Tanto se habló de cómo condicionaba la posición de Leo Fernández en el dibujo táctico de Peñarol, que Diego Aguirre probó innovar en el bloque bajo: cambió la línea de cuatro por tres hombres en el fondo y buscó amplitud con carrileros, para poblar la mitad de la cancha con sus soldados de confianza y liberar al 10 en ofensiva, para que juegue atrás del nueve, donde más incide y puede marcar la diferencia.
Aunque por momentos jugara con una línea de cinco defensores, Peñarol “salió a jugar” en el Gran Parque Central, con el viejo estilo “de atrás para adelante” en el que la Fiera tanto confía. Al inicio le cedió la responsabilidad al local y en los papeles “favorito”, priorizó la solidez defensiva y cerró tanto los espacios que Nacional no tuvo su primer tiro al arco sino hasta los 80 y pico minutos, tras una jugada individual de Nicolás López que atajó Washington Aguerre.
Pero con el correr de los minutos y sobre todo en el segundo tiempo, empezó a ganar duelos en el medio y metros hacia adelante en la cancha, y a acorralar a Nacional en su campo hasta que por fin pudo quebrarlo. En un partido tan cerrado como cada clásico, gracias a la jerarquía de su centrodelantero que falló el primer mano a mano pero no perdonó en la revancha.
La victoria clásica de Peñarol se explica desde lo táctico, sí. Pero también desde el temple y jerarquía de sus jugadores para resolver situaciones puntuales del partido en un contexto absolutamente adverso.
Desde el show de Aguerre en el arco, que se alimentó del ida y vuelta con las tribunas tricolores para trasmitir seguridad a la última línea, salir a cortar centros e intervenir con confianza cada pelota que le cayó cerca.
Hasta la sociedad entre Fernández y Matías Arezo arriba, que gracias a la visión del 10 y las diagonales del 19 se inventaron espacios para desbaratar la defensa de Nacional y llegar al gol que valió tres puntos y una victoria histórica, porque fue la primera de visitante y solo con público local en estos clásicos de la era moderna. La misma fórmula ya tenía un gol clásico (en la primera final 2025 del Campeón del Siglo) y llevan cuatro goles en sociedad en 23 partidos, pero prometen muchos más.
Sin pasar por alto la clase de Eric Remedi para manejar los hilos y dominar, junto a Jesús Trindade y el Indio Fernández, la mitad de la cancha. Ni la disciplina de los tres zagueros que batallaron en el fondo, o el sacrificio de los carrileros para abrir la cancha, y la mentalidad toda de un equipo que se agrandó ante la adversidad.
Pero también desde el orden táctico que encontró el entrenador con un nuevo dibujo táctico que, en partidos de alta envergadura y en la Copa Libertadores, puede ser una alternativa confiable porque hay jugadores para cada puesto.
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