Las Naciones Unidas (ONU)reconocen el problema de Uruguay para hacer crecer su economía más arriba del 2% anual, pero identifica sus capacidades y ve realista alcanzar esa meta. El acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE) puede ser un gran impulsor, aunque, de concretarse, implicará un proceso lento. En entrevista con El País, Sebastián Vergara, Oficial de Asuntos Económicos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, aborda este tema, entre otros como el impacto de los aranceles de Trump, la inflación y la deuda que ahoga a muchos países de la región.
—Las Naciones Unidas proyecta un crecimiento de la economía de 2,1% para Uruguay en 2026 y de 2,4% en 2027. ¿Cómo ven el panorama de este país, desde el punto de vista cualitativo?
—Vemos que la economía uruguaya empezó a tener síntomas de desaceleración a comienzos de 2025, y en ese sentido una moderación en el crecimiento del empleo ha ido frenando un poco el consumo privado. Al mismo tiempo, hay cierto deterioro en las expectativas debido a una desaceleración de la economía de Brasil, que va a impactar de alguna manera las exportaciones de Uruguay. Por el lado más positivo, la flexibilización monetaria continúa. También vemos un mayor gasto fiscal en inversión pública. Pero el crecimiento es relativamente bajo e insuficiente como para poder avanzar en forma más significativa hacia un fortalecimiento del empleo.
—El Ministerio de Economía y Finanzas se ha propuesto hacer crecer el PIB de Uruguay al 2,4% en promedio, en el quinquenio 2025-2029, ¿cómo ven esa meta en la ONU, considerando las tendencias y las políticas que se están implementando?
—Sí, Uruguay tiene la capacidad para crecer al 2,4%. De hecho, en el año 2024 creció al 3,1%. El tema es cómo elevar la tasa de crecimiento y, además, hacerlo en forma sostenida. Que no sea un año alto y después varios años bajos. En ese sentido, el foco tiene que estar en la inversión. Estamos en un contexto de fragmentación geopolítica fuerte, la cual se traduce en la incertidumbre de las políticas comerciales por los nuevos aranceles, pero también en la inflación. Es muy importante tener una estrategia proactiva, con prioridades claras y donde el rol del Estado sea importante en garantizar estabilidad y catalizar inversiones de carácter privado. Para eso, se necesitan políticas creíbles, previsibles, reglas claras, como tiene Uruguay, pero también instrumentos como el uso de seguros de riesgo, alianzas público- privadas, simplificación de trámites, para darle un impulso a la inversión.
—Lo que pasa es que el crecimiento de 3,1% del PIB de Uruguay en 2024 que usted menciona, no se puede tomar mucho de referencia, porque se alcanzó, en gran parte, por efecto rebote luego de una gran sequía.
—Por supuesto, sí. A ver, el bajo crecimiento es un problema no solo de Uruguay, sino generalizado en la región. América Latina, en su globalidad, está creciendo a unas tasas que son relativamente bajas para fortalecer los mercados laborales y avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para Uruguay, el 2,5% (como meta de crecimiento) puede sonar un desafío importante, pero claramente tiene la capacidad para crecer en ese porcentaje. El punto es tener una estrategia proactiva y que esté focalizada en la capitalización de inversiones privadas. Para eso se necesita coherencia en la política monetaria, la política fiscal y la política industrial, y que estén alineadas para fortalecer la inversión.
—La ONU proyecta que las inversiones en 2026 se verán afectadas por la incertidumbre mundial, aunque, por otra parte, un dólar bajo sería un estímulo a favor de las mismas, ¿le parece que esto ayudaría?
—Siempre hay dos caras de una moneda. Hay un contexto de fragmentación e incertidumbre, lo que definitivamente está pegando en las inversiones en los países. Con el tema de la fluctuación del dólar, hay sectores que se van a beneficiar, o a afectar. Pero hay un aspecto que me gustaría resaltar y tiene que ver con el acuerdo recién firmado entre el Mercosur y la Unión Europea. Es un acuerdo que, de concretarse, ofrece oportunidades para mayores inversiones y flujos comerciales. Estamos hablando de un mercado grande, de 700 millones de habitantes y 18% del PIB mundial. Uruguay tiene una oportunidad ahí de fortalecer y diversificar su matriz exportadora y su capacidad productiva. Como decía, Uruguay tiene un potencial para elevar las tasas de crecimiento en los próximos años. Por supuesto, hay que materializarlas, no es de un día para otro. De hecho, hay todo un calendario de desgravamen en ese acuerdo, de seguir adelante.
— ¿Qué riesgos identifica la ONU para Uruguay con ese acuerdo Mercosur-UE, en caso de entrar en vigor más adelante?
