a los entrenadores de Nacional y de Peñarol, Daniel Carreño y Diego Aguirre, que 23 años atrás eran los directores técnicos de… Nacional y Peñarol.

Hoy en el Estadio Campeón del Siglo se reeditará un enfrentamiento entre dos viejos conocidos que en 2003 protagonizaron tres recordados clásicos.

Luego de ascender y ganar la Liguilla con Wanderers, a Carreño lo contrató el albo en 2002. La vara estaba alta: sucedió a Hugo de León, que había ganado tres de los últimos cuatro campeonatos uruguayos. El bolso era el flamante bicampeón.

Daniel Carreño dirigiendo a Nacional en una de sus anteriores etapas
Daniel Carreño dirigiendo a Nacional en una de sus anteriores etapas.
Foto: Archivo El País.

Para el DT de 38 años fue el regreso al club en el que se consagró campeón de América y del Mundo en 1988 durante un pasaje muy breve: estuvo desde setiembre hasta diciembre y jugó 16 partidos.

Carreño salió tricampeón y en 2003 Peñarol echó mano a Diego Aguirre, el gran héroe en la agónica conquista de la Copa Libertadores en 1987.

Diego Aguirre en una de sus anteriores etapas con Peñarol
Diego Aguirre en una de sus anteriores etapas con Peñarol.
Foto: Archivo El País.

Tenía 37 y llegaba de cumplir un muy buen año al frente de Plaza Colonia, al que clasificó a la Liguilla. En ese 2002 se dieron los primeros cruces entre ellos y todos fueron para Carreño: Nacional le ganó los tres partidos al equipo coloniense.

Así las cosas, Aguirre regresó a Peñarol, club al que había defendido en tres etapas y, aunque fueron contemporáneos, enfrentó una sola vez a Carreño, jugador de Wanderers: el 9 de noviembre de 1989 por el Campeonato Uruguayo. El manya ganó por goleada 4-1 y la Fiera hizo tres tantos.

Volviendo al 2003, el Torneo Apertura se desarrollaba de manera muy favorable a Nacional: llegó al clásico con 12 triunfos (consecutivos) y un empate y estaba seis puntos por encima. A Gustavo Munúa no le convertían ningún gol desde la tercera fecha y podía hacer historia ese 1° de junio. No obstante, había un condimento mayor.

Nacional había arrancado el año sin pensar en la posibilidad de contar con Sebastián Abreu, que estaba jugando en el Cruz Azul. Sin embargo, la derrota por 6-1 ante Fénix por la Copa Libertadores precipitó su salida del club mexicano y en los últimos días de marzo el goleador llegó al bolso a préstamo (su ficha era del Deportivo La Coruña) y empezó el revuelo.

El primero en protestar fue Liverpool: sostenía que Nacional ya tenía completos los cupos de futbolistas prestados; pidió su inhabilitación, no la logró y el partido se resolvió a favor del tricolor con un gol de Abreu. La polémica continuó. Peñarol se sumó al reclamo y otros clubes hicieron lo mismo, como Bella Vista. El encuentro entre albos y papales se postergó por este asunto.

Previo al clásico el Carbonero hizo lo posible por conseguir la inhabilitación del Loco, aunque fue en vano. Antes de los 20 minutos Nacional ganaba 1-0, gracias a un tanto del minuano. Horacio Peralta aumentó con un golazo y sobre los 27 Pablo Bengoechea convirtió de penal y sacudió a la estadística.

Munúa quedó a 26 minutos del récord de Ladislao Mazurikiewicz, que en 1967 alcanzó los 987 consecutivos sin recibir goles. Además, esa anotación del Profesor le valió ser el jugador aurinegro con más dianas clásicas con 14, superando las 13 de Fernando Morena.

Abreu puso el 3-1 y Munúa fue la otra gran figura. Los hinchas eternizaron a ese como “el clásico del susto”. Nacional se quedó con el Apertura en el bolsillo, el Loco fue inhabilitado días después y no jugó más.

Todo cambió para el segundo semestre. Nacional perdió fichas como la de Munúa, que fue reemplazado por Jorge Bava, técnico saliente ante la llegada de Daniel Carreño. Aquello del tiempo cíclico...

Gustavo Munúa con Nacional antes de partir a Europa
Gustavo Munúa con Nacional antes de partir a Europa.
Foto: Archivo El País.

En Peñarol sucedió lo contrario e incorporó a una de las figuras más preponderantes de los 90: José Luis Félix Chilavert. José Pedro Damiani patentó una histórica frase: “Él te llena estadios siempre, la mitad va a aplaudirlo y la otra mitad a putearlo”.