—Hemos visto en muchos acuerdos internacionales de otros países de América Latina y en el resto del mundo, que el acceso a mercados es importante, el tener un trato preferencial con bajos aranceles, pero no es lo único. Se necesita una política proactiva en términos de innovación y de tecnología para fortalecer la capacidad productiva. Por otra parte, en términos ya de riesgos más concretos, vemos que, así como Uruguay tendrá acceso a mercados en Europa, también puede tener presión competitiva en sectores industriales, por una mayor competencia con los productos europeos. Otro riesgo es que los beneficios se concentren en ciertos sectores agroexportadores y en las grandes empresas, y ahí es donde la política industrial y la política fiscal de Uruguay tienen que jugar un rol, para que también las empresas de mediano y menor tamaño se puedan beneficiar.
—La ONU proyecta una inflación de 4,1% para Uruguay este año, lo que está por debajo de la meta del Banco Central (BCU), que es 4,5%. De hecho, actualmente la inflación está por debajo de esa meta. ¿Qué impacto puede tener esto?
—La inflación ha venido bajando en América Latina —y en Uruguay— durante el año 2025, y no hay duda de que una inflación baja y estable es una buena noticia, porque favorece a los hogares más vulnerables especialmente y también ayuda a tener una estabilidad financiera. Ahora, la diferencia entre esos números en la proyección de inflación es bastante marginal y no la vemos sustantiva. Ambas proyecciones están alineadas, se ubican dentro de un rango similar y, diría, absolutamente consistente. Esas discrepancias responden más a supuestos técnicos. Hay una lectura bastante consistente de que, en el fondo, la inflación se va a mantener relativamente baja y dentro del rango del Banco Central.
—La ONU ha dicho en varias oportunidades que el pago de la deuda de los países de la región les ha quitado recursos para sus asuntos sociales u otras dinámicas domésticas. ¿Qué se puede hacer al respecto?
—Es algo muy importante, porque vemos que en muchos países de América Latina, en muchos países en desarrollo —también de África y algunos de Asia—, la deuda pública ha venido aumentando. Hay poco espacio fiscal y el pago de intereses está absorbiendo una cantidad de recursos cada vez mayor, con lo cual quedan menos para invertir en educación, salud, infraestructura. El problema no se reduce a pagar o renegociar la deuda, sino en gestionarla de una manera sostenible. Es decir, el servicio de la deuda ha comprimido mucho el espacio fiscal y está desplazando recursos que se podrían destinar a inversión social e inversión productiva. Yo diría hay tres frentes complementarios. En primer lugar, es importante fortalecer los marcos de deuda y una política fiscal que tenga credibilidad y sea sostenible en el mediano plazo. Hay que involucrar una gestión fiscal que sea eficiente, con focalización y eficiencia en el gasto fiscal. En ese sentido, el uso de las reglas fiscales en América Latina ha avanzado bastante. En un segundo lugar, diría que cuando la deuda no es sostenible, es importante que existan procesos de renegociación ordenados y oportunos, para evitar llegar a una crisis de deuda que genere ajustes de carácter más desordenado y donde los costos sociales pueden ser mayores. Y vinculado a lo que dije antes, en tercer lugar, es importante que los países mejoren la calidad del gasto, de forma que el endeudamiento esté claramente vinculado a la inversión productiva, crecimiento y desarrollo.
— Para finalizar, ¿cómo proyectan los impactos de los aranceles que ha impuesto EE.UU. en la economía de los países para 2026?
—Como contexto debo decir que la tasa promedio del arancel efectivo en Estados Unidos aumentó del 2,5% al 17,5% durante el 2025. Se esperaba un impacto muy fuerte en la economía mundial y no lo fue tanto finalmente, porque hubo una disminución de las tensiones entre Estados Unidos y China, se lograron algunos acuerdos bilaterales entre países, las represalias de otros países fueron menores. Además, se adelantaron muchas operaciones comerciales frente a la perspectiva de que iban a aumentar los aranceles. En ese sentido, el impacto no fue tan grande como se pensaba. Para este año, vemos que habrá una reducción en la tasa de crecimiento comercial y eso va a afectar las perspectivas económicas a nivel global. Eso también explica nuestra corrección a la baja del crecimiento mundial de 2,8% a 2,7%, por la desaceleración del comercio. A futuro, vemos que la incertidumbre y la volatilidad de la política comercial pueden seguir afectando las perspectivas económicas mundiales y en esta región, pero hay que ver qué pasa por ejemplo con México que tiene que renegociar el T-MEC (Tratado de México, EE.UU. y Canadá) este año, y las situaciones de cada país.
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