Nacional echó mano a un viejo conocido y trajo al panameño Julio César Dely Valdés, el héroe en la conquista de 1992. No salió bien. Llegó junto a su hermano mellizo Jorge y el rendimiento de ambos fue malo.

La situación se había dado vuelta de cara al clásico del Clausura. El Manya estaba cinco puntos encima aunque uno abajo en la Anual, tabla clave ya que le otorgaba a quien la obtuviese una ventaja deportiva de cara a las finales.

De entrada Joe Bizera le cometió una dura infracción a Peralta, que jugó con dificultad. Peñarol pudo abrir la cuenta gracias a un tiro libre de Chilavert que terminó en la red pero el juez Fernando Cabrera no había dado la orden y lo anuló.

Peñarol fue superior, aunque recién en el segundo tiempo llegaron los goles: Gabriel Cedrés y Carlos Bueno pusieron el 2-0 parcial, descontó Sebastián Eguren y luego lo sentenció Fabián Estoyanoff.

Fabián Estoyanoff celebra un gol en el clásico ante Nacional
Fabián Estoyanoff celebra un gol en el clásico ante Nacional.
Foto: Archivo El País.

El equipo de Diego Aguirre superaba al de Daniel Carreño un 9 de noviembre, la misma fecha en la que la Fiera le ganó el único partido en el que se enfrentaron como futbolistas. Y dale con lo del tiempo circular.

Peñarol conquistó el Clausura y la Anual. Si le ganaba a Nacional era campeón uruguayo por primera vez desde 1999 y le cortaba el tetra. Un triunfo tricolor habilitaba dos partidos más.

El encuentro —que iba a ser decisivo— se jugó el 4 de diciembre. El Bolso quedó con uno menos a los 10’ por la expulsión de Angbwa Benoit. En la última del primer tiempo, Chilavert ejecutó un tiro libre que desvió Bava y el rebote cayó en la cabeza de Bizera, que marcó el único gol de la noche.

Con una remontada memorable, Peñarol conquistó un torneo especial. Esa derrota alejó a Carreño de Nacional, al menos por unos años. Aguirre siguió en 2004 pero, tras una campaña decepcionante, se fue.

Los técnicos volvieron a cruzarse, pero defendiendo otros colores: los de Wanderers. Para 2007 la fiera estaba ahí y Carreño había regresado al Tricolor. En el Clausura ganó 2 a 1 el del Prado y en la Liguilla fue un contundente 4 a 1 para los del Gran Parque Central.

Los roles se invirtieron en el Clausura 2011, cuando Peñarol, con Aguirre de estratega, triunfó 2-1 sobre Wanderers, dirigido por Carreño. El año pasado, en tanto, el Carbonero venció 3 a 0 al vagabundo con los mismos entrenadores al frente. Hoy un nuevo capítulo se escribirá.

Los que fueron dirigidos por los dos

Como dirigieron a Wanderers en un período de tiempo muy cercano, Diego Aguirre y Daniel Carreño entrenaron a varios futbolistas en común. Ovación habló con dos de ellos, Diego Chaves y Edgar Martínez, para conocer semejanzas y diferencias entre ambos.

“Daniel era un tipo muy carismático, alegre, jodón. Diego era un poco más serio, con entrenamientos sin mucho espacio para la recreación, aunque a veces también se prestaba para alguna broma”, cuenta Chaves, que lleva de ayudante de campo en la reserva de Sarmiento de Junín desde 2021.

Para Martínez, los dos “manejan al grupo desde una parte emocional y se hacen querer. Trabajan convencidos de su idea y eso contagia al jugador”. Chaves está de acuerdo: “mantienen a todos alegres, a los que no jugaban también, Carreño más desde el vínculo personal y Aguirre desde la exigencia”.

“Cada uno tiene su librito, la mayor diferencia entre ambos es en la parte táctica y estratégica”, sostiene Martínez y Chaves amplía: “Daniel tenía una flexibilidad táctica, jugaba con línea de tres, de cuatro, con dos delanteros, con uno. Diego en ese momento usaba un sistema más fijo, con movimientos predeterminados”.

Para estos exfutbolistas, “los dos entrenadores eran ofensivos, iban al frente”. “Creo que el haber jugado de delanteros ayuda a eso”, razona Chaves.

“Son ganadores”, resume Martínez, que no duda: “están hechos para dirigir equipos grandes”.

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